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ALTA
COCINA Y COMIDA CRIOLLA
Desde antes que Savarin escribiera
su obra, cumbre de gastronomía mundial, se
conocía que las tres escuelas clásicas
de cocina son: 1) La imperial persa, 2) la imperial
china, 3) La real de Francia, siendo la primera de
las nombradas la más antigua, importante, difundida
y espectacular.
LA IMPERIAL CHINA
Se distingue por sus platos fáciles
de digerir que no contienen grasas, los elementos
primarios que los forman no pierden sus sabores y
por el contrario los conservan limpios y puros, a
pesar de las mezclas a que son sometidos. Los chinos
no conocen los postres, quesos ni dan importancia
a las bebidas alcohólicas. En cambio, son muy
dados a las salsas y a las pastas de harina, así
como al uso indiscriminado de una gran variedad de
vegetales.
LA REAL DE FRANCIA
Selectísima y exigente en vinos,
quesos y licores muchos de los cuales tienen más
de 1.000 años de antigüedad en sus preparaciones.
Inventó el champagne, así como las salsas
complicadas, apreciadísimas y únicas
en el mundo, que han merecido el aplauso unánime
de la crítica gastronómica. Estas sirven
para mariscos, carnes y pescados, así como
para ensaladas. ¿Y los postres franceses?:
Han sido calificados como sobrenaturales.
LA IMPERIAL PERSA
Es la más antigua y universalmente
difundida desde las épocas de los súmerios,
caldeos, medos, persas y asirios. Inventó los
platos enormes y decorados con elementos suntuosos,
así como las empanadas, los refritos y sofritos,
base de la preparación de todas las comidas
modernas, porque les transmite su sazón y substancia.
Los persas llevaron sus comidas por el Asia cuando
extendieron su imperio; Alejandro Magno, después
que casó con la princesa Roxana, la hizo conocer
por Grecia y occidente. De allí pasó
a Egipto con los Ptolomeo y luego a Roma con Julio
César. Por último los árabes
la introdujeron en el siglo VIII en España,
de donde pasó al resto de Europa y luego a
América.
Entonces ¿dónde situar a la comida italiana?
Pues esté muy claro el asunto, esta comida
modesta, modestísima, mas no por ello despreciable
o poco apetecible, originóse en el aporte chino
de las pastas (fideos, canelones, ravioles, etc.)
que llegaron a Italia en el siglo XII con Marco Polo.
A los italianos se les debe la salsa de tomate y las
milanesas (carnes apanadas).
Las otras cocinas europeas tampoco ocupan mejor situación
en la gastronomía mundial. Los ingleses inventaron
los sadwiches en el siglo XVIII y la salsa de menta
que comen sobre carne de cordero. Los húngaros
el gulash (aunque otros dicen que es de origen judío);
los alemanes el chucrut (ensalada de col morada) y
dieron impulso a la fabricación de embutidos
y de salsas agridulces, platos aislados, nada más.
Claro está que la cocina europea es la más
nueva de todas porque comenzó en la alta Edad
Media con el descubrimiento de las especies y condimentos
producidos en las Indias Orientales. Por entonces,
tampoco conocían los dulces, porque no refinaban
el azúcar, endulzándolo todo con miel
de abejas. Más populares eran las frutas al
final de las cenas, combinadas con los quesos que
siempre fueron la debilidad del paladar del viejo
continente.
De todas estas escuelas de comida disfruta el mundo
occidental y cosmopolita de nuestro tiempo.
COCINA ECUATORIANA
Durante la colonia se comía
en la costa de la Audiencia de Quito a la usanza indígena
según lo refieren Jorge Juan y Antonio de Ulloa
en sus «Noticias Secretas de América»,
primero un plato de ají y luego otro de almíbar.
Pongamos un menú de ejemplo: Cebiche con ají,
luego almíbar de fruta, enseguida otro plato
de ají como entrada, nueva almíbar de
frutas, otro de ají como plato fuerte y finalizaba
un almíbar de frutas.
Con la independencia cambiaron los gustos y desde
1872 se empezó a variar de comidas porque vinieron
numerosas religiosas francesas que enseñaron
a preparar nuevos dulces y comidas. Entre los primeros
anotamos los barquillos, el can de Suiza, los quesos
de leche en sus diversas variedades, los grandes budines
con salsas de cremas, huevos y frutas y nombres raros
tales como el Pío V, la Duquesa de Angulema,
el que bien me sabe de coco, la Carlota rusa o mousse
de chocolate, los biscochos franceses (nevados, biscotelas,
lenguas) el baba - au - ron o borrachitos, el baba
–rois o baba de reyes que es una gelatina de
dulce y la galantineau que es de sal; los huevos molleau
o de faltriquera, las madalenas o galletitas de París,
muchos de los cuales aún se confeccionan en
la parroquia Rocafuerte, de la provincia de Manabí,
donde vivieron las monjas francesas que trajo Monseñor
Pedro Schumacher en época de Caamaño.
Por esos días posiblemente escribió
Juana Carbo su famoso libro de cocina, el más
antiguo que se conoce en Guayaquil, hoy en poder de
una dama.
Vale indicar que hasta 1852 el pan blanco de trigo
era casi ignorado en Guayaquil por su alto costo y
dificultades en conseguir dicha harina. Cuando Urbina
hizo apresar al Presidente Diego Noboa, cerca de Babahoyo,
teniéndole encerrado en media ría guayaquileña
hasta que un barco extranjero aceptó llevarlo
al destierro, la familia del mandatario sólo
pudo hacerle llegar un tarro de chifles y nada más
permitieron las autoridades de entonces.
Por esos años y aprovechando la fiebre colonizadora
de California, realizó la primera importación
masiva de harina de trigo procedente de esa región,
el comerciante italiano Juan Bautista Bonín.
Entonces sólo se acompañaba el café
con chifles, patacones, pan de yuca y bolón
de verde. En la Sierra si había trigo, aunque
no en grandes cantidades. La primera semilla vino
a Quito dentro de una casija de terracota, que aún
se conserva, traída por el franciscano flamenco
Fray Jodoko Rick de Garselaert en pleno siglo XVI.
Las mujeres de los conquistadores trajeron a América
sus refritos (de origen persa) base de sus paellas,
cocidos y tortillas españolas. Aquí
aprendieron los platos autóctonos de las cocinas
imperiales de México y Perú. México
aportó los tamales, hayacas, humitas, tortillas
de maíz y mazamorras. El Perú, los cebiches
y yapingachos. El popular locro de papas y la tradicional
fanesca de grano sólo son variantes americanas
del cocido español. Nuestra cocina nacional,
por ser muy joven y no haber aportado mayor cosa a
la gratropomía mundial, aún está
en pañales. También cabe indicar que
aquí en el Ecuador sólo conocemos una
de las cuatro tradicionales cocinas chinas, la cantonesa
o de Cantón, que nos llegó con los primeros
inmigrantes chinos de fines del siglo pasado. Las
otras: La pekinesa o palaciega, la de Nanking y la
de Manchuria son totalmente desconocidas.
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