TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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Desde muy chiquita quiso hacerse monja y lo consiguió sólo a medias porque hizo de su casa un claustro, dedicando cinco horas diarias a la oración en uno de los cuartos interiores. Acostumbraba usar silicios para mortificar la carne, poniéndoselos en todo el cuerpo. Diariamente se crucificaba media hora, amarrándose a una cruz hecha exprofeso, también se daba latigazos a porción. Las chaquetillas de tachuelas que usó se guardan actualmente en el convento de las madres Marianitas en Riobamba y asombra cómo no le vino una infección grave o un tétano, aunque ella misma nos cuenta en los apuntes que escribió para la posteridad que en muchas ocasiones se le ulceraron las llagas y en otras la infección tuvo que ser atendida con remedios caseros de toda índole.

Esto se comprobó cuando después de muerta se la exhumó y hallaronle la espalda cubierta de llagas y úlceras, productos del tormento y la infección.

Gran devota de Mariana de Jesús, se propuso seguir su ejemplo de santidad y a la llegada del Padre García, designado Superior de la Comunidad Jesuita de Guayaquil en 1863, hizo votos de pobreza, obediencia y castidad. Por esos días dos damas tenían reunidos a numerosos niños pobres del barrio a los que enseñaban, vestían y daban de comer en una casa llamada el orfanatorio "La Beneficencia".

La noche del 1o. de Febrero de 1867, de 39 años de edad, Mercedes de Jesús tomó la resolución más importante de su vida. Furtivamente escapó de la casa de su única hermana, donde vivía, y pasó hasta la madrugada en el interior de la Iglesia de San José, sumida en la oración. Luego comulgó, oyó misa y con unas cuantas piezas de ropa al brazo se fue al orfanatorio, donde la recibieron con inmenso júbilo. Su hermana María se encolerizó tanto que tardó muchos años en perdonarla y volverle a hablar.

En el orfanatorio pasó algunos meses adiestrándose en el servicio de sus semejantes, hasta que el Padre García, que estaba en Galaquiza en plena jibaría, fundando una misión, la mandó a llamar para que le ayudara en su obra. Grande fue la sorpresa de Mercedes de Jesús al recibir la carta, pero obedientemente cumplió la orden y viajó al oriente en 1870, perdiendo treinta libras de peso en diez meses de trabajos rudos y agotadores.

En Mayo de 1871 regresó a Cuenca, fundó el Beaterio de Santa Mariana y dio clase a numerosas niñas. Años después, cuando se instauró su proceso de beatificación, se presentaron varias viejecitas a declarar que habían sido sus alumnas y que conservaban recuerdos muy gratos de ella, por lo cariñosa que era con todas.

En Enero de 1873 pasó Mercedes de Jesús a Riobamba, fundó otro Colegio y cayó enferma de gravedad. El médico que la asistía creyó que moriría y así se lo expresó; mas, nuestra Beata, en forma calmada díjole: "No es verdad, porque he tenido una visión. He visto un rosal muy frondoso y florido que representa a la Congregación y ésta todavía no crece, por lo que viviré lo suficiente y muchos años más". Y sanó enseguida. De allí es que también se la conoce con el sobrenombre de "La Rosa del Guayas".

En 1883 falleció en Riobamba y de 55 años. Sus restos se veneraron por horas y al querérselos sepultar se constató que la mano izquierda que sostenía un crucifijo, estaba endurecida y por más esfuerzos que se realizaron no la pudieron doblar, impidiendo cerrar la tapa del ataúd, pero el resto del cuerpo estaba blando. En estas circunstancias la Madre Superiora dijo: "Mercedes, Ud. que fue tan obediente en vida, obedezca de muerta y baje el brazo", bajándolo inmediatamente y consternando el milagro a la concurrencia, al punto que el Padre Redentorista que oficiaba la misa pidió que se bendijere a la multitud con el mismo brazo de la difunta, lo que se hizo enseguida. De estos cuentones están llenos los procesos de su beatificación.

En 1948 y al cumplirse las bodas de diamante de la Congregación de Madres Marianas fundada por Mercedes de Jesús y dedicada a la educación de niñas, la Santa Sede aprobó los estatutos confeccionados por ella en Gualaquiza, aunque con algunas reformas. Hoy la Congregación cuenta con treinta y cinco Casas religiosas funcionando en Ecuador, Colombia y Venezuela donde laboran más de 750 monjas y se educan casi 100.000 alumnas anualmente. Esta es la obra de la Beata Mercedes de Jesús Molina, llamada La Rosa del Guayas, fundadora de la única Congregación Religiosa nacional dedicada a la enseñanza de niñas. (1).

NARCISA DE JESUS MARTILLO
Esta es la más popular de las tres Beatas guayacas y de Jesús por la campaña publicitaria que se ha realizado en torno a su nombre. Narcisa es materia de gran cantidad de "recados" y "agradecimientos por milagros concedidos" que diariamente se transmiten por radios y periódicos de la Provincia y hasta un diputado dice que es "hincha" de ella (2). No hay iglesia de la ciudad donde no se vendan estampas con su efigie, bastante cambiada por cierto, ya que siendo Narcisa de Jesús de raza mediterránea española con ligeros toques indígenas y habiendo nacido en Nobol, se la hace aparecer casi alemana, rubia y de ojos azules. ¡A tanto llega el cretinismo de algunos que han pensado en “mejorar" su apariencia física, por el prurito que se tiene de ser blanco a toda costa y estar a la moda!.
En el Museo Municipal de Guayaquil se conserva una fotografía inédita de Narcisa de Jesús, la verdadera Narcisa y no la mejorada. "En ella aparece como era, un poco gorda, baja más bien que alta, trigueña, muy dueña de sí misma, recatada y sobria.

Siempre fue humilde y se sabe que pudiendo haber vivido con alguna comodidad, porque era muy considerada por numerosas familias pudientes de Guayaquil, prefería un pequeño cuarto situado debajo de la escalera de la casa de los Landín, donde rezaba sus oraciones, hacía penitencia y vivía en continua mortificación.

Al final de sus días y como su contemporánea Mercedes de Jesús, nuestra Narcisa también salió de Guayaquil, por eso de que nadie es profeta en su tierra, radicando en Lima, donde falleció en el convento Del Beaterio en olor de santidad; y fue tal la veneración que inspiró de muerta, que la multitud agredió a las religiosas en procura de alguna, por que ya le atribuían la calidad de santa.

(1) Estas cifras eran exactas en 1970 año en que se publicó esta Crónica.
(2) Vicente Levi Castillo.

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