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SECRETOS
DE UNA MANSION
Ignacia Noboa de Arredondo fue una
dama que hace más de un siglo vivía
en Lima con toda la pompa y boato de su holgada posición
económica. Sus salones siempre abiertos a las
familias de nuestra urbe eran continuamente visitados
por gente que departían con la anfitriona y
gozaban con los dulces y licores que ella brindaba.
(1).
Un día le cayeron de visita dos jóvenes
de las más conocidas familias de por acá:
Matías Sotomayor Luna y Miró y Nicanor
Márquez de la Plata Plaza, que le conversaron
tantas cosas que pronto la embelesaron con recuerdos
de esta tierra; más, inesperadamente, anunciaron
su llegada las encantadoras señoritas Carlota
y Enriqueta Swaine y Méndez La Chica. Demás
está que cuente que hubo flechazos entre ambas
parejas. Nuestros paisanos eran buenos catadores del
bello sexo y se prendaron de esas maravillosas doncellas
y ellas a su vez de los apuestos "mónitos
de Guayaquil". Poco después, el 21 de
Mayo de 1854, en la antigua parroquia de San Sebastián
de Lima, pasaron a ser señoras de Sotomayor
Luna y de Márquez de la Plata, respectivamente.
UNA DOTE EN ONZAS DE
ORO
El padre natural de ambas, Enrique
Swayne y Wallace obsequió a cada yerno la bicoca
de 50.000 pesos fuertes de oro para que los gastaran
en alfileres si así lo querían. ¡Una
verdadera lotería! Doña Enriqueta de
Márquez de la Plata quedó con su esposo
en Lima y allí murió viuda y aún
joven, de 46 años, el 14 de enero de 1880,
en su casa de la calle de La Merced, siendo enterrada
en el Cementerio de San Camilo.
(1) Era viuda del General Manuel Arredono y Mioño
de ingrata recordación por los sucesos ocurridos
el 2 de Agosto de 1809 en Quito. El fue II Marqués
de San Juan de Nepomuceno.
Sus hijos pasaron a Guayaquil a residir con sus tíos
los Sotomayor y Luna, que los acogieron cariñosamente
hasta que se casaron y formaron nuevos hogares.
COSAS RARAS DEL SUEGRO
Enrique Swayne era un escocés
empedernido, natural de Dysart, Condado en Fifeshire.
Llegó a Lima en 1824 comerciando hasta 1833.
Ese año regresó a Liverpool, donde su
hermano Roberto tenía un establecimiento de
compra y venta llamado "Swayne, Reíd y
Co". En 1834 volvió al Perú y dedicó
sus mejores horas a las faenas agrícolas y
muy especialmente al cultivo y transformación
de la caña de azúcar, para lo cual fundó
varios ingenios en la región de Cañete.
Con el tiempo compró las haciendas Quebrada,
Casa Blanca, Cerro Azul, el Chical, Ungara, La Huaca.
Santa Bárbara, San Jacinto de Nepeña,
Punguri, Santa Rosa, Mocache, Puente de Piedra y Huancarpón,
que le producían caña, convirtiéndose
en el rey de la región.
En Cañete era usual que circularan billetes
y monedas de plata, niquel y cobre de Don Enrique,
que todos aceptaban con gran confianza. ¡Era
la época!. El inglés era muy generoso
y ayudaba a quien se lo pedía; pero como buen
inglés a veces era antipático. Cuentan
que solía quejarse de la falta de buenas lavanderas
en Perú y mandaba a lavar y planchar sus camisas
de seda natural y puños de fino encaje nada
menos que a Londres, de donde se las regresaban a
los tres meses blancas e impecables y a entero gusto.
Habrá tenido algunos cientos de ellas porque
el viajecito, a la par que costoso, era demorado.
DOÑA CARLOTA
TAMBIÉN MELINDROSA
Después de la boda, su hija
la señora de Sotomayor y Luna pidió
a su esposo que hiciera construir una mansión
en el boulevard (9 de Octubre y Chimborazo) donde
luego estuvo la Botica Internacional, mientras viajaban
a Europa de luna de miel y dejaron los planos a uno
de los mejores maestros de obra de la ciudad. Meses
después, al regresar, cual no sería
el desagrado de la noble dama al contemplar la escalera
tallada que adornaba el zaguán, que ordenó
cambiarla íntegramente previa demolición,
porque no le gustaba. ¡Vaya con el capricho!
¡Buenos miles que costó!
Su esposo Matías era más sencillo, no
aspiraba tanto a la agitada vida de sociedad, de continuo
se lo veía trabajando tesoneramente en el campo
donde tenía algunas propiedades. Con los años
llegó a Gobernador de la Provincia de Los Ríos
y fue querido por todos.
SU ESPOSA Y SU HIJA
Famosas eran las fiestas que ofrecía
Carlota Swayne de Sotomayor y Luna en su casa; ocupaba
el primer piso íntegramente en unión
de sus hijos y sobrinos y allí creció
la mayorcita y preferida de su corazón: Carlota
Sotomayor y Luna y Swayne, nacida en Guayaquil el
12 de Octubre de 1856, para quien buscó su
afanosa mamá un príncipe azul que al
fin apareció cuando Carlota tenía 21
años. Se llamaba José Ramón de
Sucres y Lavayen, quinto hijo del matrimonio formado
por el Coronel José Ramón de Sucre y
Ramírez de la Guerra y Dolores Lavayen y García.
Sangre prócera corría por las venas
del novio; era sobrino segundo del Gran Mariscal de
Ayacucho, por ser su padre primo hermano, y ni se
diga por Lavayen, porque esa gente peleó en
nuestra independencia con gran valor.
Carlota Swayne está orgullosa del matimonio,
aunque su yerno, como todos los Sucre, incluyendo
al Gran Mariscal, era moreno de rostro y tenía
el pelo ensortijado; pero no había duda, pues
en la grave serenidad de sus facciones se denotaba
con honra su ascendencia hasta el famoso Claudio de
Sucre, señor de Wedeigns y de Queberghe, que
a su vez provenía de otro famoso militar, Godofredo
de Succre, Vizconde de Tolosa y Consejero y Sumiller
de Felipe de Valois, Rey de Francia.
UN PRIMO IMPERTINENTE
Por esa época llegó
de Chile un primo de ella de apellidos Bloise y Méndez
La Chica, que muy ufano de sus abolengos comenzó
a tener punto tocado con Sucre, por ser ambos descendientes
de franceses y haber discutido en cierta ocasión
sobre la independencia. Parece que sin querer Sucre
hirió la susceptibilidad del recién
llegado, refiriéndole sus entronques con el
ilustre héroe de Pichincha. Por eso le preguntó
un buen día a Doña Carlota, dime prima,
¿Cómo has permitido que Carlota case
con ese trigueño?
Recibiendo como respuesta:
—José Ramón no es negro, su cara
está curtida de sol, del mismo que atormentó
a su padre y a su tío durante la independencia,
cuando ambos lucharon por dar libertad a América,
a pesar de la cantidad de tontos que como tú
se opusieron.
Es de imaginar qué cara habrá puesto
el rubicundo primo Bloise.
TRAGICA MUERTE A LOS
24 AÑOS
Y como la felicidad no dura mucho,
a escasos tres años de matrimonio la joven
esposa, luego de dar a luz un hijo que llamó
Carlos de Sucre y Sotomayor que con el paso de los
años será nuestro Cónsul General
en París, empezó a sentir un lobanillo
en la parte baja de la espalda, fijo y duro, aunque
indoloro. Al principio no le prestó atención
y luego cuando avisó a todos la novedad, lo
tenía del tamaño de una naranja.
La familia sufrió porque temía que se
tratara de un tumor maligno y llamaron al doctor Alejo
Lascano, que era lo mejor que había en esos
tiempos, éste llegó y opinó que
urgía operar.
Doña Carlota Swayne rezó mucho. El 7
de Junio de 1880 hizo desocupar la gran sala estilo
Luis XV que estaba en la esquina. Todos los muebles
salieron y se colocaron sábanas blancas en
las paredes, de arriba a abajo. Por orden del doctor
Lascano se trajo una mesa de operaciones y pusieron
en la mitad.
Al día siguiente subió la bella Carlota
Sotomayor diciendo textualmente: ¡Subo al cadalso
i La operación duró tres horas, la anestesia
no cogió y los dolores fueron atroces, además,
al hendir la cuchilla el cirujano, las paredes del
cuarto se cubrieron de sangre.
Fue una verdadera carnicería porque las raíces
tomaban los ríñones, pulmones y costillas.
Hubo que desenraizar, cortar y luego coser. La víctima
terminó desmayada y pálida y a las 11
de la mañana murió de paro cardíaco
por falta de sangre. ¡Tanta había perdido!.
LA FAMILIA SUCRE
El inconsolable viudo casó
cuatro años después con su prima Dolores
Rodríguez y Layayen, hija de Francisco Rodríguez
- Coello y Jiménez y de Angela Lavayen y Esparza,
en quien se perpetuó el apellido Sucre, porque
el hijo mayor de este alcance José Ramón
de Sucre y Rodríguez, casó con su prima
hermana Amada Rodríguez y Castillo de donde
se originan:
1) Carmen de Sucre y Rodríguez, casada en Quito
con el señor Gustavo Cabezas y Borja, con sucesión
en la familia Cabezas y Sucre.
2) Don José Ramón de Sucre y Rodríguez,
soltero y
3) Antonio José de Sucre y Rodríguez,
funcionario del Ingenio San Carlos donde vive con
numerosa descendencia, siendo el único pariente
de Sucre que lleva su apellido en Ecuador y es de
cara muy parecido al Gran Mariscal (Con sucesión
en la familia Sucre Zaldumbide).
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