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TRES
BEATAS GUAYACAS
Ahora que la Iglesia ha dado una batida al calendario
litúrgico mochando a algunos santos famosos
como San Cristóbal y Santa Susana, se me ha
ocurrido escribir sobre tres beatas nacidas en Guayaquil
o en territorios de su Provincia y que tienen por
coincidencia, como segundo nombre que las identifica,
el de Jesús.
Estas tres flores del pensil costeño están
escalando los altares por méritos y vida ejemplar
y son Catalina de Jesús Herrera, Mercedes de
Jesús Molina y Narcisa de Jesús Martillo.
Y si mucho me apuran y ponen a escoger a cuál
de las tres prefiero me voy con Mercedes de Jesús,
la más valiosa por sus excepcionales condiciones
humanas y a quien los ecuatorianos deben admiración
y respeto pues era todo un carácter.
CATALINA DE JESUS HERRERA
Esta casi desconocida mística
nació en nuestro puerto en plena colonia, el
domingo 23 de Agosto de 1717 a las 6 de la mañana
y el 25 fue bautizada en la Iglesia Matriz. Su madre
llamó María Navarro-Navarrete y parece
que con el ejemplo que le dio, siempre austera, cordial
y haciéndose amar de todos, la encauzó
por los senderos más puros de la religión
y la moral. En cambio, papá Herrera, fue distinto,
como lo dice la propia Beata en su libro titulado:
"Secretos entre el Alma y Dios", en el Capítulo
VI, cuando hace memoria de las tres veces en que estuvo
a punto de perder la vida por culpa del ánimo
arrebatado del Capitán Juan Delfín.
Cuenta que una vez, estando en edad de lactar, se
despertó llorando y como su madre no acudió
prontamente, papá Herrera la tomó en
brazos y salió con ella a la ventana, con intenciones
de arrojarla, siendo alcanzada la criatura en pleno
arboleo y evitándose el crimen.
La segunda vez fue cuando ya sabía andar y
estaba jugando con un palito que metía mucho
ruido; en esta ocasión papá Herrera
la cogió por los cabellos y dándole
dos vueltas de molinete la arrojó por los aires.
Mamá tuvo que apararla para evitar que saliera
despedida por la ventana a la calle, como eran las
intenciones del progenitor.
La tercera ocurrió cuando la niña tenía
7 años y el Capitán por arrojar un cántaro
de barro a un criado que lo supo esquivar, golpeó
en la frente a su hija; dicen que por la herida se
divisaban los sesos y la niña sangrante y enceguecida
corrió y cayó en un pequeño precipicio
de lodo, de donde fue rescatada por una criada. Después
Don Juan Delfín se compuso y hasta murió
santamente, dejando a Catalina de Jesús huérfana
y de solo once años.
En 1731 pasaron por Guayaquil varias religiosas Carmelitas
que iban a Trujillo en Perú a fundar un Monasterio
y la superiora quiso llevarse a la niña para
el Claustro, pero la madre se opuso tenazmente. Con
todo, al partir por el río, la monja díjole
a Catalina de Jesús en el oído que sería
esposa de Cristo y no mujer de hombre alguno y que
cuidara de no errar su vocación. Desde esa
época nuestra Beata pensaba entrar en un convento.
Era devotísima de la Inmaculada Virgen María
y pronto se hizo terciaria en la iglesia de Santo
Domingo, pronunció el juramento un sábado
por la mañana, hizo voto de castidad y comulgaba
diariamente. A los veintitrés años viajó
a Quito e ingresó en el Monasterio de Santa
Catalina donde hizo profesión el 23 de abril
de 1741, a las 9 de la mañana, siendo Obispo
el Dr. Andrés de Paredes y Armendáriz.
Hacia 1746 escribió una autobiografía
en prosa pero prontamente quemó los originales
y sólo por mandato de obediencia los rehizo
en 1758, dejando a la posteridad una obra interesantísima
en todo aspecto, no sólo por la candorosidad
con que fue compuesta sino también por su sinceridad,
amenidad y arranques sobrenaturales que contiene.
Porque has de saber lector, que Sor Catalina de Jesús
conversaba con los muertos, los santos y los diablos,
tan fácilmente como nosotros tomamos un vaso
de agua, y así está la obra repleta
de anécdotas, espíritus burlones, diablos
y ángeles visitantes.
"SECRETOS ENTRE EL ALMA Y DIOS" se llamó
y efectivamente que lo son por haber sido compuesta
en forma de diálogo con la divinidad. En 1795
y cuando la beata Herrera cumplió los 78 años
y pasó a mejor vida, los cuadernillos fueron
a parar a una alacena del convento donde permanecieron
casi un siglo hasta que los rescató del olvido
su tocayo el doctor Pablo Herrera (no son parientes)
que los encuadernó en un solo volumen. Años
después, Juan María Riera copió
tres veces la obra, la última en 1908.
En 1950 Fray Alfonso Antonino Jerves publicó
esta última transcripción en la Editorial
Santo Domingo de Quito, revelándonos a la Beata
en todo su esplendor literario, como una de las más
delicadas prosistas de la colonia ecuatoriana. Su
retrato se conserva en Guayaquil en la Iglesia de
Santo Domingo, hacia el lado izquierdo y es copia
del original quiteño.
MERCEDES DE JESUS MOLINA
Mujer de grandes dotes espirituales
y de carácter y a la vez refinada dama, misionera
ejemplar y fundadora de la Congregación de
"Santa Mariana de Jesús", fue Mercedes
de Jesús Molina, quien nació en Baba,
cuando esta población formaba parte de la Provincia
del Guayas en 1828, hija de acomodados y nobles propietarios
llamados Miguel Molina y Arbeláez y Rosa de
Ayala y Olvera. Igual qué Catalina de Jesús,
quedó tempranamente huérfana de padre
y su educación corrió a cargo de Doña
Rosa, que le enseñó letras y números,
al punto que años después, nuestra Beata
escribía versos del siguiente calibre:
Sólo para padecer
pido a Dios que me dé vida
hasta que toda sumida
en penas me pueda ver.
No tengo, no, otro querer
y anhela mi razón
amar la tribulación,
la pena y el desconsuelo
con amor, con fe, con celo
y humildad de corazón
Así lo desea y quiere:
Mercedes de mi Jesús.
Guayaquil, Mayo 12 de 1866.
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