TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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LA VICTORIA SE CAMBIA EN DERROTA
Aymerich acababa de recibir el auxilio de un fuerte contingente de hombres armados recién llegados de Pasto, comandado por el Teniente Coronel González y sabedor de tan vergonzoso los despachó hacia Ambato para que escarmentasen a la población rebelde.

Urdaneta ya la había ocupado y creyó oportuno abandonarla y retirarse al Sur, hacia las llanuras arenosas del Huachi, donde esperó en firme el ataque realista.

El 22 de Noviembre ocurrió el choque de ambos ejércitos, saliendo las inexpertas fuerzas patriotas en completo desbande; quinientos soldados entre muertos y heridos quedaron tendidos en el campo de batalla, el número de prisioneros fue enorme y mayor aun el parque que pasó a manos del enemigo, que sólo sufrió 25 muertos y 30 heridos.

Victorioso en Huachi, González retrocedió a Ambato y no dejó piedra sobre piedra, arrasando la Villa con furia realmente satánica. ¡Así pagó Ambato su patriotismo!. No hubo puerta que no fuera destruida y todas las moradas sufrieron el saqueo más completo que se puede imaginar y no contentas las tropas pastusas con tanto latrocinio, empezaron a cometer numerosas depredaciones en los campos adyacentes, asesinando sin ningún sentimiento a niños, mujeres y ancianos. Largo sería enumerar la lista de las víctimas que sufrieron las consecuencias de la guerra en esos días.

Acto seguido González avanzó hacia el Sur, con dirección a Cuenca, para escarmentar a Vásquez de Noboa, que aún continuaba al frente del Gobierno Provisional instaurado a raíz de la revolución. En Verde Loma se avistaron ambos ejércitos y como era de esperarse los bravos pero inexpertos morlacos sufrieron la peor parte, teniendo que huir en desbande y en todas direcciones y Cuenca volvió a ser reducto de las fuerzas realistas en el territorio Audiencial.

GUAYAQUIL SE REARMA
En Guayaquil las gentes andaban escandalizadas porque temían para el verano siguiente de 1821 un ataque masivo de las fuerzas de González. Unicamente la suerte de contar con un invierno lleno de lluvias, mosquitos y plagas nos libró de caer en manos de tales individuos, que hubieran repetido los saqueos, depredaciones y muertes cometidas en Ambato; pero, para nuestra suerte, en diciembre de 1820 arribó proveniente del sur del continente el Comandante José García Zaldúa, distinguido militar patriota enviado por el General José de San Martín para comandar nuestras milicias.

García era impetuoso, a no dudarlo, por la prontitud con que reorganizó los residuos de nuestros escuadrones derrotados en Huachi, A fines de dicho mes emprendió viaje a Babahoyo y el día 3 de Enero de 1821 ocupó el punto denominado «Tanizahua» a dos leguas del asiento de Guaranda, hasta donde se había trasladado el Coronel Miguel de la Piedra, por orden de González , que seguía con sus fuerzas acantonado en Cuenca.

EL FAMOSO CURA BENAVIDES
En las primeras horas de la mañana del 3 de Enero de 1821, García ordenó la movilización de sus rápidos Escuadrones de Caballería y con ellos se lanzó en mortífera carga contra las fuerzas de Piedra, que lo esperaban cortándole el paso a Guaranda. García y sus Dragones de a caballo tenía que atravesar un corto pero cerrado desfiladero, donde se había emboscado el cura Francisco Benavides, a quien los historiadores, de común acuerdo designan como realista de los más frenéticos y empecinados, verdadero injerto de las ideas españolas en carne criolla, quién cambió la victoria en derrota, ocasionando la muerte de 410 soldados del ejército de Guayaquil y tomando 29 prisioneros. Los españoles sólo sufrieron 16 muertos y 12 heridos.

El Comandante José García y Zaldúa peleó como todo un valiente a pesar que casi nada pudo hacer frente a la emboscada que le tendió el Sacerdote y cayó en su ley, fue aprisionado en mitad de la acción y allí comenzó su drama.

Como a la hora meridiana Benavides y de la Piedra ingresaron a Guaranda llevando de trofeo al Comandante García, acto seguido ordenaron su inmediato fusilamiento sin fórmula de juicio y sin permitirle recibir los auxilios de la Religión, como fueron sus deseos. A los dos días su cabeza fue arrancada del cadáver insepulto y enviada a Quito donde el bárbaro Presidente de la Audiencia, General Melchor Aymerich la hizo colocar en una jaula de hierro en el puente del Machángara, a que sirviera de escarmiento a los patriotas.

La mano derecha del infortunado militar fue cortada a la altura de la muñeca por orden del perverso Benavides y puesta en una picota se colocó en un árbol de capulí que crecía por las afueras y allí permaneció para espanto de cuantos la veían, podrida y tumefacta, arrancando exclamaciones de horror y arrojando nauseabundos olores hasta que el propio sacerdote la mandó retirar. Actualmente Guaranda ha crecido y el árbol forma parte del perímetro urbano, calculándose que tiene más de 150 años de sembrado. Los indios de los contornos le llaman en quechua «Ayamaqui» que significa «Mano de Muerto»; pero otros lo conocen como el «árbol de la libertad» o «Capulí Sangriento».

En 1955 el Núcleo de Bolívar de la Casa de la Cultura y el Municipio de Guaranda levantaron un sencillo monumento en su derredor. En la ceremonia de inauguración tomó la palabra el Embajador de la República Argentina, leyéndose patrióticos discursos de exaltación a la memoria del Comandante José García Zaldúa; pero, como nunca faltan los inciviles que gozan destruyendo los pocos sitios históricos y de turismo que aún conserva nuestra Patria, creyendo que la participación de un sacerdote en el fusilamiento del Comandante García podía perjudicar a determinado Partido Político en esa provincia, decidieron torpemente destruir el árbol y una noche entre negros nubarrones y aprovechando la oscuridad reinante, algunos se dedicaron a cortar sus ramas y poner sustancias tóxicas a su alrededor, con lo que han conseguido secarlo.

VENGANZA DE ULTRATUMBA
Y el Reverendo Padre Benavides siguió con sus visiones sobrenaturales como justo castigo por su crimen hasta que harto de todo salió huyendo de Guaranda. Estuvo en el Perú algunos años y parece que la continua oración y el arrepentimiento borraron de su memoria el recuerdo de la mano y un día, nueve años después, hacia 1830, estando nuestra Patria independizada de España, la mano fue hasta allá y lo trajo con engaño.

La población de Guaranda había olvidado los sucesos y no le guardaba rencor; todos le recibieron cariñosamente y por algunos meses el sacerdote estuvo tranquilo, gozando de las viejas amistades que lo visitaban a diario.

Una mañana decidió el Padre demostrar a la ciudad su gratitud ordenando la construcción de un nuevo cementerio que él mismo bendeciría. Llegó el día 1o. de Enero de 1831 y la población se levantó alborozada para asistir a los festejos de la solemne inauguración. El Padre Benavides presidió el acto y todos regresaron contentos a sus casas; pero desde esa noche volvieron las pesadillas a molestarle y no pudo dormir en paz.

El 2 de Enero pasó preocupado y por la noche ¡Ah, esa noche, como a las doce, que es la hora pesada donde aparecen muertos y brujas! La misma mano que años atrás casi le asfixió, volvió a surgir de la oscuridad y le presionó el pecho. Era demasiado para el religioso, no pudo soportar más el terror y murió de infarto.

Al día siguiente le encontraron cadáver, con el pecho desnudo y un horrible rictus de terror en los labios, ¡Demás está decir que estrenó el cementerio que acababa de construir, cerrando el drama de «Tanizahua», justo a los diez años.

BIOGRAFIA DEL CORONEL GARCIA
El Comandante José García Zaldúa nació en Santa Cruz de Mompós (Nueva Granada) el 14 de Junio de 1776 y fue bautizado el 25 del mismo mes y año. Hizo la carrera de las armas en el ejército realista llegando a Primer Teniente del Batallón de Voluntarios de Castilla en 1798 y a Teniente del Regimiento Fijo en Buenos Aires en 1799. Fueron sus padres el Brigadier de los Reales Ejércitos Ramón García de León y Pizarro, Caballero de la Orden de Calatrava, Gobernador interino de la Provincia de Río Hacha, Gobernador sucesivamente de Mainas y Guayaquil, Capitán General de la Provincia de Salta, fundador de Villa Nueva de Oráis, Presidente de la Audiencia de Charcas, Creado I Marqués de Casa Pizarro; y Mariana de Zaldúa y Ruiz de la Torre.

El Comdte. José García y Zaldúa había casado en Quito con María Mercedes Avila y Mogro; quiteña que viuda de García, contrajo segundas nupcias con Alberto Salassa, Regente de la Casa de Fundición de Monedas y fue madre de Rafael García Salassa y Avila, que adoptó como segundo apellido el de su padrastro y casó con Mercedes Carrión de la Barrera siendo padres de:

1) Elena García Carrión, casada con José María Arteta y Pallares, c.s.
2) Rosa García Carrión, casada con Emilio Pallares y Arteta, c.s.
3) Juana Margarita García Carrión, casada con Pedro Pallares y Arteta, c.s. y
4) Carmen García Carrión que casó con Carlos Arteta y Arteta, c.s.

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