TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


..............................................................................................................................................................................................................

VENGANZA DE ULTRATUMBA
El viento rugía fuera de la pequeña población de Guaranda. Hacía frío. Era una de esas noches de pesadilla en las que las gentes de nuestra serranía prefieren abrigarse en sus hogares a salir a las desiertas y polvorosas calles. Nadie transitaba, había viento, ruido y arena en el ambiente.

El Cura del lugar, Padre Francisco Benavides, se retiró a descansar a su dormitorio ¡Lo necesitaba! Sus fuerzas se encontraban disminuidas, una serie de presentimientos embargaban su espíritu; sentíase perseguido por el recuerdo de una mala acción cometida el 8 de Enero de 1821, en el cadáver inerte del joven Comandante argentino José García y Zaldúa, a quien había mandado fusilar dos días antes.

García era Jefe del ejército patriota que había tratado de entrar a Guaranda; pero Benavides, junto al Jefe realista Miguel de la Piedra, lo abatieron en un punto llamado «Tanizahua», a sólo dos leguas de distancia, el 5 de Enero, fecha en que murieron 410 soldados de Guayaquil luchando por la Patria, pero esto era un simple recuerdo. Mejor no hacerle caso e instalado en su cómoda habitación Su Reverencia se desnudó y luego de rezar con fervor, arrellanado en cómoda cama concilio el sueño. Sería las 12 aproximadamente, cuando, de pronto, entre fríos de muerte, sintió con terror que una mano ensangrentada y cortada a la altura de la muñeca, venía como flotando en el silencio de la noche y se posaba fuertemente en su pecho, empujando y haciendo presión. La mirada del sacerdote se extravió al verla tan horripilante y su garganta se negó a pronunciar palabra. Sólo después de algunos segundos, cuando había desaparecido la mano, pudo gritar y vinieron en su auxilio. Era un aviso de ultratumba. Tenía que huir de Guaranda y así lo hizo. Veamos por qué.

ANTECEDENTES
La revolución guayaquileña del 9 de Octubre de 1820 puso en jaque a las autoridades de la Real Audiencia de Quito, pues les quitó el control del principal puerto y arsenal español en la mar del Sur, donde se mantenían sobre las armas más de 1500 soldados. Además, la situación geográfica de privilegio que tenía la ciudad, situada a mitad del camino entre el Perú y Panamá, unida a la gran cantidad de armas almacenadas en el Fortín de San Carlos (Avenida Olmedo y Malecón) y a la suma de ciento cincuenta mil pesos que estaban destinados en las cajas para ser enviados a Panamá, con destino al ejército realista acantonado en Pasto, puso de manifiesto que el golpe dado por los Próceres Octubrinos había quebrantado el dominio español en estos territorios, declarándose abiertas las hostilidades cuando la Junta Gubernativa compuesta por José Joaquín de Olmedo, Rafael Jimena y Francisco Ma. Roca despachó a José de Villamil y Miguel de Letamendi para que se entrevistaran con Lord Cochrane y José de San Martín.

PRIMEROS TRIUNFOS
Algunos impetuosos interandinos, en su mayor parte jóvenes sin experiencia militar, se nos vinieron de la sierra con el objeto de tomar las armas para luchar contra España y con numerosos criollos que también se alistaron formamos una milicia que la Junta Gubernativa puso al mando del Coronel Luis de Urdaneta, oficial que había contribuido a la transformación del 9 de Octubre de 1820.

Con esas fuerzas Urdaneta salió de Guayaquil en Noviembre de 1820 y avanzó resueltamente hasta Bodegas (hoy Babahoyo) para tomar la vía que por San Miguel de Chimbo conduce a Guaranda y Latacunga. El General Melchor de Aymerich, Presidente de la Audiencia, destinó al Coronel Forminaya para que con 500 milicianos custodiase un punto estratégico del «Camino Real», impidiendo a Urdaneta que arribe a Quito corno era su deseo. En esas circunstancias el jefe patriota decidió conseguir el apoyo de numerosos pueblos del interior despachando postas a personas que creía comprometidas con la causa patriota. El efecto fue inmediato.

En Cuenca, el 3 de Noviembre de 1820, José María Vasquez de Noboa levantó al pueblo contra las autoridades, se tomó el Cabildo y proclamó la independencia; pero este triunfo fue solo de nombre porque no consiguió agrupar a los vecinos en batallones o escuadras y se contentó únicamente con permanecer en la ciudad.

En Ambato el patriota Francisco Flor obtuvo del Corregidor Jorge Ricaurte, influenciado por su esposa Josefa Calisto y Muñoz, que plegase a la causa patriota; lo mismo se consiguió con Ignacio Arteta y Garzón, Corregidor del Asiento de Latacunga.

Ambas poblaciones lograron reunir un crecido número de vecinos que ocuparon la hacienda «Tilipulo» de propiedad de José de Larrea y Jijón, Marqués de San José, donde decidieron luchar hasta morir con el ejército de 500 milicianos.

En estas posiciones se encontraban los patriotas cuando el Jefe realista entró en el abandonado asiento de Ambato con intenciones de reaprovisionar sus tropas y lanzarse al ataque de los facciosos, como despectivamente llamaba a los rebeldes patriotas. Era domingo, día de feria y mercados, cuando el español ocupó el cuartel. Como a las diez de la mañana, mientras sus hombres dormían reponiéndose del cansancio de la marcha a pie desde Quito, el segundo Jefe de la Tropa llamado Cipriano Delgado, secretamente comprometido con algunos ambateños, abrió las puertas del cuartel y permitió la entrada de toda una poblada formada por vendedores y compradores de la feria, algunos de ellos armados de pistolas y escopetas y los más portando piedras, azadas y picos, pero todos haciendo un barullo infernal. Al oír tamaño griterío Forminaya creyó que estaba rodeado del ejército patriota de Urdaneta y levantó bandera blanca en señal de tregua, rindiendo su persona a los vivanderos del mercado bajo formal promesa que se le respetaría la vida. Mariano Eguez intervino como mediador en esta rara y singular victoria.

......................................................................................................................................................................................................