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EL DIA
DE SAN JOSE
El 7 de Febrero de 1869 el flamante
presidente Interino García Moreno expidió
un Decreto convocando para el 16 de Mayo a una Convención
Nacional en Quito. Ese mismo día inició
una campaña electoral para obtener nominaciones
a sus adictos y en efecto lo consiguió ya que
la oposición no intervino por encontrarse perseguida
y oculta.
Sin embargo el pueblo guayaquileño no estaba
conforme con tanto abuso y solo esperaba la salida
de García Moreno y sus militares que viajaron
a Quito, para proclamar la revolución dando
vivas al General José de Veintemilla, hombre
de mucho arrastre y personalidad.
La fecha acordada se tuvo que adelantar por temor
a las denuncias reservadas que pudieran existir, así
es que en la noche del 19 de Marzo, día de
San José, el Comandante Francisco Rendón,
Jefe de Batallón No. 3 de Infantería,
apresó a los Coroneles Manuel Avila y Manuel
Santiago Yépez, Jefes de La Artillería
y No. 1 de Infantería respectivamente, que
se encontraban en casa del Canónigo José
Aragundi, en divertido baile, celebrando al "Doctor
Pepeillo" como cariñosamente se le conocía
a Aragundi.
A las seis de la mañana del 20 se detuvo al
Comandante Militar Coronel Secundino Darquea que dormía
en su hogar, llevándolo al cuartel de la Plaza
de San Francisco, junto a Avila, porque Yépez
había logrado fugar desde una ventana, saltando
a la calle, donde fue recogido por un transeúnte
que lo condujo a su casa. Allí lo acogió
su esposa Margarita Rivadeneyra, mujer de fama en
los contornos porque más parecía un
general que otra cosa, que le curó y dejó
en cama para que descansara, mientras ella, con las
pistolas de su adolorido cónyuge, salió
a la calle y entre gritos y tiros, condujo a una multitud
de curiosos y admiradores por el Malecón hasta
Las Peñas, donde permanecía el batallón
de su marido, que la recibió en triunfo.
Eran las 8 de la mañana y la intrépida
Margarita ya contaba con la adhesión de las
Guardias del Hospital, la Policía y el Resguardo
de Aduana; en su ayuda acudieron los Comandantes Antonio
J. de Sucre y Lavayen y José María Quiroz
y el Coronel José Manuel uraga, que se hizo
cargo de la dirección del movimiento contra
revolucionario. A las 8:30 comenzó el contrataque,
dispersando a los revolucionarios por la actual calle
Rocafuerte hasta 9 de Octubre donde estaba el Cuartel
de Artillería en el que guardaban prisión
Darquea y Avila. A las 9 el tiroteo era generalizado
y el sector de la Plaza San Francisco se convirtió
en escenario de combates callejeros en los que ambos
bandos desplegaron arrojo al por mayor. Se habían
levantado barricadas en los zaguanes y cada casa se
tomaba por asalto.
MISTERIOSA MUERTE
Mientras tanto el general Darquea
permanecía encerrado en un altillo al que llegaban
las balas de los leales y esto lo puso nervioso. Insistió
en hablar con Veintemilla por dos ocasiones y a la
tercera consiguió su visita: "Compañero,
-le dice- trasládeme a otro sitio, porque aquí
hay peligro de muerte y no es dable ni honroso morir
de esta manera, sin combatir....."
Veintemilla ordenó al guarda. Teniente Manosalvas,
que custodiara al General hasta conseguirle otro sitio
y en esos momentos dicen que recibió un certero
disparo que le atravesó el cráneo por
el medio de las cejas, dio cuatro pasos atrás
por la violencia del impacto y cayó muerto
de contado, de espaldas al suelo y con un rictus de
sorpresa en el rostro. (1).
1) Que Veintemilla al oír un ruido en la calle
se asomó a la ventana y estando uniformado
de etiqueta, con sombrero bicornio de plumas, charreteras
y dormanes de hilos de oro, hizo blanco perfecto para
que un francotirador le disparare.
2) Que Veintemilla fue asesinado por el Teniente Manosalvas
en complicidad con Darquea, y que más tarde
inventaron lo del tiro en la ventana.
3) Que Manosalvas le disparó a Veintemilla,
a motus propio, sin que Darquea haya premeditado el
asesinato.
En todo caso la muerte de Veintemilla y libertad de
Darquea puso en fuga a los completados que huyeron
en todas direcciones. Un mes después García
Moreno premió a sus leales Darquea y Uraga,
ascendiéndoles a Generales de División.
CONVENCIÓN DE
1869 Y CARTA NEGRA
Como de costumbre, la Convención
se instaló en Quito el mismo día para
la que fue convocada por García Moreno, con
la asistencia de lo más granado del partido
garciano. Concurrieron los cuñados Roberto
Ascázubi e Ignacio de Alcázar; los cómplices
de la pasado, revolución contra Espinosa, Sres
. Felipe Sarrade, Rafael Carvajal y Nicolás
Martínez,
(1) Esta escena ocurrió en el ropero, un cuarto
de almacenar uniformes.
Drs. Pablo Herrera y Elías Lazo y Generales
Julio Sáenz y Francisco X. Salazar y religiosos
como José Ignacio Ordóñez y José
María Aragundi y otras mediocridades políticas
más.
Sobre tan misteriosa muerte existen tres versiones:
El 29 de Julio y después de una solemne misa
se efectuó en el interior del templo de La
Compañía la votación presidencial
resultando electo García Moreno con todos los
sufragios menos dos, el de su cuñado Ascázubi
que por delicadeza votó por el General Darquea
y el de Pedro Ignacio Lizarzaburu, que lo hizo por
el General José María Guerrero.
García Moreno se excusó de aceptar el
mando porque había jurado por Dios y por el
pueblo no desempeñar tales funciones en memorable
manifiesto aparecido en Quito el 17 de Enero de ese
año, pero el Dr. José Ignacio Ordóñez
le pidió que reconsiderare tal negativa porque
"en ciertos casos" es lícito perjurar
cuando la Patria está de por medio; con ese
sofisma de aldea García Moreno retiró
su excusa y se mostró complacido. Será
presidente por 6 años y luego lo reelegierán
sus amigos por otros 6, pero el machete homicida de
Rayo acabará con su existencia en 1875 interrumpiendo
su mandato.
La Constitución que adoptó esta legislatura
fue bautizado con el nombre de "Carta Negra"
por sus repetidos errores e injusticias. No se necesitada
ser un jurista consumado para notar a simple vista
que el solo hecho de dividir al país en católicos
y no católicos, concediendo a los primeros
la ciudadanía y a los segundos negándoles
todo elemental derecho constituye un error gravísimo
y de fatales consecuencias en cualquier país
civilizado; razón por la que esta Constitución,
aborto maléfico de un grupo de inadaptados
y fanáticos, quedó destruida a los pocos
meses del fallecimiento de García Moreno y
a pesar de los esfuerzos de unos cuantos obstinados
que a todo trance quisieron conservarla.
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