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EL
CAYAMBE SE HACE CARGO DE LA SITUACION
Corno a la una de la tarde entró
Aragundi en la cervecería «Imperial»
y fue recibido por dos de sus propietarios, ciudadanos
alemanes, que le hicieron saber que no podía
ingresar por cuanto ese sitio era territorio alemán
y ondeaba el pabellón de esa nación.
Aragundi, muy respetuosamente les hizo conocer que
estaban equivocados, que sólo se consideraba
territorio alemán en el Ecuador los locales
de la Embajada y Consulados mas no las propiedades
particulares y en seguida avanzó y abrió
de un empujón la puerta principal de la casa.
Allí estaba el doctor Francisco Arízaga
Luque quién dijo: «la mesnada armada
no puede disolver a la Asamblea».
-Señor, usted para mí, desde este momento,
ha dejado de ser Presidente de la Asamblea y todo
lo demás. Soldados, quiten el seguro de los
fusiles.
El Diputado Juan Rocha Mena sacó una pistola
que portaba en el pecho.
Aragundi le dijo: Guárdala no más, eso
sólo se saca para disparar. Agregando: Todos
están presos menos las mujeres empleadas de
Secretaría.
Aquí se armó Troya. Todos hablaban al
mismo tiempo y algunos se escabulleron por los sitios
menos imaginables. Los soldados hacían esfuerzos
por imponer el orden sin disparar; en esto, el Diputado
Machuca, ex-mayor del ejército, que era inválido
y usaba silla de ruedas, sacó una pistola para
disparar pero fue interceptado por el Cabo N. Castel
que se la arrebató.
Aragundi exclamó: Devuélvasela inmediatamente,
y dirigiéndose a los soldados gritó:
Los amanuenses también van presos, por cómplices.
En su tontería, Aragundi se pensaba un Napoleón
triunfador en la batalla célebre de Austerlitz.
Numerosos periodistas, que como simples curiosos estaban
presentes, al ser empujados junto a los Diputados,
quisieron hacer valer sus prerrogativas; pero eran
tantos que encolerizaron al jefe del Cayambe, que
dijo: -Si son periodistas, que sus periódicos
los saquen de prisión mañana. También
van. Y fueron presos, igual que si hubieran sido Diputados
de la Asamblea. Con lo que vale opinar que toda profesión
y oficio tiene sus bemoles y no hay cascarón
que no se rompa.
Volviéndose Aragundi al Teniente Rueda, le
dijo a gritos: Haga la lista de presos; cuando oyó
que el Diputado Alfredo Pareja Diez-Canseco le impetraba:
Oiga Aragundi, que nos traten con consideración,
refiriéndose a un empujón que había
recibido del Cabo Castel.
Aragundi sableó a Castel y este solo atinó
a decir: Pero si es que el Diputado me dijo al oído:
«No sea tonto Castel, mételo preso a
Aragundi, que yo te apoyo».
- No le he pedido que me discursee, terminó
Aragundi, dándole las espaldas al sorprendido
Cabo, con calculada ingratitud que horas después
terminó en abrazos.
Y así las cosas, salieron todos de la cervecería,
encontrándose con la sorpresa de que los camiones
habían partido a Quito, por miedo de los choferes
a ser victimados en una posible refriega. Hubo que
esperar otros y como a los diez minutos pasaron varios
de los usados para el reparto de la leche. En ellos
se embarcó a los Diputados de la Asamblea,
que partieron abrazados cantando a voz en cuello las
inmortales notas de la Marsellesa iVive la France!
EPILOGO EN BROMA
Se me olvidaba referir que tomar presos
a los Diputados fue una labor más ardua de
lo que muchos pueden suponer, porque no todos marcharon
al Panóptico de frente con altivez y donaire
corno lo hizo Arízaga Luque. Algunos, por el
contrario, estaban tan bien escondidos que se necesitó
maña y perspicacia para encontrarlos. Un honorable
fue hallado debajo de la cama del dormitorio del segundo
piso muy acurrucadito. ¡Parecía gato
con frío! Otro estaba dentro de un armario
de un cuarto aledaño, al que pudo meterse por
ser delgadito como un galgo. Un tercero fue hallado
mientras escalaba el techo para tomar impulso y dar
un salto mortal sobre la tapia de una propiedad vecina
y quién creyera, hasta se dio el caso de un
Honorable, de baja estatura por supuesto, que levantando
la tapa del piano de cola de la casa, había
introducido su pequeña humanidad en el instrumento
musical, creyendo que así burlaría a
la tropa, escapando de su destino de héroe.
En fin, no se les puede culpar, porque en tiempo de
revolución, como bien lo dijo el Comandante
Tobías Rumbea Plaza ¿Quién se
fija en bocacalles?
Varios Diputados amigos de Aragundi fueron invitados
por este para que se fueran tranquilamente a sus casas,
en honor a la amistad que tenían, pero por
honor prefirieron acompañar a los demás,
con lo que se repitió el adagio: «El
que está en las maduras, está en las
duras». ¿Sus nombres? Doctor Juan Genaro
Jaramillo, Teniente Coronel Zavala y Coronel Binelli.
El Presidente de la Asamblea, doctor Francisco Arízaga
Luque, había sido bedel de Aragundi en el Colegio
Nacional Vicente Rocafuerte y parece que se tenían
mutua estimación, por lo que este lo invitó
a que lo acompañara en un automóvil
para llevarlo al Panóptico con todas las consideraciones
del caso; mas, el doctor Arízaga le agradeció
mucho, indicando que prefería ir en camión
lechero con sus compañeros de Cámara
y porque además tenía recelos de que
le mataran en el camino.
El Presidente Mosquera –portándose como
un felón- felicitó personalmente al
héroe del drama condecorándole a poco
y el Ministro de Defensa campechanamente se limitó
a decirle: «Te felicito, loco, has hecho bien».
Muchos papeles se requisaron en la cervecería
entregando todos al Presidente. Por ellos se supo
que la Asamblea ya tenía redactado el manifiesto
de destitución de Mosquera Narváez,
acusándole de «actitudes antipatrióticas
y nefastas al País».
FIN DE UNA EPOCA DE
CRISIS
Poco después moría en
Quito el Presidente Mosquera Narváez (1), suicidado
con el veneno de la receta tóxica que mandó
a preparar en una botica cercana al Palacio. El Parte
Oficial dijo en cambio que su muerte fue provocada
por una afección a los riñones, pero
las gentes comentaban que fue suicidio por ingentes
dosis de nembutal. Ascendía a la Presidencia
el doctor Carlos Alberto Arroyo del Río, presidente
del Congreso, quien convocó a elecciones para
1940 y como quería lanzar su candidatura llamó
al presidente de la Cámara de Diputados Dr.
Andrés F. Córdova, quien las realizó
fraudulentamente y encargó el mando al doctor
Julio E. Moreno, que lo traspasó al doctor
Carlos Alberto Arroyo del Río, electo en esos
discutidos comicios.
(1) Mosquera Narváez era médico y mandó
a preparar una receta a una botica cercana al Palacios.
El boticario le mandó a decir que se había
equivocado en las dosis porque que esas cantidades
era un potente veneno. El presidente contestó
que le preparen no más, que él sabía
lo que hacía. Total, se tomó el veneno
y duró tres días inconsciente con los
riñones tapados, dando tiempo al Dr. Arroyo
del Río para que viajara a la capital a asumir
el poder. Se dijo entonces que el suicidio se debió
a que había comprendido una traición
en su propia casa presidencial.
(1) Manuel María Borrero. Conversación
Personal con el autor. Voceros de la Asamblea declararon
en 1938 que dicha renuncia se produjo por cuanto el
bloque gobiernista no pudo alcanzar mayoría
para elegir por 4 años al Doctor Borrero, debido
a que los liberales que estaban comprometidos a última
hora decidieron votar por el Dr.Alfredo Albornoz.
(2) El Tnte. Crnel. Efrén Aragundi Rangel era
un buen hombre pero de cultura menos que escasa; por
ello en 1938 se prestó torpemente para satisfacer
ambiciones y apetitos dictatoriales de Mosquera, Plaza
y unos cuantos más. Fue el tonto útil
del momento y 30 años después aun se
pavoneaba de su absurda hazaña contándola
en Guayaquil sin la menor vergüenza, como si
hubiera sido una gracia y no el delito estúpido
que en realidad fue. Nota del autor.
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