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LA VICTORIA
SE CAMBIA EN DERROTA
Aymerich acababa de recibir el auxilio
de un fuerte contingente de hombres armados recién
llegados de Pasto, comandado por el Teniente Coronel
González y sabedor de tan vergonzoso los despachó
hacia Ambato para que escarmentasen a la población
rebelde.
Urdaneta ya la había ocupado y creyó
oportuno abandonarla y retirarse al Sur, hacia las
llanuras arenosas del Huachi, donde esperó
en firme el ataque realista.
El 22 de Noviembre ocurrió el choque de ambos
ejércitos, saliendo las inexpertas fuerzas
patriotas en completo desbande; quinientos soldados
entre muertos y heridos quedaron tendidos en el campo
de batalla, el número de prisioneros fue enorme
y mayor aun el parque que pasó a manos del
enemigo, que sólo sufrió 25 muertos
y 30 heridos.
Victorioso en Huachi, González retrocedió
a Ambato y no dejó piedra sobre piedra, arrasando
la Villa con furia realmente satánica. ¡Así
pagó Ambato su patriotismo!. No hubo puerta
que no fuera destruida y todas las moradas sufrieron
el saqueo más completo que se puede imaginar
y no contentas las tropas pastusas con tanto latrocinio,
empezaron a cometer numerosas depredaciones en los
campos adyacentes, asesinando sin ningún sentimiento
a niños, mujeres y ancianos. Largo sería
enumerar la lista de las víctimas que sufrieron
las consecuencias de la guerra en esos días.
Acto seguido González avanzó hacia el
Sur, con dirección a Cuenca, para escarmentar
a Vásquez de Noboa, que aún continuaba
al frente del Gobierno Provisional instaurado a raíz
de la revolución. En Verde Loma se avistaron
ambos ejércitos y como era de esperarse los
bravos pero inexpertos morlacos sufrieron la peor
parte, teniendo que huir en desbande y en todas direcciones
y Cuenca volvió a ser reducto de las fuerzas
realistas en el territorio Audiencial.
GUAYAQUIL SE REARMA
En Guayaquil las gentes andaban escandalizadas
porque temían para el verano siguiente de 1821
un ataque masivo de las fuerzas de González.
Unicamente la suerte de contar con un invierno lleno
de lluvias, mosquitos y plagas nos libró de
caer en manos de tales individuos, que hubieran repetido
los saqueos, depredaciones y muertes cometidas en
Ambato; pero, para nuestra suerte, en diciembre de
1820 arribó proveniente del sur del continente
el Comandante José García Zaldúa,
distinguido militar patriota enviado por el General
José de San Martín para comandar nuestras
milicias.
García era impetuoso, a no dudarlo, por la
prontitud con que reorganizó los residuos de
nuestros escuadrones derrotados en Huachi, A fines
de dicho mes emprendió viaje a Babahoyo y el
día 3 de Enero de 1821 ocupó el punto
denominado «Tanizahua» a dos leguas del
asiento de Guaranda, hasta donde se había trasladado
el Coronel Miguel de la Piedra, por orden de González
, que seguía con sus fuerzas acantonado en
Cuenca.
EL FAMOSO CURA BENAVIDES
En las primeras horas de la mañana
del 3 de Enero de 1821, García ordenó
la movilización de sus rápidos Escuadrones
de Caballería y con ellos se lanzó en
mortífera carga contra las fuerzas de Piedra,
que lo esperaban cortándole el paso a Guaranda.
García y sus Dragones de a caballo tenía
que atravesar un corto pero cerrado desfiladero, donde
se había emboscado el cura Francisco Benavides,
a quien los historiadores, de común acuerdo
designan como realista de los más frenéticos
y empecinados, verdadero injerto de las ideas españolas
en carne criolla, quién cambió la victoria
en derrota, ocasionando la muerte de 410 soldados
del ejército de Guayaquil y tomando 29 prisioneros.
Los españoles sólo sufrieron 16 muertos
y 12 heridos.
El Comandante José García y Zaldúa
peleó como todo un valiente a pesar que casi
nada pudo hacer frente a la emboscada que le tendió
el Sacerdote y cayó en su ley, fue aprisionado
en mitad de la acción y allí comenzó
su drama.
Como a la hora meridiana Benavides y de la Piedra
ingresaron a Guaranda llevando de trofeo al Comandante
García, acto seguido ordenaron su inmediato
fusilamiento sin fórmula de juicio y sin permitirle
recibir los auxilios de la Religión, como fueron
sus deseos. A los dos días su cabeza fue arrancada
del cadáver insepulto y enviada a Quito donde
el bárbaro Presidente de la Audiencia, General
Melchor Aymerich la hizo colocar en una jaula de hierro
en el puente del Machángara, a que sirviera
de escarmiento a los patriotas.
La mano derecha del infortunado militar fue cortada
a la altura de la muñeca por orden del perverso
Benavides y puesta en una picota se colocó
en un árbol de capulí que crecía
por las afueras y allí permaneció para
espanto de cuantos la veían, podrida y tumefacta,
arrancando exclamaciones de horror y arrojando nauseabundos
olores hasta que el propio sacerdote la mandó
retirar. Actualmente Guaranda ha crecido y el árbol
forma parte del perímetro urbano, calculándose
que tiene más de 150 años de sembrado.
Los indios de los contornos le llaman en quechua «Ayamaqui»
que significa «Mano de Muerto»; pero otros
lo conocen como el «árbol de la libertad»
o «Capulí Sangriento».
En 1955 el Núcleo de Bolívar de la Casa
de la Cultura y el Municipio de Guaranda levantaron
un sencillo monumento en su derredor. En la ceremonia
de inauguración tomó la palabra el Embajador
de la República Argentina, leyéndose
patrióticos discursos de exaltación
a la memoria del Comandante José García
Zaldúa; pero, como nunca faltan los inciviles
que gozan destruyendo los pocos sitios históricos
y de turismo que aún conserva nuestra Patria,
creyendo que la participación de un sacerdote
en el fusilamiento del Comandante García podía
perjudicar a determinado Partido Político en
esa provincia, decidieron torpemente destruir el árbol
y una noche entre negros nubarrones y aprovechando
la oscuridad reinante, algunos se dedicaron a cortar
sus ramas y poner sustancias tóxicas a su alrededor,
con lo que han conseguido secarlo.
VENGANZA DE ULTRATUMBA
Y el Reverendo Padre Benavides siguió
con sus visiones sobrenaturales como justo castigo
por su crimen hasta que harto de todo salió
huyendo de Guaranda. Estuvo en el Perú algunos
años y parece que la continua oración
y el arrepentimiento borraron de su memoria el recuerdo
de la mano y un día, nueve años después,
hacia 1830, estando nuestra Patria independizada de
España, la mano fue hasta allá y lo
trajo con engaño.
La población de Guaranda había olvidado
los sucesos y no le guardaba rencor; todos le recibieron
cariñosamente y por algunos meses el sacerdote
estuvo tranquilo, gozando de las viejas amistades
que lo visitaban a diario.
Una mañana decidió el Padre demostrar
a la ciudad su gratitud ordenando la construcción
de un nuevo cementerio que él mismo bendeciría.
Llegó el día 1o. de Enero de 1831 y
la población se levantó alborozada para
asistir a los festejos de la solemne inauguración.
El Padre Benavides presidió el acto y todos
regresaron contentos a sus casas; pero desde esa noche
volvieron las pesadillas a molestarle y no pudo dormir
en paz.
El 2 de Enero pasó preocupado y por la noche
¡Ah, esa noche, como a las doce, que es la hora
pesada donde aparecen muertos y brujas! La misma mano
que años atrás casi le asfixió,
volvió a surgir de la oscuridad y le presionó
el pecho. Era demasiado para el religioso, no pudo
soportar más el terror y murió de infarto.
Al día siguiente le encontraron cadáver,
con el pecho desnudo y un horrible rictus de terror
en los labios, ¡Demás está decir
que estrenó el cementerio que acababa de construir,
cerrando el drama de «Tanizahua», justo
a los diez años.
BIOGRAFIA DEL CORONEL
GARCIA
El Comandante José García
Zaldúa nació en Santa Cruz de Mompós
(Nueva Granada) el 14 de Junio de 1776 y fue bautizado
el 25 del mismo mes y año. Hizo la carrera
de las armas en el ejército realista llegando
a Primer Teniente del Batallón de Voluntarios
de Castilla en 1798 y a Teniente del Regimiento Fijo
en Buenos Aires en 1799. Fueron sus padres el Brigadier
de los Reales Ejércitos Ramón García
de León y Pizarro, Caballero de la Orden de
Calatrava, Gobernador interino de la Provincia de
Río Hacha, Gobernador sucesivamente de Mainas
y Guayaquil, Capitán General de la Provincia
de Salta, fundador de Villa Nueva de Oráis,
Presidente de la Audiencia de Charcas, Creado I Marqués
de Casa Pizarro; y Mariana de Zaldúa y Ruiz
de la Torre.
El Comdte. José García y Zaldúa
había casado en Quito con María Mercedes
Avila y Mogro; quiteña que viuda de García,
contrajo segundas nupcias con Alberto Salassa, Regente
de la Casa de Fundición de Monedas y fue madre
de Rafael García Salassa y Avila, que adoptó
como segundo apellido el de su padrastro y casó
con Mercedes Carrión de la Barrera siendo padres
de:
1) Elena García Carrión, casada con
José María Arteta y Pallares, c.s.
2) Rosa García Carrión, casada con Emilio
Pallares y Arteta, c.s.
3) Juana Margarita García Carrión, casada
con Pedro Pallares y Arteta, c.s. y
4) Carmen García Carrión que casó
con Carlos Arteta y Arteta, c.s.
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