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NUESTRO
PASADO
El guayaquileño de antaño
sabía obtener provecho del estudio de la flora
de nuestra Provincia, industrializando algunos de
sus frutos. La pepa de aguacate servía para
marcar la ropa porque arrojaba una tinta negra indeleble
muy difícil de borrar. Nuestras abuelas solían
conservarlas en el costurero y con gran paciencia,
utilizando alfiler, punteaban letras o signos en la
ropa y sobre la pepa, obteniendo hermosos distintivos.
El fruto del corozo y de la tagua era la materia prima
para la fabricación de juguetes que se exportaban
al Perú.
Del hule o planta de caucho sacaban el jebe o goma
elástica con la que preparaban moldes y recipientes.
La Palma real produce el palmito cuyo fruto se usa
en las festividades de Semana Santa como condimento
en la fanesca y las hojas trenzadas en variadas formas
se exhiben el Domingo de Ramos durante la bendición
en las iglesias; luego, son llevadas a las casas,
colocadas en un lugar principal como talismanes contra
los rayos y las tempestades. La paja toquilla para
el tejido de sombreros y carteras, y la paja mocora,
para hamacas, de las que existían varias en
cada casa.
Del papayo se creía que sahumando las hojas
con lacre y azúcar curaba la pleuresía.
El tamarindo se tomaba en infusión y como purgante
de muy buenos efectos. El barbasco, en cambio, es
veneno violento; se usa eh labores de pesquería
causando notables perjuicios a la salud ciudadana.
El mate vale en el campo para encerrar cocuyos o candelillas
que alumbran de noche y en la ciudad para guardar
líquidos o durante el baño para echarse
agua. Las semillas de jaboncillo y porotillo se aprovechan
como "tantos" por los jugadores de naipes.
La cascara del jaboncillo produce espuma que blanquea
la platería.
Como colorante tenían el achiote para la comida
y la pitahaya y orchilla para telas en general, siendo
esta última de mucho prestigio en México,
a donde se la exportaba desde Santa Elena y en grandes
cantidades. La yerba salvaje es mano de Dios para
fabricar colchones y almohadas de bajo precio y con
la de ceibo se hacen los finos. El moyuyo, que forma
gajos de granos blancos, es de ley en el tocador de
toda persona distinguida y elegante porque su jugo
peina el cabello más rebelde a la perfección.
La cañafístula es purgante; la cañuela
brinda al montubio las necesarias tiras para colgar
ropa en los patios; la caña para fabricar remos
y recoger agua. La hoja de tagua llamada cadi, así
como el bijao, bien enlazadas, forman una cubierta
impermeable de larga duración y no hay casa
pobre que no la tenga. La habilla de ojo de venado
desinflama almorranas y las planas y ovaladas son
contrapeso del huso en los talleres de tejidos. El
cardón y el culley proporciona enrejados para
trampas. El gramalote y el algarrobo se usan como
alimento del ganado; con el bejuco grueso fabrican
mecedoras que imitan a las que se importan de Viena,
con el delgado, hacen fuetes para avivar el paso de
las bestias. Con ese tipo de bejuco se fabricaba el
látigo "plazarte", así bautizado
por haber sido inventado por uno de los señores
Platzaert que vivieron en Baba durante el siglo XVIII.
El legítimo tiene 7 trenzas y termina en nudos
o puntas que aumentan la efectividad del golpe. La
Achocha seca es insustituible estropajo de la cocina
guayaquileña y la tusa seca de choclo se usaba
para masajear la espalda y avivar la circulación.
EL BELLO SEXO GUAYAQUILEÑO
El 25 de Julio de 1822 el Libertador
San Martín desembarcó en nuestro puerto
y fue aclamado por el pueblo. Un batallón le
rindió honores en el malecón. Bolívar
lo esperaba al pie del Cabildo, de gran uniforme,
rodeado de lo más brillante de su Estado Mayor,
se acercó y le abrazó, exclamando:
—"Al fin se cumplen mis deseos de ver y
estrechar en mis brazos al Gran General San Martín
. .. . "
—"Igualmente", replicó el Argentino,
que siempre fue parco al hablar.
Ambos subieron las gradas y pasaron al salón
de recepciones acompañados por numerosos civiles,
militares y religiosos. Un grupo de matronas aplaudieron
lucidamente y Carmen Garaycoa Llaguno, joven de escasos
años, muy amiga de Bolívar y a petición
de éste, ciñó la frente de San
Martín con una corona de laurel, de oro esmaltado.
—"No lo merezco señorita",
contestó él, ruborizado, por el honor
que le dispensaba el bello sexo porteño. "Otros
le merecen más que yo. Creo; pero, en honor
vuestro, la guardaré por el sentimiento patriótico
que la inspira y por las manos que me la ofrecen,
como recuerdo de uno de mis días más
felices". Y con este corto discurso terminó
el acto, pasando ambos líderes al corredor,
lejos de los edecanes, donde tomaron el fresco de
la mañana y dijeron cosas sin importancia,
porque fue después del almuerzo cuando se inició
la discusión ...
ALGUNAS RELIGIOSAS
PORTEÑAS
Muchas han sido las damas del Guayas
que buscaron la paz espiritual en la vida religiosa.
Quizá la más antigua que se conoce fue
Antonia Maldonado Verdugo y Gaitán, llamada
en religión María del Espíritu
Santo. Dicen las crónicas que después
de muchos años de vivir en Lima murió
con fama de santa el día 17 de Agosto de 1709.
Catalina de Jesús Herrera-Campuzano profesó
en el Coro del Monasterio de Santa Catalina en Quito
y dejó escrita una rara obra titulada "Secretos
entre el alma y Dios", donde relata su vida rica
en experiencias imaginativamente sobrenaturales.
Años después y ya en la república,
Mercedes de Jesús Molina y Ayala, natural de
Baba, hoy conocida como "La Rosa del Guayas",
viajó al Oriente ecuatoriano. Antes había
llevado en Guayaquil una vida de oración y
caridad para los pobres y después fundó
la Orden de las Madres Marianas. Narcisa de Jesús
Martillo Moran frecuentaba la Iglesia de San José
de los padres jesuitas y luego de una existencia intachable
entró de simple seglar en un convento de Lima
donde murió relativamente joven y en olor de
santidad.
Otras monjas célebres fueron Inés Murillo
y Virginia Vergara y Molina; ésta última
sobrina de la Rosa del Guayas: Ambas profesaron en
Cuenca, en el Convento de las Carmelitas Descalzas,
donde fueron Abades. Juana del Carmen Roca e Ignacia
Molestina, primas entre sí, ingresaron en Lima
y Santiago respectiva.
DAMAS DE MUCHA FILANTROPIA
Josefa Anzoátegui y Anzoátegui
legó una fuerte cantidad para la construcción
de un Instituto de enseñanza artesanal que
aún funciona bajo los auspicios de la Sociedad
Filantrópica del Guayas.
Baltazara Calderón de Rocafuerte legó
en su testamento una considerable suma para escuelas
y obras pías.
Angelina Matheus mejoró el templo de San Francisco
y María Natividad Murillo construyó
el convento y lo entregó a la comunidad.
Mercedes Calderón de Ayluardo dejó dos
casas y una hacienda para el Asilo que lleva su nombre
y la educación de jovencitas pobres de Guayaquil.
Jesús Pereira de Caleció obsequió
el reloj de la torre de la Iglesia de San Alejo con
su correspondiente campana. Con su esposo Manuel Galecio
Ligero donaron una fuerte cantidad para que la Beneficencia
construyera y administrara una escuela para huérfanos.
Josefa Vivero de González regaló al
Cuerpo de Bomberos una bomba a vapor y mandó
a construir el edificio del depósito frente
al malecón.
Benigna Pareja de Macías socorría a
numerosos necesitados.
Rafaela Valdez Concha entregó millones a la
Orden salesiana para la construcción de un
Instituto de enseñanza técnica y artesanal.
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