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POESIA
DE GABRIEL GARCIA MORENO
El estudio de los personajes históricos
depara muchas sorpresas. Gabriel García Moreno
es poco conocido como poeta para los no estudiosos
de la literatura, a pesar de que en el manejo de la
lira fue un estilista que lanzaba los más hirientes
dardos de su talento contra quienes no compartían
sus ideas: Montalvo, Flores y Urbina, sus más
zaheridos contricantes, Montalvo fue bautizado de
"Cosmopollino" en divertida alusión
a su obra "El Cosmopolita"; Flores y Urbina
llevaron peores partes. Al primero dijo: "Vil
tirano del crimen nacido" y al segundo: "Monstruo
que hasta el patíbulo infamara".
DONDE GARCIA MORENO
INICIA SU VOCACION POETICA
El futuro presidente tenía
su corazoncito romántico cuando frisaba los
18 años. Era apuesto y gallardo como joven
tropical. Algo pulido, delgado y con ligero esbozo
de bigote, era no mal bocado para las chicas del Quito
colonial todavía en 1841, época en que
frecuentaba los salones capitalinos debido a la protección
que le dispensaba el obispo, a quien había
sido recomendado. Este nexo le sirvió al joven
estudiante del Real Convictorio de San Fernando para
cobijarse en la generosidad de Monseñor Arteta
y Calisto, que informado que deseaba tomar los hábitos
en una orden religiosa cualquiera, lo apoyó
incondicionalmente, exigiéndole eso sí,
que terminara los cursos regulares del Bachillerato
y después... "Ya veremos, la vocación
no era cosa de prometer como manda cualquiera, porque
había que sentirla de veras para no engañarse
a sí mismo y tomar el camino equivocado, del
que habrá que retroceder después con
muchas penas; así es que, jovencito García
Moreno, siga con la Gramática, Retórica
y Matemáticas Generales en las que está
muy bien y luego si Dios quiere. El dirá. No
olvidemos que esta sede ha sido ocupada por guayaquileños
de nacimiento o familia. Yo soy hijo de un caballero
de allá, quizá usted...”
EL SALON DE RECIBO
DE LA PRIMERA DAMA
Y como del dicho al hecho hay poco
trecho, nuestro futuro poeta siguió estudiando
y visitando, siendo recibido cariñosamente
porque los afuereños son siempre bien atendidos
en cualquier lugar, quizá por la novedad. Un
día concurrió a la casa de la primera
dama de la nación Mercedes Jijón de
Flores, alternó con jovencitas muy hermosas
y puso especial atención en una que es:
inocente y bella
como una flor. ...
Juanita Jijón y Vivanco se llamaba la hermosa
"serafín de amor" y parece que no
fue indolente a los requiebros garcianos por las atenciones
que éste recibió: risitas, zalemas,
lánguidas miradas y en suma mil y una coqueterías
entre las que podríamos pensar que hubo uno
que otro inocente beso.
Y el joven estudiante porteño halagado por
tan fácil conquista, la primera que realizaba
en su vida, corrió a contarlo en el Real Convictorio
a sus compañeros de aulas, donde esperaba recibir
palmas por tan grande hazaña y efectivamente
que lo era, porque para un simple muchacho que estudiaba
becado, sin riquezas y en medio extraño, recibir
un beso de la cuñada del Presidente de la República
era cosa grande.
Pero nuestro héroe ignoraba que entre sus compañeros
había uno medio hablador, Martín de
Icaza Paredes, que voló a Palacio a contarlo
todo.
EL PESO DE FLORES CASI
LO ANIQUILA
Ah, jovencito pretencioso, con que
le ha robado un beso a Juanita. La muy boba. Dar besos
a pobretes. Pero ya verá el atrevido, déjenlo
que regrese para que se tope conmigo. El irritado
Flores tramó su venganza y esperó que
Gabriel García Moreno volviera a visitar su
casa, para espantarlo a patadas y así efectivamente
ocurrió, para desgracia de nuestro paisano,
que tuvo que salir a escape, mohíno y cabizbajo.
Además, el ofendido Flores solicitó
al Convictorio el retiro de la matrícula de
estudiante de García Moreno y a no ser por
la pronta intervención del doctor Benigno Malo,
Ministro del Interior, que se prestó a intermediario
para componer la diferencia y aplacar los caldeados
ánimos presidenciales, duro castigo hubiera
recibido el avergonzado García Moreno. Oh tiempo
engañoso, Oh ¿quién te cambió?
Entonces y como primera providencia, se encerró
en un altillo al que nadie podía llegar porque
la escalera de mano fue retirada y subida por él
mismo. Allí permaneció cuarenta días
estudiando hasta por las noches, a veces metiendo
los pies en una lavacara de agua para no dormirse
y con el cuero cabelludo rapado, sin un solo pelo
en señal de rebeldía. Hecho un hippie
al revés, para impedir que las tentaciones
del mundo exterior le animaran a salir.
De esta época es la siguiente letrilla, famosa
por su belleza, que Manuel María Pólit
Lazo, Arzobispo de Quito, autor de las obras completas
de García Moreno, hizo constar como puesta
en el abanico de Juanita Jijón.
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