TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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NUESTRO PASADO
El guayaquileño de antaño sabía obtener provecho del estudio de la flora de nuestra Provincia, industrializando algunos de sus frutos. La pepa de aguacate servía para marcar la ropa porque arrojaba una tinta negra indeleble muy difícil de borrar. Nuestras abuelas solían conservarlas en el costurero y con gran paciencia, utilizando alfiler, punteaban letras o signos en la ropa y sobre la pepa, obteniendo hermosos distintivos. El fruto del corozo y de la tagua era la materia prima para la fabricación de juguetes que se exportaban al Perú.

Del hule o planta de caucho sacaban el jebe o goma elástica con la que preparaban moldes y recipientes. La Palma real produce el palmito cuyo fruto se usa en las festividades de Semana Santa como condimento en la fanesca y las hojas trenzadas en variadas formas se exhiben el Domingo de Ramos durante la bendición en las iglesias; luego, son llevadas a las casas, colocadas en un lugar principal como talismanes contra los rayos y las tempestades. La paja toquilla para el tejido de sombreros y carteras, y la paja mocora, para hamacas, de las que existían varias en cada casa.

Del papayo se creía que sahumando las hojas con lacre y azúcar curaba la pleuresía. El tamarindo se tomaba en infusión y como purgante de muy buenos efectos. El barbasco, en cambio, es veneno violento; se usa eh labores de pesquería causando notables perjuicios a la salud ciudadana. El mate vale en el campo para encerrar cocuyos o candelillas que alumbran de noche y en la ciudad para guardar líquidos o durante el baño para echarse agua. Las semillas de jaboncillo y porotillo se aprovechan como "tantos" por los jugadores de naipes. La cascara del jaboncillo produce espuma que blanquea la platería.

Como colorante tenían el achiote para la comida y la pitahaya y orchilla para telas en general, siendo esta última de mucho prestigio en México, a donde se la exportaba desde Santa Elena y en grandes cantidades. La yerba salvaje es mano de Dios para fabricar colchones y almohadas de bajo precio y con la de ceibo se hacen los finos. El moyuyo, que forma gajos de granos blancos, es de ley en el tocador de toda persona distinguida y elegante porque su jugo peina el cabello más rebelde a la perfección.

La cañafístula es purgante; la cañuela brinda al montubio las necesarias tiras para colgar ropa en los patios; la caña para fabricar remos y recoger agua. La hoja de tagua llamada cadi, así como el bijao, bien enlazadas, forman una cubierta impermeable de larga duración y no hay casa pobre que no la tenga. La habilla de ojo de venado desinflama almorranas y las planas y ovaladas son contrapeso del huso en los talleres de tejidos. El cardón y el culley proporciona enrejados para trampas. El gramalote y el algarrobo se usan como alimento del ganado; con el bejuco grueso fabrican mecedoras que imitan a las que se importan de Viena, con el delgado, hacen fuetes para avivar el paso de las bestias. Con ese tipo de bejuco se fabricaba el látigo "plazarte", así bautizado por haber sido inventado por uno de los señores Platzaert que vivieron en Baba durante el siglo XVIII. El legítimo tiene 7 trenzas y termina en nudos o puntas que aumentan la efectividad del golpe. La Achocha seca es insustituible estropajo de la cocina guayaquileña y la tusa seca de choclo se usaba para masajear la espalda y avivar la circulación.

EL BELLO SEXO GUAYAQUILEÑO
El 25 de Julio de 1822 el Libertador San Martín desembarcó en nuestro puerto y fue aclamado por el pueblo. Un batallón le rindió honores en el malecón. Bolívar lo esperaba al pie del Cabildo, de gran uniforme, rodeado de lo más brillante de su Estado Mayor, se acercó y le abrazó, exclamando:

—"Al fin se cumplen mis deseos de ver y estrechar en mis brazos al Gran General San Martín . .. . "

—"Igualmente", replicó el Argentino, que siempre fue parco al hablar.

Ambos subieron las gradas y pasaron al salón de recepciones acompañados por numerosos civiles, militares y religiosos. Un grupo de matronas aplaudieron lucidamente y Carmen Garaycoa Llaguno, joven de escasos años, muy amiga de Bolívar y a petición de éste, ciñó la frente de San Martín con una corona de laurel, de oro esmaltado.

—"No lo merezco señorita", contestó él, ruborizado, por el honor que le dispensaba el bello sexo porteño. "Otros le merecen más que yo. Creo; pero, en honor vuestro, la guardaré por el sentimiento patriótico que la inspira y por las manos que me la ofrecen, como recuerdo de uno de mis días más felices". Y con este corto discurso terminó el acto, pasando ambos líderes al corredor, lejos de los edecanes, donde tomaron el fresco de la mañana y dijeron cosas sin importancia, porque fue después del almuerzo cuando se inició la discusión ...

ALGUNAS RELIGIOSAS PORTEÑAS
Muchas han sido las damas del Guayas que buscaron la paz espiritual en la vida religiosa. Quizá la más antigua que se conoce fue Antonia Maldonado Verdugo y Gaitán, llamada en religión María del Espíritu Santo. Dicen las crónicas que después de muchos años de vivir en Lima murió con fama de santa el día 17 de Agosto de 1709. Catalina de Jesús Herrera-Campuzano profesó en el Coro del Monasterio de Santa Catalina en Quito y dejó escrita una rara obra titulada "Secretos entre el alma y Dios", donde relata su vida rica en experiencias imaginativamente sobrenaturales.

Años después y ya en la república, Mercedes de Jesús Molina y Ayala, natural de Baba, hoy conocida como "La Rosa del Guayas", viajó al Oriente ecuatoriano. Antes había llevado en Guayaquil una vida de oración y caridad para los pobres y después fundó la Orden de las Madres Marianas. Narcisa de Jesús Martillo Moran frecuentaba la Iglesia de San José de los padres jesuitas y luego de una existencia intachable entró de simple seglar en un convento de Lima donde murió relativamente joven y en olor de santidad.

Otras monjas célebres fueron Inés Murillo y Virginia Vergara y Molina; ésta última sobrina de la Rosa del Guayas: Ambas profesaron en Cuenca, en el Convento de las Carmelitas Descalzas, donde fueron Abades. Juana del Carmen Roca e Ignacia Molestina, primas entre sí, ingresaron en Lima y Santiago respectiva.

DAMAS DE MUCHA FILANTROPIA
Josefa Anzoátegui y Anzoátegui legó una fuerte cantidad para la construcción de un Instituto de enseñanza artesanal que aún funciona bajo los auspicios de la Sociedad Filantrópica del Guayas.

Baltazara Calderón de Rocafuerte legó en su testamento una considerable suma para escuelas y obras pías.

Angelina Matheus mejoró el templo de San Francisco y María Natividad Murillo construyó el convento y lo entregó a la comunidad.

Mercedes Calderón de Ayluardo dejó dos casas y una hacienda para el Asilo que lleva su nombre y la educación de jovencitas pobres de Guayaquil.

Jesús Pereira de Caleció obsequió el reloj de la torre de la Iglesia de San Alejo con su correspondiente campana. Con su esposo Manuel Galecio Ligero donaron una fuerte cantidad para que la Beneficencia construyera y administrara una escuela para huérfanos.

Josefa Vivero de González regaló al Cuerpo de Bomberos una bomba a vapor y mandó a construir el edificio del depósito frente al malecón.

Benigna Pareja de Macías socorría a numerosos necesitados.

Rafaela Valdez Concha entregó millones a la Orden salesiana para la construcción de un Instituto de enseñanza técnica y artesanal.

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