TOMO III
 
 
 TOMO I
TOMO II
TOMO IV
     


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AL PANÓPTICO, CANTANDO LA MARSELLESA
En altas horas de la noche del 1o. de Diciembre de 1938, el Presidente Provisional de la República, doctor Manuel María Borrero González, presentó su renuncia irrevocable ante la Asamblea Nacional Constituyente «debido a la labor solapada y anárquica de ese organismo» negándose a continuar desempeñando la más alta función del País.

Después de numerosas consultas y afanosos palanqueos, la Asamblea solucionó la crisis política designando al Diputado y Director Supremo del Partido Liberal Radical Ecuatoriano, Dr. Aurelio Mosquera Narváez, Presidente Constitucional de la República para el período de 1938 a 1942. Presidía la Asamblea el doctor Francisco Arízaga Luque , político que en 1925 había desempeñado una de las vocalías de la Primera Junta de Gobierno Militar formada a raíz de la revolución «Juliana». Hacia 1938 el doctor Arízaga Luque era uno de los más fuertes y prominentes aspirantes a la presidencia del Ecuador.

Con la designación del doctor Mosquera los ecuatorianos pensaron que la tranquilidad volvería a reinar pero estaban equivocados; pues, a escasos días de iniciado el nuevo régimen. Mosquera empezó a mostrarse ingrato con sus compañeros asambleístas y estos le abrieron hostilidades.

El origen de la pelea entre ambos poderes habría que localizarlo en el egoísmo de Mosquera a satisfacer ciertas solicitudes de empleo que le formulaban los Diputados. Además, su Ministro de Defensa, Galo Plaza Lasso, entonces muy joven y demasiado ambicioso, le aconsejaba asumir actitudes dictatoriales, ajenas a la alta calidad de Presidente Constitucional que Mosquera detentaba y detrás de ambos estaba Arroyo del Río.

A todo esto los diputados sacaron del servicio pasivo al Coronel Luis Larrea Alba ascendiéndole a General; luego, removieron al Tnte. Alejandro Alvear, de la dirección del batallón «Yaguachi», acantonado en Quito, reemplazándole con el Edecán de la Asamblea, Capitán Armendáriz, incondicional a ellos, asegurando la fidelidad de dicho cuerpo de ejército para la insurrección.

En la capital los políticos más inexpertos intuían el golpe de estado; Plaza empezó a recelar de la Asamblea y pensó que se gestaba la revolución desde el seno legislativo y así lo informó al Presidente, que aterrado ante el futuro que le esperaba, en la mañana de 13 de diciembre de 1938 habló por teléfono con el Tnte. Crnel. Efrén Aragundi Rangel, Jede del Batallón «Cayambe» acantonado en Otavalo (Provincia de Imbabura) y le pidió que marchara inmediatamente sobre Quito. Recibiendo por respuesta que la unidad saldría en el momento que lo ordenara el Ministro de Defensa, orden que no se hizo esperar. A las 2:30 de esa tarde fatídica. Plaza Lasso decidió disolver la Asamblea Nacional Constituyente. Tomó el teléfono y ordenó al Tnte. Crnel. Aragundi que con el Batallón «Cayambe» entrara sigilosamente en Quito.

SE MOVILIZAN LAS FUERZAS
El rumor circuló inmediatamente; estaban rotas las hostilidades y así lo comprendieron los Diputados y para precaver cualquier maniobra gubernamental se retiraron a sesionar en secreto en la casa de fábrica de la Cervecería «Imperial», situada en el barrio de «La Magdalena», al sur de Quito, propiedad de varios industriales alemanes y contigua al batallón «Yaguachi», que los diputado tenían bajo control por medio del Capitán Armendáriz.

A las 7:30 de la noche se embarcaron en Otavalo dos de las cuatro compañías que componían el batallón «Cayambe», mas la Compañía “Comando” dirigida por Aragundi que era un oficial sencillote e ignoranton, inocente del crimen contra la democracia que iba a cometer, y después de cuatro horas de viaje arribaron a la capital. Inmediatamente se realizó una conferencia con Plaza, que les pidió que esperasen hasta el día siguiente acantonados en el edificio que ocupaba la «Escuela de Carabineros» a un costado de la Plaza de Santo Domingo, en el corazón de Quito, donde durmieron los soldados en incómodos catres situados en los corredores, con excepción de una de las compañías que se había alojado provisionalmente en el Sanatorio, con el propósito táctico de defender el parque de municiones.

TANTEO DE LA ASAMBLEA
Al día siguiente, a las 7:30 de la mañana, la Asamblea envió como emisario al señor José Yépez, para que tratara con Aragundi la conveniencia de plegar a la insurrección, portando al mismo tiempo la cantidad de cinco mil sucres en billetes de cien. La respuesta fue corta pero terminante «Dígale usted al señor ... que de esa manera no se insulta a un jefe ni a un amigo».

Poco después se acercaron al local dos sujetos muy salados y entradores: Samuel Izquierdo nativo de Paute, y N. Morrtalvo, ambos militares en servicio pasivo con grado de Tenientes Coroneles, que en broma y en serio, entre otras cosas propusieron tres opciones:

1) Plegar a la insurrección de la Asamblea.
2) Defenestrar a Mosquera y proclamar una dictadura militar con el apoyo de la Asamblea.
3) Cualquier cosa, con tal de derrocar a Mosquera Narváez.

¡No hubo respuesta!. Como a las once se aparecieron dos desconocidos en una camioneta de propiedad de la fábrica de licores «Excelsior»con la suma de nueve mil sucres, manifestándole a Aragundi que «Qué más quería». A estas alturas la respuesta fue: «Dígales a los señores Diputados que se van a arrepentir, que voy a solicitar que los manden al Panóptico».
Con el fracaso de estos tanteos la suerte estaba echada.

SE ROMPEN LAS HOSTILIDADES
Aragundi llamó por teléfono al Presidente que se encontraba en Palacio acompañado únicamente de los Generales Chávez Santos, Ramón Patiño y Almeyda Suárez, pidiéndole cuatro camión para transportar a los Diputados al Panóptico. Mosquera contestó que consultaría con Galo Plaza, a quien le tocaba decidir el asunto, tan poquita cosa era, Mosquera el Presidente.

Como a las doce del día el Mayor Balda Hoyos, Edecán del Presidente, se presentó en el local de la Escuela de Carabineros entregando personalmente a Aragundi la autorización del Ministro de Defensa Nacional para disolver la Asamblea, tomar presos a los Diputados y llevarlos al Panóptico en cuatro camiones marca «Mann» que lo acompañaban. De inmediato se dispuso que el Teniente Rueda con un pelotón de soldados armados con ametralladoras rodeara el local del batallón Yaguachi, afecto a la Asamblea impidiendo cualquier acción militar. El Sargento Quingalagua y una escuadra con dos ametralladoras se posesionaron del «puente del Señor» en La Magdalena, protegiendo al Cayambe de cualquier intento de agresión por parte del Batallón Mariscal Sucre acantonado en El Tintal, que no se sabía qué actitud asumiría al conocerse los hechos. La orden recibida por Quingalagua fue de sostener el fuego en caso necesario.

El Teniente Salamea y un pelotón escoltaron al Teniente Coronel Aragundi hasta la casa de la cervecería «Imperial», donde estaban los Diputados de la Asamblea; mientras tanto, el Ministro de Defensa, Galo Plaza Lasso, acompañado del Subsecretario, Coronel Agustín Albán Borja, quedó en el local de la Escuela de Carabineros, esperando las buenas nuevas de la disolución de los asambleístas y su prisión.

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