TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


..............................................................................................................................................................................................................

POR PUESTA DE MANO
Cuando el día 2 de Junio de 1822 se conoció en Guayaquil la victoria de Pichincha, los vocales de la Junta de Gobierno redactaron una Proclama de felicitación a Sucre, que más parece una solicitud al vecindario para que continuara apoyando la política de autonomía de la Provincia Libre de Guayaquil, sin dejarse llevar por el entusiasmo de una victoria que presagiaba la anexión final de Guayaquil a Colombia. La Proclama en una de sus partes dice: «La Junta se encuentra reposando bajo la sombra del opulento Perú y la heroica Colombia...»

Olmedo no solo circunscribía su acción a esbozar meros discursos y Proclamas, demostrando que era hombre de largos alcances políticos a pesar de sus escasos efectivos militares y en previsión de cualquier intento de Bolívar por anexarnos designó al Mariscal José de Lamar para que lo entreviste, investigando con mucho tino y disimulo cuales eran sus intenciones sobre el futuro de Guayaquil y su Provincia y para el caso de que Bolívar estimare que Guayaquil debería seguir libre, le arranque una promesa escrita en ese sentido; mas, si observare que sus intenciones eran otras, le hiciera conocer muy claramente que Guayaquil permanecería libre con la ayuda de San Martín y si fuere del caso hasta del mismo Perú.

Esta política no podía ser más idealista pues Olmedo no tenía ejércitos que la respaldaran; además, tenía enemigos dentro de casa, el partido colombianófilo era fuerte aunque no mayoritario, pero contaba con líderes de la categoría del Procurador General del Cabildo Dr. José Leocadio Llona; Cap. José de Villamil, Dr. Luis Fernando Vivero, los hermanos Vicente y Tomás de Espantoso, Antonio y Manuel de Marcos, Fernando y José Merino y muchos más. Y dentro de la propia Junta batallaba contra Francisco Roca y Rafael Jimena peruanófilos y declarados enemigos de la política de Bolívar, teniendo Olmedo que jugar a dos aguas para mantener una posición ecléptica, conservando a Guayaquil como estado libre pero sin ejército.

Mientras tanto San Martín continuaba en Lima recibiendo numerosas cartas de adhesión que le enviaban de Guayaquil y Quito donde tenía muchos admiradores que verían con gusto su gobierno; sobre todo en Quito, donde un grupo de abogados conspiraban a su favor pues no estaban de acuerdo con la incorporación a la Grancolombia, porque de capital de Audiencia, Quito pasaba a ser una simple ciudad de provincia, así es que, movido por tales demostraciones, San Martín apresuró su viaje a Guayaquil y ordenó al General Santa Cruz que regresaré al puerto con pretexto de seguir al Perú con la División a su cargo y al Almirante Blanco Encalada para que apreste la flota en una de cuyas naves embarcó.

Ignorante de estos manejos Olmedo obtuvo la convocatoria del Colegio Electoral del Guayas para el 28 de Julio, realizándola apresuradamente y por bandos en las principales poblaciones de la Gobernación; sentía un funesto presentimiento pues tanto Bolívar como San Martín vendrían a corto plazo y no con santas intenciones; por eso, pensaba adelantarse a los acontecimientos, presionando al Colegio para que declarara a Guayaquil libre de toda influencia del norte y del sur, entre Colombia y Perú.

Bolívar se enteró de la conspiración de los abogados quiteños y a precio de oro conoció sus planes. Igualmente de la convocatoria de Olmedo y por lo que pudo sonsacarle a Lamar en la entrevista que ambos sostuvieron el 2 de Julio cerca de Guaranda, se dio cuenta de la gravedad de la situación.

Lamar estaba afiebrado y con gripe y Bolívar no quería conversar demasiado, fue tajante pero cortés, como solía serlo. Lamar comenzó por suavizar las tirantes relaciones de la Junta y el Libertador, le pidió que olvidara pasadas discordias pues todo se hacía por la libertad de América. Bolívar contestó con demasiada franqueza, manifestándole que iba a Guayaquil a obtener su anexión a Colombia y que eso era el resultado natural de una orden recibida del Congreso que no deseaba que los territorios del antiguo Virreinato de Santa Fe de Bogotá fueran cercenados, incluyéndose entre ellos a Guayaquil y su provincia. Y con estas terminantes palabras cerró el paso a toda discusión.

Al día siguiente, en Guaranda, Bolívar escribió a Lamar, que seguía enfermo en el tambo del camino, para informarle que nada amaba tanto como la libertad de Guayaquil en Colombia y aprovechaba para disculparse por cualquier exabrupto del día anterior, deseándole una pronta mejoría.

Lamar envió dicha comunicación a Olmedo para que estuviere prevenido, avisándole que Bolívar se presentaría en Guayaquil el rato menos pensado, lo que sucedió el Jueves 11 de Julio, a las cinco de la tarde hora en que se divisó su falúa en la ría, habiendo sido precedido por el General Bartolomé Salom con dos Batallones de la Guardia.

Bolívar fue recibido por los guayaquileños con inusitado cariño. Era tanta su fama de héroe y genio que un arco triunfal fue colocado por orden de Olmedo con esta leyenda: «A Bolívar, Presidente de Colombia. El Pueblo de Guayaquil» y en su parte inferior decía: «A Simón Bolívar, al rayo de la guerra, al iris de la paz; el pueblo de Guayaquil.» frases que revelaban claramente el generoso corazón de quién conocía los planes de Bolívar y no trepidaba en decir la verdad con la poesía de su alma esclarecida.

Numerosos Milicianos de Guayaquil hacían calle de honor en el malecón. Las baterías dispararon sus cañones y el publico se agolpaba en ventanas y veredas. A las seis pasó a la casa que le habían destinado para alojamiento siendo visitado por los miembros de la Junta, el Cabildo, diversas Corporaciones y por los notables del lugar.

José Leocadio Llona habló por el Cabildo y prácticamente pidió la anexión a Colombia. Esto era un verdadero reto a los miembros de la Junta que estaban presentes y rabiosos por el desacato de Llona. Bolívar contestó con brillantes frases y repitió tres veces: «Las cimas de los montes se han humillado bajo las plantas victoriosas del ejército del Libertador...» y luego, refiriéndose a la realista ciudad de Pasto, dijo: «la servidumbre tiene su tan prolijo y contagioso influjo, que sepulta el alma en un tenebroso limbo; la degrada, la envilece y lo que es peor, la transforma, para que con la abyección no sepa salir de la indolencia y la barbarie...» Destruge cuenta que Olmedo se quedó absorto y seducido por el atractivo y la animada elocuencia de la improvisación de Bolívar y al día siguiente se visitaron, concurriendo a las fiestas y saraos como buenos amigos, pero ese mismo viernes el Procurador Llona presentó al Cabildo una solicitud firmada por más de doscientos vecinos distinguidos del puerto, pidiendo la anexión inmediata de Guayaquil a Colombia; mas, como las opiniones estaban divididas entre colombianófilos y peruanófilos, mucho se discutió y nada se concluyó.

El Sábado 13 de Julio muy por la mañana Bolívar asumió el mando político y militar de Guayaquil comunicando el particular a la Junta. Poco después ordenó arriar del malecón el glorioso bicolor celeste y blanco de la Junta y sus miembros abandonaban la ciudad con destino a la Puna, donde residieron hasta la llegada de San Martín el día 25.