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ALFARO
CORAZON DE MADRE
En una calurosa tarde de estas últimas
semanas, concurrí a la residencia de América
Alfaro Acevedo, última sobrina carnal sobreviviente
del héroe máximo del liberalismo ecuatoriano
General Eloy Alfaro, esperando hallar una ancianita
doblegada por el peso de los años; mas, he
aquí que me sorprendo al encontrar a una señorita
casi joven, que se conserva en la plenitud de sus
fuerzas físicas y mentales y dispuesta a cumplir
con sus amistades, a las que visita siempre.
«No me pierdo baby showers, bautizos, matrimonios
ni entierros, voy a todas partes y sin ayuda de nadie»
-me dice de entrada cuando le indago la edad, porque
se me hace raro que sea sobrina carnal del viejo luchador.
Sí -me dice- mi padre el Coronel José
Luis Alfaro Delgado, era de los hermanos menores de
mi tío Eloy y como se casó ya entradito
en años, aquí me tiene, aún joven
y la última viva de las sobrinas y sobrinos.
Fuimos 26 primos hermanos en total.
RECUERDOS DE ANTAÑO
Da. América vive en el primer
piso de su casa propia situada en Boyacá y
Víctor Manuel Rendón tiene hermosos
cuadros y vitrinas que revelan un exquisito gusto
artístico. También conserva muchas publicaciones
sobre la vida de Alfaro y su obra en el Ecuador. Me
brindó un «high ball», ella se
sirvió otro y comenzamos a conversar, probando
unos sabrosos sanduchitos que me ha preparado.
«Mi mamá era manabita y muy sentimental.
En 1912 cuando mataron al tío, arriesgando
su vida tuvo a Flavio Alfaro escondido en nuestra
casa, curándole la herida en la pierna que
le ocasionaron los placistas en Yaguachi. Vivíamos
en P. Ycaza entre Chimborazo y Córdova, en
una mansión de dos pisos, ocupando el de arriba.
Todos los días iban algunas personas a visitar
y entraban a escondidas. Fueron tiempos muy duros»,
concluye Da. América, recordando con amargura
esa época. «No podíamos salir
a la calle y se nos vigilaba estrechamente aunque
de lejos. Por último, tuvimos que trasladarnos
a la hacienda «El Pireo» donde permanecimos
varias semanas».
TRATO MUCHO A DON ELOY
«Mi tío era un hombre
fundamentalmente bueno y muy generoso y atento. Se
desvivía por agradar a los niños y estos
lo querían mucho. Me acuerdo que para con la
tía Anita Paredes de Alfaro, que era mujer
elegante y distinguida, tío Eloy siempre conservó
mucha delicadeza. Solo le decía Anitilla. Ella
era más alta que él y de gran garbo;
más bien delgada. A sus hijos educó
en la escuela de los buenos sentimientos, inculcándoles
amor a las artes: Esmeralda y América cantaban».
«Don Eloy tenía corazón de madre
- termina por exclamar su sobrina- por eso lo traicionaron
en 1912 y al fin lo mataron en Quito. Si hubiera sido
menos generoso con sus enemigos, nada habría
ocurrido» Y en efecto comparto esa opinión.
Y me viene a la mente una anécdota relatada
en Quito por Hugo Moncayo, que la vivió de
niño.
TE A LAS CINCO CON
EL GENERAL
Siendo presidente en 1907 el Viejo
Luchador tenía por costumbre enviar a su edecán
a cuatro o cinco casas de liberales amigos suyos,
para prevenir a las señoras que a las 3 de
la tarde, si había sol, pasaría a recoger
al niñito tal o al cual, en la calesa presidencial,
para llevarlo a la Alameda y tomar café con
doña Anita.
En efecto, llegada la hora y muy puntual aparecía
Alfaro y luego de un ceremonioso saludo se llevaba
al chicuelo a pasear. Cuatro o cinco siempre y ya
en la Alameda todos contestan los vivas que el pueblo
les daba al paso.
A golpe de 4 se regresaba a palacio, Dña. Anita
esperaba en el comedor. Primero se lavaban las manos;
después el propio Alfaro los sentaba y les
amarraba una gran servilleta de lino al cuello, para
que no ensuciaran sus ternitos impecables. Acto seguido
se servía un aromático té con
dulces. Al final Don Eloy repartía guineos
a los invitados y se situaba en la puerta, poniéndoles
una reluciente monedita de oro en las manos, como
despedida.
Después el cochero los devolvía a sus
casas. Mi amigo ríe aún de estas escenas,
porque recuerda los apuros de las madres en comprar
vestidos de casimir blanco a sus crios cuando eran
invitados; porque para Alfaro, que tenía algunas
costumbres panameñas, no era posible que un
niño vistiera de otro color. Por otra parte
comer guineo en Quito era un lujo de millonarios porque
había que traerlos a trote de mula desde Esmeraldas
para que no se pudrieran y solo los ricos podían
darse tal lujo.
FIDELIDAD CONYUGAL
AL MAXIMO
Cuenta don Francisco Talbot que en
1910, por septiembre, estando en discusión
el decreto legislativo que reformaba la Ley de Divorcio,
un grupo de ultraconservadores damas capitalinas organizaron
gran manifestación y treparon al palacio presidencial
sin esperar que el presidente les concediera Audiencia,
reclamando que las reciban. Alfaro salió tranquilo
y con gran parsimonia dijo:
«Como así no puedo entenderlas, dignas
señoras, ruégole a la más anciana
que tome la palabra y me indique el origen de esta
protesta» y cosa rara, el grupo calló
y nadie quiso hablar; porque para una señora
el punto de la edad es siempre crítico, sobre
todo si pasa de los cuarenta. (Así resolvió
Don Eloy tan dura crisis).
Días después, el 30 para ser más
exacto, a la 1:45 de la tarde, el propio señor
Talbot llevó a Alfaro el Decreto para su firma
y entró al despacho donde habían muchas
personas. El doctor José Peralta, Canciller
de la República, solicitó el ejecútese.
Alfaro firmó, pidiendo que se lo leyeran después.
Por último exclamó, dirigiéndose
a Talbot: «Quizá a tí te pueda
servir esta ley; pues yo, con mi Anita estoy contento».
Y la Ley de Divorcio comenzó a regir en Ecuador
y aun está vigente con leves modificaciones.
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