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PROCESIONES
DE ANTAÑO
La más importante por el lujo
que derrochaba el vecindario era la de los santos
patronos de las Iglesias y una que otra especial,
por el colorido que imprimían sus principales
personajes. Veamos las mejores.
PROCESION DEL SANTO
SEPULCRO
Tenía lugar el sábado
santo y se costeaba con limosnas solicitadas por caballeros
de la localidad que en compañía de muchachos
con bandejas o fuentes de plata, subían a las
casas por dinero. Hacia 1880 fue prohibida por el
clero pues se prestaba a burlas y saínetes;
sin embargo, en sus mejores épocas, fue un
espectáculo realmente asombroso. Había
monumentos arreglados en diversas esquinas de la urbe
y se rezaba una estación a cada paso. El árbol
con Judas ahorcado representado por un muñeco
grande de trapo; la última cena con viandas
y potajes que efectivamente eran consumidos por los
actores y delante del pueblo; la esclava de Caifas
con la escoba en brazo; los nazarenos coronados de
espinas y pintadas las caras con achiote para simular
sangre; las mujeres de Jerusalén, grotesca
comparsa de lloronas y arrepentidas que gemían
las desgracias de los futuros judíos y en fin,
tantas escenas como la imaginación y el dinero
lo permitían, hacían de esta procesión
la mejor y más rumbosa del puerto.
PROCESION DE LA RESURRECCION
Se iniciaba a las 4 de la mañana
del Domingo de gloria al son de alegres campanas que
anunciaban la resurrección del Salvador. El
pueblo, ya de pie, esperando la grata novedad y miles
de personas se abrazaban de júbilo.
Del templo de San Francisco salían tres grandes
grupos de fieles, unos con San Juan (persona disfrazada)
tomaba por la calle "Bolívar" y en
la esquina del Malecón espera la llegada de
Verónica (mujer vestida a la antigua) que ha
salido por 9 de Octubre con ese fin. Ambos buscan
al Señor; al verse, San Juan se acercaba y
entonces ambos se saludaban con tres reverencias y
muchos gritos de bienvenida que lanzaban los bandos.
En seguida se dirigían a la antigua calle de
la Municipalidad donde se topaban de buenas a primeras
con el mismísimo Jesús, que ya ha resucitado
y nuevas venias y mayores gritos. Acto seguido la
procesión encabezada por Cristo, con Verónica
y San Juan, recorrían la calle del Arzobispo
—hoy Mejía— luego las de Pichincha,
Luque (que fue la primera empedrada) y Pedro Carbo,
retornando al templo de origen a las 6 de la mañana
a oír misa y comulgar en masa.
OTRAS PRACTICAS NOTABLES
En general era durante Semana Santa
cuando más limosnas solicitaba el clero y era
fama que jamás se birlaba un sólo centavo
gastándolo todo en el mayor boato de la recordación
del sacrificio, muerte y resurrección del Salvador.
Desde el Martes Santo numerosos chicuelos salían
a pedir al comercio para el arreglo de los monumentos
del Jueves, no faltando los que sacaban en andas a
algún santo de su preferencia pidiendo erogaciones
para construir un altar; costumbre que hoy se ha vuelto
a poner en boga en el sector de la plaza del sur donde
llevando en andas a "La Doloroso" cuatro
interioranos presididos por una mujer con campanilla,
que hace sonar en los oídos de los transeúntes,
piden plata a más y mejor. Bien por el folclor
nacional y mal por los abusos a que pueden prestarse
esta antigua práctica religiosa.
LAS HERMOSAS Y TRAGICOMICAS
TINIEBLAS
"Tinieblas" es el nombre
de una de las más viejas y tradicionales ceremonias
que nos legara España. Hasta hace pocos años
se celebraron en la iglesia de San Francisco y era
de ver la enorme cantidad de público que concurría.
En efecto, una noche al año, los clérigos
de cada convento tenían que cerrar las puertas
del templo con gran concurso de personas en su interior
y luego de esto, en completa obscuridad, sacando fuerza
de flaqueza, asestarse duros latigazos entre ellos,
en expiación de culpas. Casi siempre las Tinieblas
se realizan en Cuaresma, tiempo propicio para la expiación
y el perdón.
Esta hermosa práctica cristiana fue degenerando
con el andar de los siglos hasta transformarse en
una farsa, por culpa de malcriados mocetones que lejos
de inspirarse y recogerse ante los ayes y lamentos
de dolor que oían, haciendo mofa de la mortificación,
gritaban a más y mejor, aprovechando la falta
de luz para regalar "panes de boda" a los
demás asistentes.
Y no crea el lector que esos panes eran comestibles,
por el contrario, con este nombre conocían
nuestros abuelos a las pelotas de cera coloreada que
unidas a una cuerda de cáñamo ocasionaban
golpes y contusiones al que las recibía, lastimando
cuerpos y cabezas a discreción.
Otros concurren con alfileres, pinchando a los vecinos
y uniendo sacos, levitas y personas para que a la
salida se empujen. Algunos se golpeaban contra las
paredes simulando penitencia, pecadores arrepentidos
o síntomas de delirio. El Obispo doctor Roberto
María de Pozo Marín prohibió
estas escenas de Tinieblas, pero como su gobierno
fue corto, ni bien iba saliendo de la Diócesis
cuando nuevamente se reiniciaron las tinieblas en
su antiguo esplendor.
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