TOMO III
 
 
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TOMO IV
     


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ARLEQUIN, PIERROT Y COLOMBINA
El príncipe de los poetas modernos Paúl Marie Verlaine nació en París en 1844 en ambiente burgués y aunque desde joven abusó de la bebida, trabajó en Seguros y en el Municipio y de sólo 24 años publicó algunas poesías en el «Parnasse Contemporaine» dándose a conocer por la pulcritud de sus versos. En 1866 aparecieron sus «Poemas Saturnianos» y al año siguiente «Fiesta Galante». En 1870 contrajo matrimonio y ofreció a su joven y bella esposa «La Buena Canción» donde como regalo de bodas le dio una promesa, abandonar la bebida; que no cumplió y por el contrario abandonándola a ella y a su hijo recién nacido, se fue con el poeta Rimbaud por Bélgica e Inglaterra a vivir sus amores prohibidos. Después valdrían las discusiones y en 1873 lo hirió y fue a dar a la cárcel de Mons dos años, donde se convirtió aunque momentáneamente a la religión, escribiendo «Romances sin palabras», «Sabiduría» y «Entonces y ayer».

Nuevamente en Francia y enfermo de un mal sin nombre, sin nombre porque la padibundez torpe y burguesa de su tiempo ocultábalo como algo vergonzoso, erró por diversos hospitales entrando y saliendo por temporadas, escribiendo en prosa y verso, haciendo crítica literaria y siendo considerado por los decadentistas y simbolistas como su único gran maestro. Publicó mucho pero en ediciones finas, elegantes y bien acabadas que no podían ser pagadas por el vulgo, para quién no escribía pues fue siempre elitista, como todo buen parnasiano.

Amó la belleza y la elegancia del verso, la exquisitez de las formas y la cadencia del ritmo, cultivando el mito de la muerte a través de Pierrot, Arlequín y Colombina en sus «Fiestas Galantes», aparecidas en París en forma de un pequeño relicario que cuenta los paseos de la musa del poeta, disfrazada de Pierrot o Colombina (1), por entre los abedules y los castaños y en amoroso entorno con la discreción suave y melancólica de un claro de luna, mientras el picaro Arlequín salta y piruetea malignamente como si fuera un viejo fauno cansado.

Colombina es una candida criada de la Comedia Italiana que se sorprende y ruboriza de las declaraciones de su amado y tierno Pierrot, personaje nostálgico y muy humano, también tomado del antiguo teatro. Arlequín, en cambio, es la personificación de la luz, la vida. la gracia y la poesía del mundo en toda su amplitud y movimiento. El trío se prestó a Verlaine para reproducir el eterno diálogo de los amantes.

-A pesar del destino celoso, muramos juntos, dice Pierrot.
-La proposición es clara.
-Lo raro es lo bueno. Así pues, muramos como en los decamerones.
-Ja, ja. Que amante más extraño.
-Y entre los enervantes aromas de galantería, agotados hasta el infinito los placeres de la vida, sólo quedaba la muerte:
«-Muramos, sil vou plait! Pues quien no puede morir envejece, que para quien ama es sufrir.
Y todo termina en un coloquio sentimental.
-Por el viejo parque solitario y helado dos formas ahora mismo han pasado. Sus ojos están muertos y sus labios blancos, apenas se oyen sus palabras. Por el viejo parque solitario y helado dos formas han pasado ahora mismo.
-Te acuerdas de nuestro antiguo éxtasis?
-Por qué queréis que me acuerde?
-Sigue tu corazón latiendo a mi solo nombre? ¿Ves siempre mi alma en sueños?
-No.
-Ah, los hermosos días de placer indecible en que juntábamos las bocas.
-Es posible.
¡Qué azul era el cielo y grande la esperanza!
-La esperanza se fue vencida al cielo negro.
Tal iban ellos por el loco césped y solo el viento oyó sus palabras».

Poeta que escribía así huyendo en las penumbras de la risa absurda, ridícula, almibarada y mortificante y viviendo sólo de silenciosos paseos líricos en galantes soledades, invitaba al mundo a la muerte y fue complacido; muchos de los poetas decadentes que le siguieron después murieron por sus propias manos, incapaces de continuar transitando el antiguo, solitario y helado parque de sus existencias.

Casi todos ellos fueron Pierrots que agotaron los placeres, tuvieron sus Colombinas, creyeron que lo raro era bueno y rechazaron la alegría del Arlequín prefiriendo el mito de la muerte al de la vida como en las «Fiestas Galantes».

En las «Fiestas Galantes» el sexo es despersonificado, sólo existe el placer, el misterio, la herranza y un diálogo con la muerte.