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LIBERAL
DE ENTRADA Y POR CONVENIENCIA
Veintemilla gobernó con el
naciente partido liberal que se había formado
en contrapunto con los garcianos, titulados ellos
mismos con el donoso calificativo de Católicos,
ya que unos y otros lo eran. Designó Ministro
General a Pedro Carbo Noboa, a la sazón en
Nueva York y el gabinete lo conformó con tres
guayaquileños distinguidos: José María
Noboa Baquerizo, el Coronel José Sanchez Rubio
y José Vélez en las carteras del Interior,
Guerra y Hacienda, respectivamente.
Estas designaciones no agradaron a los garcianos Católicos
y a los defenestrados elementos del régimen
del doctor Antonio Borrero Cortázar, que iniciaron
una sorda oposición en todos los rincones del
país. ¿Quiénes eran entonces
los colaboradores del nuevo régimen?, A ciencia
cierta que el elemento moderado que presidía
Carbo Noboa había obtenido colocación
en el gobierno y estos patricios, aunque muy respetables
por sus méritos y virtudes cívicas,
no constituían fuerza en el país, por
su misma pasividad, por los métodos que preconizan
y por su inexperiencia administrativa. La situación
política se tornaba peor cada vez y aquí
entró el padre Gago.
UN GAGO QUE HABLA MUCHO
El Reverendo Gago de nacionalidad
italiana, pertenecía a esa pléyade de
sacerdotes europeos que trajo García Moreno,
unos ciertamente admirables y santos, merecedores
no sólo del respeto sino de la veneración
de los ecuatorianos; pero como ocurre siempre, estos
no eran la mayoría, porque habían otros
como Gago por ejemplo, que en sus pueblos habían
sido soldados fanáticos y ultramontanos, enemigos
acérrimos de todo aquello que significaba libertad
y progreso, que más por ganarse la vida que
por tener vocación habían entrado a
alguna orden monástica y venido a América
con el fin de correr aventuras. De éstos últimos
fue también aquel famoso Secretario de la Nunciatura
Apostólica de Quito que en el Quito de 1872,
doctor Carboni, desempeñó el oficio
de gran comerciante en oro y convirtió la sede
diplomática en un vulgar mercado y casa de
empeño, donde se ofrecían los mejores
precios por joyas y prendas hasta que el pueblo se
amotinó y al grito de "fuera Carboni,
abajo el cuíco", terminó con tan
execrable negociado.
El Padre Gago no era un novato en el arte de hablar.
En Perú había sufrido pena de destierro
por perorar contra el regimen del Presidente Prado
incitando al pueblo a la insurrección e indicando
a quién debían de elegir sucesor. Luego
vino a estas tierras y tomó posada en la Iglesia
de San Francisco en Quito, cobrando fama como orador
de barricadas que hacía lo que quería
con la multitud de beatas que acudían diariamente
a oír extasiadas sus subversivas prédicas.
Un día citó para que concurrieran el
1o. de Abril de ese año (1877) al pretil de
la Iglesia y llegada la hora, con voz de trueno anunció
que el régimen liberal de Pedro Carbo era sacrílego
y atentatorio contra la religión, etc.
¡Consentirés, amados míos, dijo
el turbulento predicador, que la Santa Religión
del Crucificado desaparezca de la República
por culpa de un cretino! Llorad hermanos porque se
acerca la hora del sacrificio de nuestras vidas en
homenaje a la Cruz. Somos los nuevos cruzados que
vamos a la guerra, a vencer o a morir, por Cristo
Jesús. No os detengáis en los medios,
que todos son legítimos. ¿Estáis?.
El orador y el pueblo prorrumpieron en prolongados
sollozos y éste juraba con protestas altivas
ir dispuesto al sacrificio, seguro de encontrar la
felicidad.
EL MOTIN DEL PADRE
GAGO
En ese momento el populacho comenzó
a rugir contra Pedro Carbo, Ministro General del Régimen
y Católico Apostólico y guayaquileño,
mas no romano, "porque romanos son los gatos"
según palabras que dicen que pronunció
en son de chanza; y se llenaron las calles de gente
alzada, pero el Intendente del Pichincha Juan H. Navarro
tocó rebato y atizó garrote limpio a
los "gagistas" hasta dispersarlos.
Por su parte el fraile causante del desorden estaba
tranquilamente recogido en su celda hasta donde concurrió
un Comisario de Policía a intimarle rendición:
- Sólo despedazado saldré del convento
fue la respuesta.
- Eso mismo, terció el Padre Guardián
de los Franciscanos, a mí también tendrán
que despedazarme antes que permitir que saquen a su
Paternidad.
El Comisario se dio por vencido, abandonó el
Convento y apenas cruzó la esquina, un franciscano
sacó un crucifijo y arengó a los curiosos
incitando a la revolución. El pobre Comisario
apuró el paso y Gago salió triunfante,
llevado en hombros por garcianos de alguna prestancia
social, que lo condujeron a la Legislación
Francesa en calidad de asilado, gritando siempre contra
el gobierno del "hereje Carbo".
Entonces la turba siguió por las calles dando
vivas al Papa, a la Religión, a Gago y mueras
a los masones, los "petroleros", los "comunistas",
los herejes y los radicales (2). Eran las tres y media
de la tarde y Veintemilla salía del Palacio
acompañado de su Edecán, Mayor Juan
M. Campuzano, de Rafael Ma. Caamaño y Cornejo,
José María Noboa, José Vélez
y Pedro Carbo, que iba medroso porque contra él
era el motín, sindicándole de ser el
alma maligna del gobierno.
Tres batallones de líneas cercaron la plaza
de San Francisco conducidos por los Coroneles José
Antonio Mata y Vicente Larrea, a la sazón Comandante
de la ciudad.
Sonaron varios tiros y la multitud despavorida no
sabía para dónde correr. Algunos rodaban
por el suelo y eran pisoteados, otros arrojaban piedras
y los más fugaban destruyendo todo lo que hallaban
al paso. José Alvarez, Gobernador del Pichincha,
fue obligado a huir del sitio después de recibir
algunos golpes. El pobre, que no sabía lo que
estaba ocurriendo, dicen que iba a San Francisco a
confesarse como era su costumbre y fue recibido por
el populacho desenfrenado que lo insultó y
trató de ultimarlo.
Una piedra, de las muchas que fueron arrojadas por
grupos de mujeres apostadas en la Iglesia, cayó
en la cabeza de Rafael Ma. Caamaño, ocasionándole
la rotura del sombrero y una ligera magulladura. Felizmente
usaba sombrero de fieltro que sino el daño
habría sido más grave. A los pocos días
el Padre Gago salía tranquilamente del país
como antes lo había hecho del Perú,
desconociéndose su suerte posterior.
(2) Palabras textuales tomadas de la Hoja suelta titulada:
La sedición religiosa, publicada en Quito,
el 8 de Septiembre de 1877, con el No. 22 del Periódico
Oficial del Régimen.
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