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UN
GAGO CONTRA UN MUDO
Entre los presidentes más irresponsables
que ha tenido el Ecuador ninguno iguala al celebérrimo
General Ignacio de Veintemilla Villacís apodado
por Montalvo "El Mudo", que en la sierra
significa tonto. De espíritu aventurero, amigo
de juergas y jaranas, poco dado al trabajo y al estudio,
intrépido, valiente y audaz. De su padre, antiguo
Presidente de la Corte Suprema de Justicia, heredó
un parentesco muy cercano con la familia Ascázubi,
que le sirvió con el paso de los años
para unir su suerte a la del doctor Gabriel García
Moreno. Sobre esta amistad se cuenta que en la derrota
de Tumbuco en 1859 y estando García Moreno
a un tris de caer prisionero del enemigo por haber
muerto la mula que montaba, fue salvado de tal aprieto
por su pariente político Veintemilla, quien
le prestó la suya, saliendo ambos en precipitada
fuga, el uno en mula y el otro a pie. Pedro Moncayo
con mucha sorna comenta en su obra que éste
era el único rasgo de generosidad y decencia
que se le conocía a Veintemilla.
De su madre heredó otro parentesco con los
entroncados señores Arteta, nada menos que
Pedro José Arteta, cuñado de Flores
y Presidente Encargado del Ecuador en 1867 y del doctor
Nicolás Joaquín que fuera Arzobispo
de Quito.
Veintimilla era Capitán cuando en 1860 García
Moreno tomó el poder y le brindó su
confianza. Intervino en el apresamiento del General
Tomás Maldonado, a quien condujo de Ambato
a Quito y le hizo entrar en la población lleno
de grillos en el corto gobierno de don Jerónimo
Carrión, que le nombró General y su
Ministro de Guerra y vino a Guayaquil a defenderla
del amago de invasión de la Escuadra Española
del Pacífico al mando del Almirante Casto Méndez
Núñez, pero como nada sucedió
felizmente, porque los peruanos dieron buena cuenta
de la escuadra invasora frente a! Callao y ella se
retiró maltrecha, regresó a Quito; entonces
el Ministro Manuel Bustamante fue llamado al Congreso
para ser interpelado y Veintemilla proclamó
la dictadura de Carrión cerrando las Cámaras
y mandando a los legisladores a la cárcel,
pero los acontecimientos se precipitaron y el Presidente
dimitió, dejando a nuestro héroe en
medio camino y cesante en sus funciones de Ministro.
El nuevo mandatario Dr. Javier Espinosa, por influencias
de Pedro José Arteta le designó Intendente
General del Ejército. Lamentablemente Espinosa
no duró mucho en el cargo y fue sacado del
Palacio Presidencial por García Moreno, que
lo sustituyó. En Guayaquil hubo protestas por
ente abuso, ya se había convocado a elecciones
y el candidato de las mayorías era el doctor
Francisco X. Aguirre Abad, muy querido por su inteligencia
y bondad y por haber sido el diputado que redactó
el decreto de manumisión de los esclavos.
Su hermano el General José Veintemilla, se
rebeló en el cuartel de artillería contra
García Moreno y tomó preso al General
Secundino Darquea, jefe de ese Batallón, el
19 de Marzo de 1869. Este José Veintemilla
era valiente y garboso y vestía uniforme de
galones de oro, sombrero bicornio emplumado, botas
negras de cuero y banda de General. Todo un blanco
para cualquier franco-tirador. El pobre Darquea, en
cambio, medio dormido aún porque la asonada
fue en la madrugada, se encontraba en un salón
del cuartel (calle 9 de Octubre esquina con Boyacá)
expuesto a las continuas balas que se disparaban desde
el Cuartel No. 1 de Infantería, leal a García
Moreno.
El Capitán José Manosalvas, amigo de
ambos, rogó a Veintemilla que pasara a Darquea
a otro sitio menos peligroso y así lo hizo,
acomodándole en "el ropero", destinados
almacenar uniformes, pero en ese momento le picó
la curiosidad a Veintemilla y se asomó a la
ventana para ver el combate callejero recibiendo un
tiro que le quitó la vida. Lo que nunca se
ha sabido es quien disparó el tiro y si el
disparo fue hecho desde afuera o desde adentro del
pieza. Demás está decir que Manosalvas
y Darquea salieron del recinto liberando al Comandante
del Batallón de apellido Negrete Gellibert
y terminaron con la revolución.
VEINTEMILLA SE REBELA
CONTRA EL TIRANO
Este fatídico incidente parece
que le llegó a Ignacio de Veintemilla hasta
lo más hondo de su alma pues quería
muchísimo a su hermano, haciéndole cambiar
de garciano en antigarciano. Otros autores sostienen
en cambio con pruebas en la mano, que estaban complotado
para desconocer la revolución de García
Moreno contra Espinosa, al punto que en la declaración
rendida por Manuel Cornejo y Astorgas en el sumario
contra el doctor Marco Espinel (prófugo por
estar complicado en el crimen que se intentó
cometer con García Moreno poco después)
a los ocho meses, en Diciembre de 1869, dice; "Que
Ignacio de Veintemilla le contó en Marzo que
la revolución la tenía programada con
su hermano José, para que estallara en los
primeros días de Mayo, en Guayaquil".
Que luego le dijo: "que su hermano la había
anticipado el día 19 de Marzo por temor a que
se enterase el gobierno y que él, Ignacio,
no había participado en ella, por estar fuera
de la ciudad".
DE DESTERRADO A JEFE
SUPREMO
García Moreno no creyó
la mentira o excusa de su ausencia y tampoco aceptó
la solicitud de perdón de Veintemilla y lo
condenó a prisión y a ser fusilado,
pero luego le perdonó, ordenando que saliera
del país inmediatamente entregando fianza.
Doña Josefa Moran y Aviles (1) fue la fiadora
y Veintemilla viajó a París.
Allí trabó amistad con Montalvo y vivió
disipadamente, como siempre lo había hecho
en el Ecuador. Se despertaba a las tres de la tarde
y
(1) Josefa Morán y Avilés era muy rica
por haber casado primero con su primo Onofre Pareja
y Avilés, sin hijos y viuda con el Dr. Mariano
Electro Carzo natural de Arequipa, con sucesión.
luego de asearse, jugaba desde las cuatro hasta las
cuatro de la mañana, todo tipo de apuestas.
También bebía y sus licores preferidos
eran el ron, el gin y por supuesto el coñac
francés, del mejor, eso sí, porque "su
buche" era fino y distinguido, por ello sus pocos
reales se terminaron rápidamente y comenzó
a hacer prodigios para no morir de hambre. De apuesta
figura, su noble origen lo revelaba grato a cualquier
ojo femenino y vendió cara su persona gozando
con francesas ya no muy jóvenes, que se embelesaban
en la compañía de un adonis sudamericano,
que las dominaba con cortesías y a patadas.
Porque así era él.
Seis años después regresó al
país. Rayo había matado a García
Moreno y ya no había nada que temer. Su entrada
en Quito fue apoteósica. Los farristas de la
capital lo recibieron con los brazos abiertos. Ramón
Borrero, hermano del Presidente de la República,
lo acogió con mucho cariño y le hizo
nombrar Comandante General de Guayaquil. Desde el
puerto Veintemilla lanzó numerosas promesas
de lealtad a sus nuevos protectores pero el 8 de Septiembre
de 1876, a las pocas semanas de designado, desconoció
al régimen y se proclamó Jefe Supremo
de la República.
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