TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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" ¡VENCIDOS PERO JAMAS RENDIDOS!"
Nicolás Infante Díaz nació en Palenque el 4 de septiembre de 1847 y fueron sus padres Nicolás Infante Bustamante y María de la Trinidad Díaz, oriunda de Portoviejo. (1)

En 1856 quedó huérfano de padre y viajó a Guayaquil cojeando a causa de un lamentable accidente ocurrido en cierta ocasión que paseaba por las calles de Palenque durante unos festejos religiosos, una camareta de las que se utilizan para meter escándalo y asustar a los desprevenidos estalló con tan mala suerte, que una esquirla hirió su muslo derecho. Doña María de la Trinidad, madre al fin y recelosa de los curanderos del poblado, viajó con toda su familia en busca de atención médica y se quedaron por mucho tiempo en Guayaquil. (2)

VALIENTE Y GENEROSO CON SU MAESTRO
Ni doce años de edad contaba cuando ingresó en la Escuela particular del connotado maestro chileno señor Chica, desterrado en Guayaquil a causa de sus avanzadas ideas políticas.

Entre profesor y discípulo surgió una buena amistad que pronto se vio matizada con la siguiente anécdota. Era de noche, como a eso de las 7, cuando el joven Nicolás concurrió al domicilio del pedagogo a inquirir por su estado de salud, porque ese día y a causa de un fuerte dolor, no había podido dictar clases, como era su costumbre.

(1) Hija del Coronel Pío Días, militar venezolano de nuestra independencia, de la época floreana.- Nota del autor.

(2) Por causa de esta herida cojeaba al caminar y sus amigos le llamaban: El Cojo Infante.
—Maestro Chica—saludó Infante
—¿Cómo se encuentra?.
—Bastante mal, hijito, por este cólico que no me deja en paz. El único remedio que puede aliviarme es la infusión de hojitas de ..... pero lamentablemente aquí no las hay, sino que están en el jardín de la quinta bastante lejos. —Pues yo iré por ellas, no faltaba más que Ud. sufra por tan poca cosa.

—Y diciendo ésto abandonó el cuarto del enfermo, con dirección a la quinta.

El pobre señor Chica gritó que no fuera, que estaba muy obscuro, que era peligroso salir de noche y peor aún por esos andurriales de la quinta Roditti, sitio de maleantes y ladrones por el que nadie se atrevía a pasar de noche. Pero Infante era valiente aun desde pequeño y con sólo un farol fue a la quinta, trayendo victoriosamente el remedio, que aplicado con éxito salvó a una víctima del sufrimiento.

COMBATE CONTRA LA DICTADURA CONSERVADORA
El 19 de marzo de 1869 cuando Infante contaba 22 años de edad y trabajaba de dependiente en un almacén de expendio de conservas y abarrotes, haciendo práctica comercial como era costumbre en esa época, estalló en Guayaquil una revolución contra el gobierno del Doctor Gabriel García Moreno. La acaudillaba el General José de Veintemilla y la flor y nata del talento y la virtud nacional: Vicente Piedrahita, Pedro Carbo, Eloy Alfaro, Ignacio de Veintemilla y otros más, decididos a no permitir que García Moreno se saliera con la suya.

Infante tenía pocos años pero gran carácter. Cerró el almacén y condujo a los dependientes al Cuartel de Astillería, donde atacó con brío a la escasa guarnición que apoyaba al General Secundino Darquea. La lucha fue corta y favoreció a los revolucionarios que apresaron a Darquea y cuando se creían victoriosos fueron arremetidos por fuerzas leales del gobierno. Durante el tiroteo el intrépido General José de Veintemilla impartía órdenes desde el primer piso y viendo el peligro que corría el prisionero Darquea, de morir a causa de una bala perdida, ordenó que lo cambiaran al interior; asomándose al mismo tiempo a la ventana para ver mejor el combate, circunstancia que aprovechó un franco tirador para dispararle, aunque otros han opinado que el tiro salió de dentro, disparado por el soldado que custodiaba al prisionero.

Al momento de su muerte estaba de uniforme de gala, espadín de empuñadura de oro, galones y condecoraciones y hacía como es lógico suponer - un perfecto blanco a cualquier enemigo, de afuera o de dentro.

El cuartel de artillería quedaba en la actual intersección de las calles Boyacá y 9 de Octubre, y los gobiernistas atacaban desde la bocacalle de Francisco García Aviles y 9 de Octubre. Infante resistió hasta el final, cuando ya no quedaban defensores del cuartel, porque todos, al conocer la muerte de Veintemilla, huyeron atropelladamente.

— ¡Ríndanse! les intimó un teniente leal al régimen, desde la mitad de la cuadra, e Infante contestó con voz de tueno: "Vencidos, pero jamás rendidos", frase que resultó profética y que fue su lema de por vida.

Después cayeron los valientes y aguerridos revolucionarios en poder de los leales y algunos fueron fusilados. Infante salvó su pellejo a cambio de una fianza de S/. 10.000 que depositó su madre. Quizá no fue fusilado en esa ocasión porque lo creyeron muy joven, pero este perdón no lo amilanó, le dio mayores ánimos para la lucha y así se lo dijo a su madre, que no sabía qué hacer con él.

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