TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


..............................................................................................................................................................................................................

MOTIN DE LOS CARAMANCHELEROS
En julio de 1878 gobernaba Veintemilla ayudado por el naciente partido que había crecido en la oposición a García Moreno.

El clima político que se vivía era tenso. Quince años de dictadura no habían doblegado el altivo espíritu de nuestro pueblo, dispuesto a dar vidas y haciendas en defensa de la justicia. Por eso es que los caramancheleros guayaquileños se sentían heridos en su dignidad cuando los abogados lejanos Cueva y Paz, desde las páginas del Diario "El Heraldo" lanzaban apreciaciones que juzgaban ofensivas para el augusto gremio de vendedores de alpargatas, bayetas, zarazas y demás chucherías.

El 20 de Julio en la mañana, el gremio decretó un cierre total del comercio para concurrir en manifestación a las casas de los escritores en protesta contra las injurias. La multitud engrosaba por momentos y se venía amenazadora; una bala disparada desde el balcón de la casa de los abogados hirió en el pecho, aunque levemente, al joven Carlos Borja Lavayen, dejándole tendido y cubierto de sangre. Este incidente provocó aún más el furor de la masa que se lanzó escaleras arriba. Por feliz coincidencia llegó el Intendente General de Policía Coronel Delfín Treviño, acompañado de su sobrino Oscar Lara y del intrépido escritor Miguel Valverde e impusieron el orden.

LOS PRIMEROS LIBERALES
Por esa época cualquier incidente pueril era aprovechado por los jóvenes liberales para promover escándalos y reyertas con el exclusivo fin de agitar y llevar al partido definitivamente al poder, en Veintemilla nadie confiaba, Eduardo Hidalgo Arbeláez, José María Avilés, José Antonio. Roca, José Gabriel Moncayo, Federico Proaño y Miguel Valverde actuaban en Guayaquil dirigidos por Eloy Alfaro que vivía en casa de la familia Gamarra al sur, cerca de la Avda. Olmedo; otras veces en ciudad vieja al norte, huésped del caballero español Victoriano Cortés.

En Quito los íntimos de Veintemilla le querían de presidente. Cabe indicar que el entonces Canónigo González Suárez le negó el voto diciéndole: "Ignacio, te considero inepto para el mando y creo que harás lo posible para que te envíen a la guillotina". Sólo el temor a regresar a la anterior Constitución garciana hacía que los ecuatorianos respetaran al régimen.

UN MITIN ANTIJESUITA
Y como sucede siempre en estos casos la revuelta del 20 de julio dio paso a otra peor el 21, día que amaneció alborotado con la siguiente proclama: "Gran mitin del partido liberal antijesuítico, a las 6 p.m. en la Plaza de San Francisco. Programa:

1) Respeto a la constitución y leyes vigentes.
2) No más fanatismo ni más frailes.
3) Represión del partido terrorista que conspira sin cesar contra el actual orden de cosas.
4) Escarmentar la insolencia de los ultramontanos, que se ha hecho insoportable.
5) Consideraciones generales: Se recomienda al pueblo puntualidad y el mayor orden. Dios y Libertad, f) El Comité de Salud Pública. Guayaquil, Julio 21 de 1878.

Un numeroso contingente de comprometidos y de curiosos se formó alrededor de la plazoleta de San Francisco, que entonces sólo estaba adoquinada y sin la estatua de Rocafuerte que hoy la adorna. A las 6 de la tarde Miguel Valverde hizo su aparición por la calle Luque, cerca del portal de la casa del Dr. Palemón Monroy y Cedillo, siendo aclamado con júbilo.

¡No faltaba más! Esa fue la señal de ataque y el joven periodista, improvisado en orador político sobre un barril, habló sobre todos los tópicos imaginables ante una respetable concurrencia que pasaba de las 2.000 personas. Media hora después el tumulto pedía a gritos la cabeza del Gobernador de Guayas, General José Sánchez Rubio, que vivía en Pichincha y 9 de Octubre, y hasta allá fueron pero no lo hallaron y alguien vociferó: Está el muy ........ en el Cuartel de Artillería (intersección de Boyacá y 9 de Octubre). Nuevas vueltas y gritos y hasta ese sitio se trasladó la turbamulta, arrasando lo que encontraba al paso, al grito de "abajo Sánchez Bruto".

SEÑAL DE AUXILIO
Era el General un hombre valiente y optimista, ágil y jovial a pesar que ya pintaba canas y de aquellos que no se amilanaban ante nada; pero en esa ocasión parecía una estatua de yeso por la palidez de su rostro. Todo indica que esta perdido porque había recibido de los Cuerpos de Policía y del Batallón No. 2 la información de que no intervendrían ni a favor ni en contra de nadie. Prácticamente estaba abandonado, sólo contaba con la Artillería.

Dentro del cuartel la tropa permanecía con las armas cargadas y al hombro en señal de descanso. Sánchez Rubio no sabía qué hacer. Una orden suya podía matar a cien guayaquileños y eso no lo deseaba pues prefería enfrentar a los cabecillas.

Valverde fue el primero en entrar: Sánchez Rubio le dio la mano haciendo una leve señal que significa ayuda en el ritual de las logias masónicas. El gesto fue comprendido por el joven atacante y se miraron fijamente sin articular palabra.

MUCHACHOS, VAMOS A SAN AGUSTIN
Entonces Valverde gritó a los presentes, con fingida rabia y sorpresa: ¿Dónde están los jesuitas? -En San Agustín— contestó otro—. Pues bien, muchachos, ¡Vamos a San Agustín!- y todos salieron del Cuartel y por Boyacá hasta Sucre y por allí hasta la esquina de Chimborazo, donde estaba el Convento y la iglesia agustiniana (la mejor de todas las de la ciudad) a la que hallaron cerrada y vacía. En tanto, olvidándose del Gobernador.

De la Cárcel Pública, situada al lado, saltó un pelotón de soldados que intentó detenerlos, pero fueron arrollados y cedieron el paso. Algunos exaltados trataron de romper las pesadas puertas coloniales a hachazos, que no cedieron por su gran corpulencia. En fin, siendo las ocho de la noche, el gentío se disolvió sin haber llegado a mayores y sólo algunos vándalos emprendieron veloz manifestación por Boyacá hasta donde funcionaba la Imprenta del Semanario "El Globo", que empastelaron impunemente a vista y paciencia de los soldados del Cuartel de Artillería. ¡O temporada, o mores! (Oh tiempos, oh costumbres) dijo Sánchez Rubio, ya más repuesto del susto.

EL FEMENTIDO LIBERALISMO DE VEINTEMILLA
Muchos ecuatorianos creen que "El Mudo", como apodara Montalvo a Veintemilla, fue liberal y gobernó con dicho partido, lo cual es falso. Sólo unos cuantos consagrados como Urbina y Carbo gozaron de los favores del régimen; los demás, los de reciente data, como Alfaro, Valverde y Montalvo, esos no sólo fueron excluidos sino que sufrieron destierros y persecuciones. Otros hubo que habiendo colaborado al principio fueron arrojados por la borda después; tal el caso del joven José María Noboa. Y en medio de todo, la religión, traída al tapete de la política por García Moreno, que hizo de ella un instrumento de su gobierno para dividir a los ecuatorianos en sectores que aún perduran. Como ejemplo de tan aciaga costumbre vale recordar que por esos años el Dr. Trimorta, abogado de los más inteligentes y astutos de la urbe y por añadidura hermano del Canónigo de ese apellido, fungía de Síndico de numerosas Cofradías, utilizando los capitales puestos a su disposición, en asuntos baladíes y personales, de lo que todo Guayaquil estaba enterado.

EL INCIDENTE DE LAS NACIONES
Trimorta tenía por costumbre cubrir a su esposa e hijas con las joyas sustraídas de diferentes iglesias de la Provincia, siendo la más afectada con este género de depredaciones la de Yaguachi.

Por ese año (1880) había en el puerto un codicioso judío llamado Otto Plucker, de procedencia alemana, que tomó algunas pedrerías para venderlas en el comercio y repartir utilidades con el Dr, Trimorta; pero a la primera oportunidad que se le presentó emprendió vuelo hacia el extranjero, con las maletas bien apetrechadas de billetes mal habidos con la venta de las joyas de San Jacinto.

Días después apareció en el Diario "Los Andes", un aviso publicado por la víctima del atraco, en los siguientes términos:

A TODAS LAS NACIONES
Hago saber que el alhajero alemán Otto Húcker me ha robado algunas joyas muy valiosas y ofrezco una gratificación de 200 pesos a la persona que me dé informes exactos de su paradero, f) A. Trimorta.

Y para sorpresa de los lectores, en el siguiente numero, algún travieso publicó una contestación que decía:

A TODAS LAS NACIONES
Ladrón que. roba a ladrón tiene 100 años de perdón.

PENDENCIAS VAN INSULTOS VIENEN
¡Cómo no sería la inquina que entró en el alma del Dr. Timorta al verse robado y blanco de burlas, que de inmediato buscó la lista de sus enemigos y decidió de buenas a primeras que el autor de la contestación era su archienemigo el Dr. Reina, abogado también y de los buenos, con quien tenía algunos pleitos pendientes.

Varios remitidos se lanzaron en los días sucesivos y a la semana, por equivocación, mató Trimorta a un padre de seis criaturas, confundiéndole con el Dr. Reina. Años después, un viejo diplomático ecuatoriano entonces en Roma, escribía en sus "Anécdotas" quien había sido el autor de la contestación ¿Su nombre?. ¿Cómo no darlo?, si es el mismo personaje de esta Crónica, autor del motín de los caramancheleros, de la asonada contra el Gobernador y de su Convocatoria por periódico contra los Jesuitas.