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RATAPLANES
DE ANTEPARA
En 1809 vivía el General Francisco
de Miranda en una elgante mansión ubicada en
Graiton Street, en el elegante barrio londinense de
Picadilly, exilado de su patria después de
la derrota de 1803 y como no está pobre ni
mucho menos, le agrada recibir y atender a sus amistades
con el don de gentes que lo caracteriza y que le ha
permitido triunfar en las principales cortes europeas,
rumorándose incluso que llegó a ocupar
el lecho de la casquivana Emperatriz Catalina II de
Rusia, de quien seguía siendo protegido.
Miranda es considerado hombre de recursos y actitudes
y una especie de héroe semi - romántico
en quién los jóvenes admiran al sobreviviente
de la época del terror francés, cuando
actuó como General de esa república.
Los Ingleses, queriendo opacar a Napoleón,
lo presentan como héroe verdadero.
Entre sus visitantes está el Canónigo
José Domingo Cortés de Madariaga que
goza de todas sus confianza»; quien le escribe
haber conocido a un joven americano llamado José
María de Antepara, muy metido en negocios en
México y de visita en Londres, a fin de adquirir
un trapiche para las propiedades de su esposa. Días
después fue conducido a Miranda, que lo sumó
al grupo de caballeros masones que él dirigía
con fines revolucionarios, comenzando allí
su epopeya, pues se olvidó del trapiche y de
la esposa y dedicó por entero a servir a Miranda,
publicando en 1810 en la Imprenta de Monsieur R. Juigne,
situada en Margaret No.17, Cavendish Square, la obra
titulada «Emancipación Americana»
con «documentos históricos y explicativos
que muestran los propósitos en curso y los
esfuerzos hechos por el General Miranda para conseguirla,
durante los últimos veinticinco años»
en un volumen íntegramente pagado por Antepara
y escrito en estilo claro fácil y ameno, que
el muestra como hombre de excelente cultura, de donde
se ha originado el infundio de que fue jesuita expulsado,
lo que no es verdad.
Y tan entusiasmado se mostró Antepara con la
independencia que surgió en él una nueva
iniciativa, publicando «El Colombiano»,
periódico de ocho páginas, de a dos
columnas, que salió en Londres el 15 de marzo
de 1810 y llegó al número cinco el 15
de Mayo siguiente, deteniendo su circulación
por dificultades políticas y económicas.
«El Colombiano» tenía un lema tomado
de las obras de Cicerón, muy a propósito
porque trata sobre la libertad del hombre. Fue prohibida
su circulación en España y hasta calificado
de «Papel incendiario» y también
se impidió su libre introducción en
América, pero nuestro paisano se las ingeniaba
para burlar las aduanas guardando «El Colombiano»
entre ornamentos sagrados, y manos amigas lo recogían
al abrir los cajones, librándole de las llamas
inquisitoriales.
En la Logia conoció Antepara a ilustres americanos
de la talla de Simón Bolívar, Andrés
Bello y José López Méndez quienes
arribaron a conferenciar con Miranda el 9 de Julio
de 1810, a bordo de la goleta «General Lord
Wellington» comisionados por la Junta Central
de Caracas.
El 19 los recibió el Ministro Wellesley en
el Foreing Office, a donde los llevó Miranda.
Esta recepción contó con la asistencia
de otros próceres americanos entre los que
estuvo Antepara, después Miranda los invitó
a su casa y allí tuvieron la oportunidad de
tratarse. El propósito de los comisionados
no era otro que solicitar el apoyo de la armada inglesa
para el caso que Francia, por entonces dueña
de España, bloquease las costas de Venezuela.
El Embajador de España, Duque de Alburquerque,
presentó una nota de protesta ante la cancillería
británica y solicitó a la prensa que
no diera el título de «Embajadores americanos»
a Bolívar y sus compañeros, sino el
de simples insurgentes.
Dos años después Simón Bolívar
y otros más entre los que se encontraba Antepara,
desembarcaron en Venezuela portando varias ofertas
de ayuda de los ingleses y anunciando la pronta llegada
de Miranda. La campaña militar fue sangrienta
y a la postre Miranda fue entregado a los españoles
que lo enviaron a una de las carracas de Cádiz
cargado de cadenas y prácticamente sentenciado
a prisión perpetua, pero la muerte se lo llevó
en 1816. Bolívar y Antepara lograron salvarse
la noche de la traición y embarcados en el
bergantín «Saphire» fugaron a Curazao,
donde Antepara debió escoger entre viajar a
México donde lo esperaba su esposa e hijo o
regresar a Guayaquil a casa de su madre y hermana.
Al final y después de muchos titubeos, prefirió
viajar a Guayaquil, donde no sería reconocido
tan fácilmente como en Méjico, por ser
un pequeño puerto de provincia y no una poderosa
capital de Virreynato.
Lo más probable es que arribara en 1813 por
la vía de Panamá pero la fecha exacta
se ignora. Destruge menciona que Antepara figuró
entre los valientes defensores de Guayaquil en Febrero
de 1816 durante la invasión de las fuerzas
navales del Almirante Guillarmo Brown, confundido
como pirata.
Rocafuerte llegó en junio de 1817 y encontró
a Antepara, se hicieron amigos y le enseñó
francés, a condición de que transmitiera
la enseñanza de dicho idioma a otros más
y que lo practicara leyendo la Historia de los Estados
Unidos por el Abate Reynal, el Contrato Social de
Rosseau y el Espíritu de las Leyes de Montesquieu
y propagara sus ideas en nuestro medio. Y como el
viejo periodista no había olvidado su vocación
de escritor, en 1819 comenzó a enviar unos
«Rataplanes» al cascarrabias Juan Mendiburo
Gobernador de Guayaquil. Van algunos rataplanes: //Tenga
cuidado don Juan /porque este pueblo insurgente /le
ha de jugar, de repente /alguna... de rataplán
/aludiendo al sonido de los tambores que asemeja un
rataplán cuando se toca retirada.
Aquí va otro //Cuidado señor don Juan
/se caiga de la maroma le aseguro que no es broma
/lo que preparándole están. /También
se conoce un tercero //Señor Mendiburo, alerta
/alerta, señor don Juan /porque la cosa es
muy cierta /y un bromazo le darán // siendo
lo más importante que estos rataplanes les
llegaban a los Gobernadores de las formas más
sutiles y siempre en los momentos menos pensados como
si algún espíritu lo estuviera persiguiendo
y conociera todos sus movimientos.
Y tanto molestó al Coronel Juan Mendiburo con
estos «Partes de Novedades rimados y confidenciales»
que éste pidió licencia y se alejó
a Lima, siendo sucedido por el Coronel Vasco Pascual.
De esa época es su amistad con José
de Villamil y Joly, expulsado de Maracaibo por el
Gobernador español Mirayes, debido a que se
había comprometido con sus dos hermanos en
un complot organizado por los Diputados de las Cortes
de Cádiz para declarar una revolución
liberal en América, contra el régimen
de Fernando VII. (1).
Antepara y Villamil realizaron los preparativos del
revolución de Octubre y en la madrugada del
día Lunes 9 de Octubre de 1820 intervino al
igual que otros próceres rindiendo al batallón
Daule acantonado en la ciudad y luego tomando el Fortín
de las Cruces. El 8 de Noviembre de ese año
se reunió el Colegio Electoral del Guayas,
asistió como Diputado por Guayaquil y le designaron
Elector-Secretario, tocándole el honor de ser
coautor -en junta con Olmedo- del anteproyecto del
Reglamento Provisorio que se aprobó y sirvió
de Constitución Política. Tres días
después, el once, el Coronel Juan de Dios Arauxo,
Comandante General de la Plaza, solicitó y
obtuvo que Antepara fuere designado su Secretario,
actuando al siguiente año como Ayudante de
Campo del General Antonio José de Sucre con
quien combatió en la segunda batalla de Huachi.
En un momento crucial Sucre le entregó una
orden que debía ser comunicada al otro flanco
y no queriendo Antepara dar un rodeo para evitar las
balas enemigas, se lanzó en veloz carrera sobre
brioso corcel. Poco trecho después murió
atravezado por un disparo. No pudo llegar a su destino
quién jamás faltó a la cita de
honor que hizo desde muy joven con la diosa libertad;
mas, en El Patriota de Guayaquil, con motivo de sus
honras fúnebres, se escribió que habiendo
caído prisionero y rendido, fue masacrado por
los españoles.
Ignórase donde están enterrados sus
restos porque como esa batalla la perdimos, nuestras
tropas regresaron a Guayaquil en retirada, dejando
a sus heridos, prisioneros de los españoles.
I en la reseña de sus honras, que se celebraron
en el templo de La Merced, solo se menciona que se
levantó un túmulo en su memoria sin
hablar de cadáver o restos.
(1) De Maracaibo salió en 1812 Villamil y luego
de recorrer muchos puertos llegó a Guayaquil
donde contrajo matrimonio con Ana Garaycoa y Llaguno
teniendo numerosa descendencia. Por 1820 Villamil
figuraba entre los más destacados vecinos;
con Antepara ordenó la celebración de
un baile en su casa y mientras los invitados departían
alegremente en los salones de recibo, situada en el
cañón posterior y numerosos patriotas
discutían los pormenores de la revolución,
en una salita alejada que se llamó La Fragua
de Vulcano.
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