..............................................................................................................................................................................................................
|
INCOMODOS
TRAJES DE LA EPOCA
Todas las clases sociales usaban en
1870 crinolinas de una y dos vueltas. El chal también
estaba generalizado y no tanto por el frío
como por el natural pudor de la mujer antigua a salir
descubierta en público. Las señoras
de edad lo usaban grueso, de merino y negro. Las jóvenes,
de seda china y Manila, importado de Filipinas a gran
precio, con flecos en las puntas y uno que otro adorno
disimulado. Tan caros y bellos eran algunos, que cuando
pasó la moda los utilizaban como cubre pianos
de cola y era de ver la admiración que causaban.
En la casa usaban la "manteleta" o chal
de confianza.
En cuanto a ropa interior, el hombre usaba camiseta
de manga larga y calzoncillo que llegaba hasta el
tobillo. En el campo se desconocían estas prendas
y nuestros montubios solo vestían camiseta
de bayeta y pantalón grueso. Para sus viajes
no faltaba el poncho de hilo y cuatro dobleces que
le servía para montar, de almohada o de escudo
para defenderse en caso de ataque con machete.
La cotona o camisa manga larga de cuello abrochado
era prenda de vestir de los montubios del Guayas pero
también se usaba en la ciudad aunque era de
mal gusto. Un bejuco "plazarte " de siete
rabos reemplazó en el campo al clásico
bastón de puño de oro con monograma
que exhibían chicos y grandes en Guayaquil.
En 1880 llegó de París “el polizón"
o almohada rellena de lana, que se colocaba debajo
del vestido y sobre las caderas, para pronunciar la
parte posterior del talle. De ese tiempo son las graciosas
fotos donde posan graves matronas, de perfil, luciendo
este incómodo aunque provocante aditamento,
que hizo suspirar a más de un goloso.
El levitón o saco largo hasta la rodilla se
usó en el siglo XIX desde 1850 hasta 1895,
pero la revolución Liberal lo desterró
por incómodo y feo. Desde entonces la chaqueta
o saco largo hasta arriba de la rodilla era prenda
de vestir común en la gente rica. El infaltable
chaleco de seda y botonadura de oro o brillantes complementa
el atuendo. Se cuenta que el Príncipe de Gales,
luego Eduardo VII de Inglaterra, puso de moda los
pantalones con raya al medio. Lo cierto es que desde
1900 a nadie se le ocurría salir de su casa
sin la famosa rayita, que tiene que estar impecable
y bien asentada, a pura plancha.
Como sombrero, el hongo de pelo corto llamado "Buche",
y para los pies la fina bota de cuero negro que llega
a la media pierna. Los agricultores, deportistas,
jóvenes o campesinos, usaban sombreros "Pavitas",
tejidos en Montecristi y chaqueta de dril blanco.
En cuanto a zapatos y zapateros, hubo en Guayaquil
un famoso negro llamado "Manuelillo" que
fue en su tiempo el rey de su gremio, sin que nadie
le pudiera discutir la corona en esa artesanía.
Ya ves, lector, que en nada superamos a la gente del
pasado y que si hoy existen modas raras y sorprendentes
se debe a que antaño también las hubo!.
ALGUNOS JUEGOS O MODALIDADES
En casas particulares y en el Club
de La Unión se jugaba "bacarat" a
pesar que la policía lo tenía prohibido;
Rocambor, Trecillo y Pinta eran aceptados en reuniones
sociales sin mayor restricción. Muchas personas
preferían las adivinanzas o juegos de prendas,
a los naipes, más populares en los cuarteles.
Con barajas los señoritos sorteaban pócares
y jugaban 40, que entonces se llamaba "caída
y limpia". Otros juegos eran el quita montón,
la burra, el hueso, el siete y medio, la veintiuna,
pócar de a sietes, solitario y banco ruso.
Los niños se distraían en los dormitorios
y corredores con la "perinola" de punta
y cuatro caras, fabricada en la sierra con tagua de
Esmeraldas, en lindos colores. También se jugaba
a las bolitas, haciendo pepo y trulo y de "a
cocacho". Con las piernas saltaban “tres
en raya” y bailaban la "ronda" cantando:
"Buenos días, Su Señoría.
Mantantiru ti ru lan.
Qué quería Su Señoría.
Mantantiru ti ru lan.
Yo quería una de sus niñas.
Mantantiru ti ru lan.
Pues hagamos la fiesta entera
con la niña en la mitad".
No faltaban trompos con quiño y las cometas;
existía una agua gaseosa llamada "Seitzer"
que tenía en el interior de la botella una
bolita de cristal coloreado. La gracia estaba en tomar
el líquido y romper el envase para obtener
el premio. Otra cola de moda era la Fioravanti fabricada
por el "bachiche" de ese apellido desde
la segunda década de 1880; y también
eran apetecidas las popular "Gallito" y
la "Fox" color champagne clara, que venía
en botella pequeña color café, tapada
con corcho y sobre él un brillante papel dorado
encintado con goma. Después la tapaban con
"tapa corona".
La fábrica de cigarrillos "El Progreso",
a medias con la sociedad Filantrópica, imprimía
los hermosos billetes de a mentira, vulgarmente mencionados
como "billusos", que existían en
emisiones de distinto precio y facsímil, para
deleite de chicos y grandes.
LAS PELEAS DE GALLOS
Uno de los ramos de mayores ingresos
en la Municipalidad de Guayaquil fue el de gallos,
se remataba la renta y vendía el permiso para
reñirlos. El Cabildo anualmente designaba a
uno de sus regidores, hoy Concejales, para que actuara
de Juez de Gallos. El oficio teníase por muy
importante y pingüe.
Casi siempre las peleas se realizaban los domingos
y lunes, de 3 a 5 de la tarde, en el interior de la
Gallera situada en el fin de la calle "Del Fango"
cerca de una poza conocida como "De Cachirulo"
porque allí solía bañarse un
buen hombre, dueño de ese jocoso mote, que
no teniendo oficio ni beneficio conocido, era utilizado
en las corridas de toros que de cuando en cuando se
realizaban, para poner las banderillas a los astados.
Con posterioridad se fabricó una nueva gallera
en las actuales calles de 9 de Octubre y Chimborazo,
edificio que se quemó en 1896. Don Francisco
Camba, inveterado apostador de gallos, viendo la necesidad
de otra nueva cancha, la construyó en 1900
detrás de su casa, en las antiguas calles Esmeraldas
y de la Gallera. Yo alcancé a conocer una cuarta,
que existió hasta hace pocos años en
Luque y García Aviles esquina, y que aunque
siempre estaba concurrida y se apostaba fuerte y parejo,
por razones de índole económica quebró,
cerrando sus puertas a la clientela. En esa gallera
no faltó un comerciante que remató el
servicio de atención al público y puso
a la venta un delicioso arroz con pollo que nadie
quiso probar, pensando que era preparado con los gallos
muertos en pelea. (1).
(1) Esta crónica salió publicada en
el Suplemento Literario de El Universo, el 6 de Diciembre
de 1970, posteriormente se inauguró otra gallera,
que aún existe en la Calle Eloy Alfaro.
|
| ...................................................................................................................................................................................................... |
| << 1
2 Anterior |
|
|
|