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OLMEDO Y LORD BYRON
Se ha venido discutiendo nuevamente sobre si la estatua que esta frente al Club de la Unión representa a José Joaquín de Olmedo o si es Lord Byron.

El supuesto parecido con Byron nunca ha sido demostrado a pesar que sería sumamente sencillo tomar una fotografía de algún óleo del poeta inglés y compararla con el rostro de la estatua. Entonces surge la pregunta siguiente: ¿De dónde se origina la conseja o chascarillo de afirmar que la estatua es de Lord Byron? ¿Será porque el inglés era cojo y el personaje de la estatua está cómodamente sentado y leyendo unos papeles? Argumento tan deleznable no es suficiente para una afirmación tan rotunda... ¿quizá porque siendo Olmedo poeta y no pareciéndose esta estatua al retrato tradicional que de él tenemos los guayaquileños, alguien dijo y luego se ha repetido constantemente, que la estatua representa a otro poeta y por estar sentado el personaje se la encajaron al único poeta cojo del mundo? Esto es más increíble, sin embargo, un asunto tan nimio y que nunca debió tener importancia, ahora viene a ser artículo de fe de algunos escritores y periodistas que hasta se han vuelto intransigentes.

LOS RETRATOS DE OLMEDO
Los retratos que se conservan de Olmedo son dos fundamentalmente. El uno de juventud y el otro de vejez y enfermedad; debieron existir algunos intermedios pero el Incendio grande que todo lo quemó en Guayaquil el 5 y el 6 de octubre de 1986 nos ha dejado este vacío iconográfico, y es una lástima porque de tener a mano más retratos no estaríamos discutiendo.

Los retratos: Juan Alfredo lllingworth Baquerizo poseía en su hogar un medallón con la efigie de Olmedo joven. Es una miniatura con marco metálico de color dorado. Su interior está pintado al óleo y contiene el rostro agradable de un joven inteligente, tal como debió ser Olmedo en sus años de estudiante en Lima, cuando era invitado a banquetes, bodas y agasajos para que deleitase a la concurrencia con brindis y poesías, muy al gusto de la época.

Este medallón tiene grabado en el anverso el nombre de Virginia y perteneció a Virginia de Olmedo Ycaza, la hija del poeta, quien falleció soltera y sin descendencia. Posteriormente el medallón pasó a poder de Ana Luz Ycaza de lllingworth, luego fue de Roberto lllingworth Ycaza. Se conoce otro medallón igual que perteneció a Rosa Perpetua de Olmedo Ycaza, la otra hija del poeta, llamada cariñosamente por él «Mi Rosita de Ayacucho» en memoria de esa batalla; y que ambos fueron mandados a pintar por Olmedo, copiados posiblemente del retrato que él envió a su hermana Magdalena de Olmedo Maruri, después señora de Paredes, cuando le remitió el poema «Mi retrato», donde se describe en los siguientes términos que concuerdan en todo con el medallón:

... mi cabello no es rubio
pero tampoco es negro
la frente es espaciosa
las cejas bien pobladas
y debajo unos ojos
que es lo mejor que tengo
ni muy grandes ni muy chicos
ni azules ni negros
son grandes las narices
y a mucho honor lo tengo
la boca no es pequeña
ni muy grande en extremo
el labio no es delgado
los dientes son muy blancos
cabales y parejos
y de todo me río
para que puedan verlos
la barba es algo aguda
pero con poco pelo.

Es un Olmedo gracioso, diáfano, alegre y juvenil el que se retrata en el poema y en las miniaturas y como ambos concuerdan perfectamente en la descripción, debemos aceptar que Olmedo debió ser un joven culto y simpático en extremo, que cuando maduró bien pudo tener el rostro de la estatua que está frente al club de la Unión, donde aparece cuarentón, algo entrado en carnes, de porte distinguido y educado, bien acicalado, etc., justo el Olmedo que debió encarnar la revolución del 9 de Octubre de 1820, año en que nuestro poeta acababa de cumplir sus 39 bien vividos y viajados. La moda, el ropaje conque esta vestido el poeta, igualmente son los que se usaban en América por esa época.

Aparte de este medallón y de la estatua frente al Club de la Unión ya descritos, existen otras efigies de Olmedo en Guayaquil. Veámoslos: Hay en el Museo Municipal un busto en bronce; y en la columna del centenario de la independencia una estatua de cuerpo entero igual de bronce. Entre ambas existe un enorme parecido, de donde supongo que pueden tener un mismo origen. También existen varios retratos al óleo. Hacia 1955 el maestro Mario Kirby pintó por encargo de la Municipalidad un óleo de Olmedo, que el Alcalde Guevara Moreno envió de regalo al Cabildo de Quito. Kirby volvió a pintar a Olmedo a pedido de dicho Alcalde para tenerlo en su despacho pero poco después se obsequió ese cuadro y cuando la Municipalidad de Guayaquil quiso honrar a los triunviros el 6 de Marzo (Olmedo, Roca y Noboa) también le encomendaron esos óleos a Kirby, de suerte que es autor de lo menos tres óleos de Olmedo. En 1976, a mi paso por la concejalía del Cantón, hice colocar los óleos de los triunviros en la llamada sala de sesiones, desde entonces conocida como «Salón de los Triunviros» por resolución municipal; hubo que reponer el óleo de Olmedo que había estado en la Alcaldía y se contrató a Vicente Ortega Herrera, quien copió la obra de Kirby con enorme éxito, a decir de personas entendidas en la materia. Tanto los retratos como las estatuas se han inspirado en una vieja fotografía de Olmedo, uno de cuyos ejemplares se conserva en él Museo Municipal y otro debió servir en 1848 al célebre polígrafo argentino Juan María Gutiérrez para la primera edición de las obras poéticas de Olmedo que imprimió ese año en Valparaíso, donde se reproduce dicha foto, en la que el poeta aparece demacrado y macilento. Este Olmedo viejo y avejentado, de no más de 110 libras de peso, es el que ha pasado a la posteridad, puesto que la fotografía de 1847, reproducida en Valparaíso para Gutiérrez, dio la vuelta al mundo en las siguientes ediciones que fueron: la segunda en París 1853; la tercera de 1862 impresa en Méjico por el poeta Manuel Nicolás Corpancho; la cuarta, de París, 1896, con prólogo de Clemente Ballen y Millón y costeada por su cuñado Crisanto Medina. Para finalizar, hay que añadir que en la traducción de las poesías al francés efectuado en 1904 por Víctor Manuel Rendón Pérez, igualmente se reproduce dicha fotografía. ¿Entonces qué nos puede admirar, si al ver a un Olmedo joven, dudamos que sea el mismo viejo, flaco y enfermo al que nos han acostumbrado?.

Entre la inauguración de ambas estatuas (la que está frente al Club de la Unión y la de la Columna del Centenario) transcurrieron 40 años, la primera en 1892 y la del centenario en 1920, mientras tanto hubo el incendio grande (1896) todo lo quemó. Por ello fue que los miembros del Comité de la Columna del Centenario, al no tener a mano algún óleo de Olmedo joven, tuvieron que enviar a París la clásica litografía tomada de sus obras poéticas. Cosa muy explicable y comprensible.