TOMO III
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO IV
     


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EL CAYAMBE SE HACE CARGO DE LA SITUACION
Corno a la una de la tarde entró Aragundi en la cervecería «Imperial» y fue recibido por dos de sus propietarios, ciudadanos alemanes, que le hicieron saber que no podía ingresar por cuanto ese sitio era territorio alemán y ondeaba el pabellón de esa nación.

Aragundi, muy respetuosamente les hizo conocer que estaban equivocados, que sólo se consideraba territorio alemán en el Ecuador los locales de la Embajada y Consulados mas no las propiedades particulares y en seguida avanzó y abrió de un empujón la puerta principal de la casa. Allí estaba el doctor Francisco Arízaga Luque quién dijo: «la mesnada armada no puede disolver a la Asamblea».

-Señor, usted para mí, desde este momento, ha dejado de ser Presidente de la Asamblea y todo lo demás. Soldados, quiten el seguro de los fusiles.

El Diputado Juan Rocha Mena sacó una pistola que portaba en el pecho.

Aragundi le dijo: Guárdala no más, eso sólo se saca para disparar. Agregando: Todos están presos menos las mujeres empleadas de Secretaría.

Aquí se armó Troya. Todos hablaban al mismo tiempo y algunos se escabulleron por los sitios menos imaginables. Los soldados hacían esfuerzos por imponer el orden sin disparar; en esto, el Diputado Machuca, ex-mayor del ejército, que era inválido y usaba silla de ruedas, sacó una pistola para disparar pero fue interceptado por el Cabo N. Castel que se la arrebató.

Aragundi exclamó: Devuélvasela inmediatamente, y dirigiéndose a los soldados gritó: Los amanuenses también van presos, por cómplices. En su tontería, Aragundi se pensaba un Napoleón triunfador en la batalla célebre de Austerlitz.

Numerosos periodistas, que como simples curiosos estaban presentes, al ser empujados junto a los Diputados, quisieron hacer valer sus prerrogativas; pero eran tantos que encolerizaron al jefe del Cayambe, que dijo: -Si son periodistas, que sus periódicos los saquen de prisión mañana. También van. Y fueron presos, igual que si hubieran sido Diputados de la Asamblea. Con lo que vale opinar que toda profesión y oficio tiene sus bemoles y no hay cascarón que no se rompa.

Volviéndose Aragundi al Teniente Rueda, le dijo a gritos: Haga la lista de presos; cuando oyó que el Diputado Alfredo Pareja Diez-Canseco le impetraba: Oiga Aragundi, que nos traten con consideración, refiriéndose a un empujón que había recibido del Cabo Castel.

Aragundi sableó a Castel y este solo atinó a decir: Pero si es que el Diputado me dijo al oído: «No sea tonto Castel, mételo preso a Aragundi, que yo te apoyo».

- No le he pedido que me discursee, terminó Aragundi, dándole las espaldas al sorprendido Cabo, con calculada ingratitud que horas después terminó en abrazos.

Y así las cosas, salieron todos de la cervecería, encontrándose con la sorpresa de que los camiones habían partido a Quito, por miedo de los choferes a ser victimados en una posible refriega. Hubo que esperar otros y como a los diez minutos pasaron varios de los usados para el reparto de la leche. En ellos se embarcó a los Diputados de la Asamblea, que partieron abrazados cantando a voz en cuello las inmortales notas de la Marsellesa iVive la France!

EPILOGO EN BROMA
Se me olvidaba referir que tomar presos a los Diputados fue una labor más ardua de lo que muchos pueden suponer, porque no todos marcharon al Panóptico de frente con altivez y donaire corno lo hizo Arízaga Luque. Algunos, por el contrario, estaban tan bien escondidos que se necesitó maña y perspicacia para encontrarlos. Un honorable fue hallado debajo de la cama del dormitorio del segundo piso muy acurrucadito. ¡Parecía gato con frío! Otro estaba dentro de un armario de un cuarto aledaño, al que pudo meterse por ser delgadito como un galgo. Un tercero fue hallado mientras escalaba el techo para tomar impulso y dar un salto mortal sobre la tapia de una propiedad vecina y quién creyera, hasta se dio el caso de un Honorable, de baja estatura por supuesto, que levantando la tapa del piano de cola de la casa, había introducido su pequeña humanidad en el instrumento musical, creyendo que así burlaría a la tropa, escapando de su destino de héroe.

En fin, no se les puede culpar, porque en tiempo de revolución, como bien lo dijo el Comandante Tobías Rumbea Plaza ¿Quién se fija en bocacalles?

Varios Diputados amigos de Aragundi fueron invitados por este para que se fueran tranquilamente a sus casas, en honor a la amistad que tenían, pero por honor prefirieron acompañar a los demás, con lo que se repitió el adagio: «El que está en las maduras, está en las duras». ¿Sus nombres? Doctor Juan Genaro Jaramillo, Teniente Coronel Zavala y Coronel Binelli.

El Presidente de la Asamblea, doctor Francisco Arízaga Luque, había sido bedel de Aragundi en el Colegio Nacional Vicente Rocafuerte y parece que se tenían mutua estimación, por lo que este lo invitó a que lo acompañara en un automóvil para llevarlo al Panóptico con todas las consideraciones del caso; mas, el doctor Arízaga le agradeció mucho, indicando que prefería ir en camión lechero con sus compañeros de Cámara y porque además tenía recelos de que le mataran en el camino.

El Presidente Mosquera –portándose como un felón- felicitó personalmente al héroe del drama condecorándole a poco y el Ministro de Defensa campechanamente se limitó a decirle: «Te felicito, loco, has hecho bien».

Muchos papeles se requisaron en la cervecería entregando todos al Presidente. Por ellos se supo que la Asamblea ya tenía redactado el manifiesto de destitución de Mosquera Narváez, acusándole de «actitudes antipatrióticas y nefastas al País».

FIN DE UNA EPOCA DE CRISIS
Poco después moría en Quito el Presidente Mosquera Narváez (1), suicidado con el veneno de la receta tóxica que mandó a preparar en una botica cercana al Palacio. El Parte Oficial dijo en cambio que su muerte fue provocada por una afección a los riñones, pero las gentes comentaban que fue suicidio por ingentes dosis de nembutal. Ascendía a la Presidencia el doctor Carlos Alberto Arroyo del Río, presidente del Congreso, quien convocó a elecciones para 1940 y como quería lanzar su candidatura llamó al presidente de la Cámara de Diputados Dr. Andrés F. Córdova, quien las realizó fraudulentamente y encargó el mando al doctor Julio E. Moreno, que lo traspasó al doctor Carlos Alberto Arroyo del Río, electo en esos discutidos comicios.

(1) Mosquera Narváez era médico y mandó a preparar una receta a una botica cercana al Palacios. El boticario le mandó a decir que se había equivocado en las dosis porque que esas cantidades era un potente veneno. El presidente contestó que le preparen no más, que él sabía lo que hacía. Total, se tomó el veneno y duró tres días inconsciente con los riñones tapados, dando tiempo al Dr. Arroyo del Río para que viajara a la capital a asumir el poder. Se dijo entonces que el suicidio se debió a que había comprendido una traición en su propia casa presidencial.

(1) Manuel María Borrero. Conversación Personal con el autor. Voceros de la Asamblea declararon en 1938 que dicha renuncia se produjo por cuanto el bloque gobiernista no pudo alcanzar mayoría para elegir por 4 años al Doctor Borrero, debido a que los liberales que estaban comprometidos a última hora decidieron votar por el Dr.Alfredo Albornoz.

(2) El Tnte. Crnel. Efrén Aragundi Rangel era un buen hombre pero de cultura menos que escasa; por ello en 1938 se prestó torpemente para satisfacer ambiciones y apetitos dictatoriales de Mosquera, Plaza y unos cuantos más. Fue el tonto útil del momento y 30 años después aun se pavoneaba de su absurda hazaña contándola en Guayaquil sin la menor vergüenza, como si hubiera sido una gracia y no el delito estúpido que en realidad fue. Nota del autor.

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