TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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CONSERVADORES Y LIBERALES CON URBINA
Ya dueño de la situación Urbina convocó para el 17 de Junio de 1852 una Asamblea Constituyente que se instaló en Guayaquil y lo eligió Presidente Constitucional para el período 1852-56.

En el ínterim y desde la prisión de Noboa hasta la instalación de la Asamblea, Urbina había recibido el apoyo político de los conservadores que habían sido partidarios del Presidente Vicente Ramón Roca fallecidos en 1850, y que por estar sin caudillo a quien seguir, optaron por el de turno, plegando sin condiciones y en espera de conseguir alguna canonjía en el presupuesto nacional.

Y a pesar de ser un liberal convencido Urbina los recibió paternalmente y los llenará de atenciones durante su período, como a hijos pródigos, gobernando sin resistencias pues tenía a los liberales y adoptó a los conservadores por conveniencia.

FLORES SIGUE FASTIDIANDO AL PAIS
Era el doctor Osma, Ministro de Relaciones Exteriores de Perú en 1851 y no simpatizaba con Urbina por liberal, así pues convenció al General Echanique, Presidente de dicha República, para que ayudara a Flores en una invasión y efectivamente, pusieron a su disposición el vapor "Chile " armado y equipado y cuatro buques de vela.

Entonces Flores llamó en su auxilio al Coronel Pedro Mena que estaba en las Galápagos y éste alistó un buque de presidiarios. Al momento de salir Mena fue asesinado por el jefe de ellos, de apellido Briones, que inmediatamente se dirigió a Guayaquil y al pasar la costa de Mancora avistó dos de los cuatro buques a vela que componían la escuadra de Flores, abordando uno y dando muerte a sus tripulantes, que del miedo a los piratas se habían escondido en la bodega, donde fueron asesinados a machetazos.

Después Briones llegó a nuestro puerto y contó a las autoridades sus andanzas esperando un premio; pero vanas fueron sus esperanzas pues se inició juicio en su contra y se los condenó a todos ellos. Poco después fusilaron en Guayaquil a cinco, incluyendo al cabecilla.

JUBILO EN QUITO: EXPOSICIONES Y CONFERENCIAS
La sola noticia de que Flores proyectaba una nueva invasión contra las costas ecuatorianas inflamó el pecho de los jóvenes capitalinos que formaron filas en defensa de la patria. En Quito se inauguraron exposiciones de pintura y escultura y en sabatinas literarias se desplegaba ingenio, arte y cultura, existía un enorme despertar cívico contra el invasor y todos apoyaban a Urbina como jefe del gobierno.

Mientras tanto Flores había reunido sus fuerzas y con dos bergantines y tres goletas, a las 11 de la noche el 4 de julio de 1852, empezó a vomitar fuego contra las casas del Malecón. Muchas personas estaban en la fiesta de míster Mateo P. Game, Cónsul de Estados Unidos, celebrando el día de la Independencia de Norteamérica, cuando fueron sorprendidos por las descargas y se inició una confusión indescriptible. Un concurrente exclamó: "Es Satanás que viene a reclamar su patrimonio", refiriéndose a Flores y la fiesta terminó en seguida.

Urbina y dos viejos combatientes de la independencia, los Generales Juan lllingworth y José María Villamil, contestaron el fuego invasor desde el Fortín de Saraguro o San Carlos, con un solo cañón que allí existía, pero los tiros fueron certeros y lograron impactar en el invasor.

Al amanecer Flores se retiró maltrecho y entristecido de que sus amigos de Guayaquil no lo hubieran secundado desde el interior de la plaza, como era el convenio. En esta acción perdió la vida un curioso, amigo y compadre de Flores y español de nacimiento: Francisco Reyna y Martos, que al escuchar las detonaciones y en contra de la voluntad de sus familiares había abierto las ventanas de su casa en el Malecón para espectar la batalla, recibiendo una bombarda. Su muerte fue muy sentida en ambos bandos porque era bueno como una miga de pan.

EL SERMON DEL DIPUTADO ANGULO
En la Asamblea Nacional de 1852 que presidió Pedro Moncayo y Esparza, contando en la Vice - Presidencia con el doctor Francisco Xavier Aguirre Abad, se discutió por primera vez en nuestra historia si la religión católica, debía ser declarada religión oficial del estado. En el fondo la cuestión se traía al tapete de la discusión porque la influencia de los jesuitas ya hacía sentir en el ámbito nacional, moviendo numerosos resortes políticos a su favor para evitar la orden de salida decretada en su contra y los diputados liberales querían darles el segundo golpe, el de gracia.

Moncayo fue el encargado de plantear la reforma constitucional referente a la religión oficial del estado, indicando que las creencias religiosas pertenecían al fuero interno de cada individuo y que no tocaba al legislador imponer religión ni creencia oficial, puesto que no tenía potestad alguna sobre las conciencias. El Diputado Manuel Angulo replicó largamente en un discurso que más parecía sermón y al final la reforma fue rechazada por 15 a 13 debido a la inasistencia de 3 diputados que, a pesar de haberse comprometido por la reforma, faltaron a la sesión. La nota cursi la dio el victorioso Angulo, que sabiendo que su tesis había triunfado, delante de todos se arrodilló en pleno congreso y a gritos dio gracias a Dios "por el triunfo de la religión y la derrota de la moción herética", por supuesto que dichos gesto teatral sólo sirvió de mofa y escarnio a Angulo que desde entonces fue tenido y considerado como un ridículo y no como el notable latinista que había sido hasta entonces. Así terminó la Asamblea Constituyente de Guayaquil y Urbina inició su período, elegido Presidente por 24 votos.

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