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REVOLUCION
DE LOS CHAPULOS
Salidos del Estero de Chapulo y
cruzando los campos de Palenque
al bélico pregón, el cabalgar ardiente,
gritando libertad, dieron la muerte.
(Canto Chapulo del Siglo Pasado)
En Noviembre de 1884 los broncos caballos de una veintena
de húsares piafaron en los patios de la Hacienda
CHAPULO, en las praderas de Palenque, anunciando al
país que se había iniciado la más
heroica gesta que registra nuestra historia. Ese día
el insigne guerrillero Coronel Nicolás Infante
Díaz, en unión de los más granado
de la juventud liberal encabezada por Emilio Estrada
Carmona, Justo Infante, Crispín Cerezo, Francisco
Borja Lavayen, José Monteverde Romero, Marco
Alfaro, etc., se alzó contra el gobierno de
Plácido Caamaño, secundándole
Eloy Alfaro desde Manabí.
Infante pertenecía a las más antiguas
familias de la cuenca del Guayas por su padre Nicolás
Infante Bustamante y por su abuela que era de la misma
familia Bustamante que tantos hombres famosos ha dado
en Ecuador. Nada le faltaba para ser un petimetre,
pero su espíritu de amor a la libertad le impulsó
a tomar las armas desde joven,
El día 23 ocupó Palenque y dos días
después ya estaba en Balzar sorprendiendo a
la escasa guarnición de esa localidad. Sus
partidarios le proclamaron Jefe Supremo de la Provincia
de Los Ríos y él designó secretario
a Emilio Estrada. El 28 derrotó a las fuerzas
gobiernistas en Maculillo, sacando en fuga al jefe
contrario general Secundino Darquea Iturralde, que
más experimentado, tomó desquite el
9 de diciembre en Piscano, logrando desbaratar el
grueso de las guerrillas; los sobrevivientes se internaron
al corazón bravío de la selva.
FUSILAMIENTO DE NICOLAS
INFANTE
A los pocos días Infante fue
apresado y llevado a Palenque; el calendario marcaba
el 31 de diciembre de 1884. Fue condenado a muerte
en juicio sumario, a pesar que la Constitución
vigente prohibía la pena capital para delitos
políticos y la ejecución se llevó
a cabo en horas de la mañana del lo. de enero
de 1885.
Infante demostró una gran entereza de ánimo.
Bien sabía que su muerte había sido
decretada mucho antes y desde la secretaría
de la gobernación de Guayas por un joven conservador
–sobrino de García Moreno- que después
del 5 de junio de 1895 se hizo liberal y llegó
a Presidente de la República en los regímenes
placistas, cambiando como el camaleón de la
canción:
El camaleón, papá
El camaleón, mamá
cambia de colores
según la ocasión.
A las 9 de la mañana le armaron una capilla
en la celda en que guardaba prisión. Dos cirios
y un crucifijo convirtieron el lugar en sitio por
demás tétrico. Infante, que no era bobo,
adivinando lo que le iba a suceder pidió "recado
de escribir" (tintero antiguo con gavetas que
se usaban para guardar papel y canutero) escribió
su testamento, ordenó sus asuntos particulares,
reconociendo las deudas y declarando las acreencias
que tenía. A las 11 le llevaron el almuerzo
y lo rechazó jocosamente diciendo: ¿Para
qué?". Esta noche cenaré con Plutón
en los infiernos", aludiendo a las reiteradas
súplicas de arrepentimiento que le formulaban
el Capellán del Ejército y el Presbítero
D' Stéfano, de nacionalidad italiana.
— ¡Confiésese hijo mío!
¡Es bueno para el alma! Repetía el obstinado
Capellán y el prisionero dale que dale se negaba
a ello. Al fin después de mucha discusión
triunfó su necedad y fue dejado solo para que
se ponga elegante, como había sido siempre,
en otros tiempos, cuando "niño bien"
paseaba su garbo a caballo en las calles de Vinces
y Palenque.
A las 12 salió de prisión vestido de
negro y cubierto con un "jipijapa" legítimo.
— ¡Si está mejor que nunca! Comentan
algunas curiosas— ¡Si el niño Nicolás
no ha hecho nada!— Sollozan las que más.
Todos lo conocen en el pueblo, como que lo han visto
crecer, pero nadie actúa por miedo a la tropa
que está alerta y guardando celosamente.
Infante va maniatado entre los dos padres que no pierden
ocasión para insistir en lo de la confesión.
—"¿Para qué? De nada tengo
que arrepentirme". Llegan al lugar señalado,
hay mucho ruido de tambor y corueta, todo se hace
en orden, como debe ser, según antiguas prácticas
militares.
Un oficial se acercó y ordenó a dos
soldados que vendaran al prisionero. El reo protestó
pero el oficial no ceja y entonces Nicolás
Infante da su pañuelo —rojo como el partido
en que milita— para que se cumpla el reglamento
hasta el final. Después suena una descarga
y nadie sabe que más habrá pasado. Sólo
se conoce que el cadáver fue enterrado sin
mayor ruido. El sol equinoccial seguía en el
cenit, pero la libertad estaba de luto.
LAS GUERRILLAS CONTINUAN
Los partidarios del héroe no
estaban del todo vencidos. Quedaban' muchos valientes
en los campos, huyendo y atacando a la vez, en labor
de ablandamiento para hostigar y cansar al gobierno.
El Coronel Francisco Ruiz Sandoval, especie de Che
Guevara del siglo pasado, Crispín Cerezo y
otros más, siguen en armas.
El peor combate fue el de Quinindé el 18 de
diciembre de 1886, casi a los dos años de la
muerte de Infante. El día anterior los Chapulos
habían perdido en la hacienda "La Aurora"
y se retiraban apresuradamente cuando fueron sorprendidos
en Quinindé por las fuerzas del General José
María Sarasti, que realizaron una verdadera
carnicería. Allí murió Cerezo
acompañado de su no menos legendaria amante
la bella Leonor Cayche y de sus compañeros
Silvino Parrales, Armando Páez, Antonio Ángulo,
Luis Blanca, Joaquín Ortiz e Ismael Pérez,
y quedaron gravemente heridos José Monteverde
Romero y Justo Maldonado.
Al mes siguiente algunos fugitivos se reagruparon
y marcharon por la selva de Palenque hacia Daule,
el 27 de Febrero de 1887 llegaron al sitio Guabito,
en el cual tuvo lugar un encuentro que perdieron.
Otros huyen hacia el norte, llegando a la frontera
con Colombia y pasando después a Lima, donde
se entrevistaron con Alfaro, que también había
sido derrotado en las costas de Manabí.
Ruiz Sandoval salió definitivamente del Ecuador,
continúo sus aventuras en Centroamérica,
hasta fallecer batallando por la causa liberal en
1907 en Guatemala, después de treinta años
de continua guerrilla. ¡Así eran antes!
En Guayaquil Plácido Caamaño se fortificó
y ordenó mano de hierro con todos los cabecillas.
Su cuñado Reinaldo Flores Jijón impuso
la pena de muerte a un mocetón enamoradizo
y liberal: Amador Viteri, fusilado frente a la antigua
cárcel municipal (calle Julián Coronel).
Minutos antes de su muerte Viteri caminó al
patíbulo en medio de una enorme multitud de
curiosos y al pasar bajo el balcón de la casa
del Gobierno, viendo que éste atisbaba, entre
curioso y asustadizo, con forzada sonrisa de Napoleón
triunfante en Austerlitz, Viteri, indignado, le grito:
—¿De qué te ríes, tirano?.
Pronto irás al infierno, pero hasta que llegue
ese día tu vida será la de un miserable.
Un autor conservador, en infantil afán de hacer
triunfar siempre a sus héroes, aclara a los
lectores que Flores Jijón jamás subió
al patíbulo, pues murió plácidamente
en su cama, en el pueblito de Barranco (Perú)
y encima agrega, que murió arrpentido por haber
sido demasiado condescendiente con las ideas liberales.
Prueba de ello es que no contento con la muerte del
joven Viteri, el 20 de Junio de 1888 mandó
a fusilar en Guayaquil a otro muchacho revoltoso llamado
Isidoro Lara y Espinosa, por el pecado de ser liberal
y partidario de Alfaro y de haberse dejado pillar
por la policía cuando repartía unas
hojitas volantes en las que se acusaba a la argolla
dominante.
En esta época los guerrilleros solían
cantar una tonada muy en boga, llamada "palo
colorao" que les recordaba su origen en Guayaquil
en los altos del cerro Santa Ana, barrio de Ciudavieja.
Aquí van los versos:
PALO COLORAO
Allá arriba en ese cerro
tengo un palo colorao
donde pongo mi sombrero
cuando estoy enamorao.
Allá arriba en ese cerro
hay un pozo de agua clara
donde me lavo las piernas
y tú te lavas la cara ...
Se entiende que los cuartetos eran dirigidos al enemigo
gobiernista, por los jóvenes "Chapulos".
UNA LORA LIBERAL
Cuentan que una familia liberal vivía
frente a otra conservadora en el callejón Gutiérrez,
sito en el antiguo barrio Villamil de nuestro puerto.
Ambas casas estaban ubicadas frente a frente y en
una de las ventanas, colgada de un palo lucía
su vistoso plumaje una lora liberal, que todo el santo
día gritaba: "Viva Alfaro, Carajo".
Las vecinas ya no sabían qué hacer con
la lora, pero educadas como eran, hacían oídos
sordos a sus imprecaciones, además era muy
divertida y practicaba la mar de gritos y chillidos
enseñados por su dueña. Los grandes
apuros venían cuando el señor Obispo
anunciaba visita. Allí era distinto porque
tenían que mandar recados a las liberales del
frente para que "escondieran a la lorita, por
favor".
Cuatro o cinco veces se realizó la operación
y ya cansada la lora de las continuas visitas de Su
Reverencia, que le costaban otros tantos encierros,
dizque prometió callar en la siguiente oportunidad,
con gran contento de las vecinas que se ahorraban
el recado y las molestias. (1)
Días después el Obispo volvió
a anunciar visita y llegado el momento pasó
por el callejón con dirección al portal
de las Moran y posó sus ojos en la lora, que
era gorda y grande en extremo y asombrándose
de no haberla visto antes le grito: "Lorita real,
lorita real". Siendo contestado:
—Alto allí Su Reverencia, a mi no me
haga española, que soy esmeraldeña.
Ni realista, ni conservadora. "Viva Alfaro Carajo".
¡La lora era incorregible!
(1) La lora era de Detfina Torres de Concha y al frente
vivía Domitila Moran de Jurado. Nota del autor.
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