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UN TRAGO
AMARGO
Quizá el más desagradable
incidente que ocurrió a Marcos en Colombia
fue el relacionado con el empréstito que hiciera
Rocafuerte en 1826, durante su estadía en Londres
como Ministro encargado de México, por ausencia
del titular General José Mariano Michelena.
En esa época el Ministro de Colombia en Inglaterra
señor Hurtado rogó a Rocafuerte que
intercediera ante México para que esta nación
prestase 63.000 libras esterlinas que Santander necesitaba
para arreglar los créditos pendientes de la
independencia y que no podía hacer al momento
debido a la quiebra de sus banqueros: la Casa Goldsmidt
y Co.
Entonces Rocafuerte ordenó a "Barclay,
Herringand Co." que pagase al Ministro Hurtado
con cargo al gobierno mexicano; pero al conocerse
la negociación en ese país la opinión
pública y el gobierno la desaprobaron. Dura
lección para nuestro generoso compatriota que
tuvo que escribir a Bogotá solicitando la rescisión
del contrato, sin siquiera obtener respuesta. Estaba
visto, en este mundo no se puede hacer caridad con
bolsillo ajeno ....
Marcos insistió en el punto y solicitó
que se dieran de baja a las famosas 63.000 libras
esterlinas con el objeto de disminuir nuestra cuota
de pago en la Deuda Inglesa, así llamada por
ser de esa nacionalidad la mayor parte de los tenedores
de bonos. Los representantes de Colombia y Venezuela
se negaron a aceptar el pedido y llegaron incluso
a poner en duda la honestidad de Rocafuerte, diciendo
que la totalidad del dinero prestado por "Barclay,
Herring and Co." jamás fue cargado a la
cuenta corriente que la Gran Colombia tenía
en Londres, porque algunas libras se extraviaron en
el camino, en manos de intermediarios.
Al respecto cabe pensar que fue Hurtado y no Rocafuerte
el beneficiario de esa suma, porque habiéndose
revisado los libros de cuentas con posterioridad y
a pedido del propio Dr. Marcos, se encontró
que Hurtado tomó algunas libras para cancelar
créditos de la legación en Londres y
poner al día varios adeudados, enviando la
diferencia a América en dinero y efectos para
la guerra. En conclusión, el capital se había
evaporado en diversos pagos y compras hechos en Londres.
Años después la nación mexicana
negoció la parte ecuatoriana en esta deuda
de 63.000 pesos y vendió los derechos de acreedor
a un señor de apellido Martínez del
Río con el 50 % de depreciación. Durante
la primera administración del General Eloy
Alfaro, los herederos comisionaron a Miguel Valverde
para que a nombre de ellos gestionara el pago, que
no se realizó por falta de palancas; Valverde
por esos años estaba en la oposición,
como oportunamente informó a México
Ignacio Robles, Cónsul Ad-Honorem de ese hermano
país en Guayaquil.
Posteriormente en 1942 y con motivo de la visita que
el doctor Carlos A. Arroyo del Río hizo a esa
capitel azteca, tuvo la contrariedad de toparse con
varios cobradores en las puertas del hotel donde se
hospedaba y hasta leyó una serie de publicaciones
periodísticas que reclamaban la quinta parte
de 63.000 libras esterlinas, mas los intereses vencidos
al 3% anual, desde 1824 inclusive, a interés
simple... ¡Felizmente!.
Por supuesto que aún seguimos en mora con los
herederos de Martínez del Río, que no
pierden sus esperanzas y quizá cobren algún
día ¡Ojalá!.
LA FAMOSA DEUDA ANZOATEGUI
Por 1836 también fue motivo
de contrariedad para Rocafuerte los reclamos que Miguel
de Anzoategui y Cossío formuló al gobierno,
solicitando el pago de varias obligaciones suscritas
por el estado con su garantía personal. El
asunto era simple, pero, a la vez, oscuro, por encerrar
un negociado de Flores.
Ya desde 1833 José Joaquín de Olmedo
y José Félix Valdivieso veladamente
acusaron al General Flores de realizar peculados desde
las altas esferas de la administración pública.
Estos datos llegaron hasta la redacción de
Pedro Moncayo, en "'El Quiteño Libre"
y salieron a luz, lo que ocasionó la persecución
de los principales dirigentes de la sociedad y el
cierre del mencionado órgano de prensa.
Flores era hombre de escasos recursos económicos,
había vivido de su sueldo como miembro del
ejército grancolombiano y una vez en el poder
ayudó a varios comerciantes en Guayaquil con
el objeto de que realicen ganancias no muy lícitas
en las aduanal. Se mencionaban los nombres de los
señores Armero, Mandracha, Ibáñez,
Pereira, Vicente de Espantoso, Miguel Andrade Fuente
Fría y Vicente Ramón Roca.
Por otra parte, sin fondos para gobernar, habilitó
un puerto ubicado en la Bahía de Pailón
en Esmeraldas para la libre introducción de
mercaderías al país, restando ingresos
al erario nacional y produciendo una seria crisis
fiscal que le obligó a contraer un préstamo
en dinero con varios usureros de Guayaquil. Las condiciones
no podían ser peores, se estipularon intereses
al 3% mensual capitalizados cada tres meses.
OTRAS CONDICIONES ACCESORIAS
El capital se elevó a los 330.000
pesos-oro con Hipoteca sobre buena parte de las rentas
nacionales y especialmente la que producen las aduanas
del puerto principal. Esta propuesta de Flores se
concretó en carta del 28 de Mayo de 1833 y
los prestamistas aceptaron solicitando una segunda
garantía consistente en la firma de un comerciante
guayaquileño, en cada Pagaré, para tener
doble acción judicial, una contra el estado
y otra contra un particular, en caso de incumplimiento
o mora en el pago de los intereses y el capital.
Flores trató con su amigo Miguel de Anzoátegui
y ambos pactaron lo siguiente: El primero comprará
para sí y con parte del dinero prestado, la
hacienda La Elvira, de propiedad de Anzoátegui,
en la jurisdicción de Babahoyo y el Molino
de la Chima y pagará a un precio mayor del
que tienen, para que el segundo se beneficiase con
la venta. Anzoátegui a su vez garantizaba al
estado ecuatoriano en la totalidad del crédito.
Negocio redondo para ambos o por lo menos para Flores;
porque el crédulo de Anzoategui en lugar de
hacer una buena venta perdió con esta garantía
no solo su fortuna sino también su tranquilidad,
muriendo años después exilado en Panamá
y en aguda crisis económica por salvar su firma
y honor de caballero.
El Préstamo era a todas luces inconstitucional
porque Flores no podía por propia voluntad
contratar a nombre del Estado, sin autorización
del Ministro de Hacienda y del Congreso Nacional;
pero ¿Quién se oponía en aquellos
tiempos a la omnímoda voluntad del fundador
de la República?.
El doctor José Joaquín de Olmedo desde
Guayaquil dio la voz de alerta a la nación
y sufrió el desaire de no ser respondido.
CONSECUENCIA DE LA
DEUDA ANZOATEGUI
Así fue como Flores se apropió
de la hacienda La Elvira y el Molino de la Chima de
granos importados del exterior. Anzoátegui,
que al principio hizo buen negocio con la venta; luego,
cuando el gobierno no pagó los primeros intereses
ni abonó el capital, se hizo cargo del pago
total del crédito y fue a la quiebra. En el
Congreso Nacional de 1837 reclamó las primeras
sumas y Rocafuerte ordenó que se le abonasen
los intereses solamente.
Al siguiente año volvió a reclamar Anzoátegui
y el presidente Rocafuerte le dijo: "Por ser
usted un buen padre de familia, le pagaré los
intereses, si los rebaja del 3 al 1,5% mensual".
La oferta fue aceptada y el pobre comerciante regresó
al puerto, mohíno y contrito, sabiendo que
jamás podría cobrar su dinero.
Posteriormente la famosa deuda Anzoátegui fue
varias veces presentada a la nación; hasta
que hace pocos años un gobierno ordenó
su pago y la reconoció legal, como imprescriptible
y de honor. Veremos si los herederos de Anzoátegui
y/o sus cesionarios, logran cobrarla algún
día. ¡El tiempo lo dirá!.
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