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PRIMEROS
AVATARES
Mercedes de Jesús crecía
al cuidado de su madre que le enseñó
lo concerniente a su sexo y condición. Entendía
de bordado, costura y cocina, sabía leer y
escribir, algo de gramática, las 4 reglas de
aritmética, religión, urbanidad y sanas
costumbres, sin descuidar la higiene. Era la época
en que las mujeres solo aspiraban a ser hacendosas
y serviciales.
La madre tampoco debía durar mucho en este
mundo pues falleció en Guayaquil en 1837 dejando
a sus hijos al cuidado de una hermana. Con este motivo
los huérfanos y la tía Ayala regresaron
a Baba donde ella vivía, pues solo había
venido a Guayaquil a acompañar a la enferma.
Hacia 1844 Mercedes decidió volver a la ciudad,
tenía 16 años cumplidos y una recia
personalidad fraguada en la soledad y el dolor. Era
toda una señorita y quería ver mundo
y gentes. Con tal motivo escribió a Rosalía
Aguirre de Olmos, señora muy amiga de la casa,
para que la recibiera en su domicilio de Guayaquil.
Vivieron cinco años en compañía
y durante ese lapso Mercedes fue activa, diligente
y dio ejemplo de conducta a los demás.
En 1849 y casi de 21 años abandonó a
Doña Rosalía para vivir con su hermana
María, que había comprado casa en la
calle Chile, entre las de Clemente Ballen y 10 de
Agosto, donde después se hospedarían
dos flores de santidad: Narcisa de Jesús Martillo
Moran y Jesús Caballero, vivían en el
cañón del edificio; el vulgo, que raras
veces se equivoca, decía que era "La casa
de las Beatas".
Hacia 1849 Mercedes era una "bella y gentil damita"
de 21 años y cómo su virtud se apreciaba
y su familia también, no le faltaban pretendientes
que aspiraban su mano y uno de los Aguirre acercóse
a la casa con halagos y promesas y fue bien recibido.
En tal trance Mercedes iba a aceptarlo cuando sintió
el llamado que la alejaba del matrimonio, sufrió
una crisis moral y decidió abandonar el mundo
de gala que la rodeaba para servir únicamente
a Dios. Eso le sucedió un día cuando
arrodillada frente a un crucifijo de madera que tenía
en su dormitorio, “vio” en trance místico
“la candente mirada de Cristo que la incitaba
al sacrificio de su persona".
Estaba en tal indecisión cuando tuvo que viajar
a la hacienda materna por asuntos de negocios. Allí
le ocurrió la segunda experiencia mística
de su vida; pues en unión de su hermana y de
la señora que iba a ser su suegra, cabalgaban
junto a otras damas por las orillas del río
y en un instante cayó al suelo sufriendo la
rotura del brazo izquierdo. Largos fueron los días
de convalecencia en cama y en esas horas de tedio
hizo varios exámenes de conciencia y resolvió
romper su compromiso ante las miraditas maliciosas
de sus amigas que imaginaban otros motivos.
Sola y sin compromiso Mercedes optó por recluirse
en un alejado cuarto de la casa .del que solo salía
a oír misa. Su tiempo lo dedicaba a sus sobrinitas
las Vergara Molina, hijas de Ramón Vergara
y de su hermana María. Una de ellas: Virginia,
entrará en Cuenca a la orden del Carmelo y
recién falleció hace poco.
Mercedes sufría ardientes arrebatos de misticismo
y hasta dicen que después su cuerpo se suspendía
en el aire emanando una luz embriagadora. Tenía
continuas visiones y éxtasis que la alejaban
del mundo y de la agitación política
que reinaba en el ambiente ecuatoriano. Recibía
diariamente la comunión y sus pasos eran guiados
por sacerdotes como el Canónigo Pedro Pablo
Carbó y Briones, al que abandonó porque
la trataba con suma delicadeza sin permitirle hacer
penitencias rigurosas, luego tuvo al Padre Vicente
Pastor que al poco tiempo viajó a cumplir funciones
a Cuenca, después pasó a cargo del Padre
Amadeo Millán y por último trató
como confesor y guía espiritual al Padre Domingo
García Bovo, de la Orden de los Jesuitas. (1)
Por aquel tiempo Mercedes se sentía tan ligada
a Jesús que empezó a usar su nombre
unido al de ella. Mercedes de Jesús fue el
resultado. Una niña contaba que a pedido de
Mercedes tuvo que grabar (tatuar propiamente) en medio
del pecho desnudo de la Sierva de Dios, el santo nombre
del Salvador y que la aguja que le rasgaba las carnes
producíale tal dolor, que no se explica cómo
soportaba la experiencia.
El tatuaje le duró toda la vida, porque fue
hecho con tinta de la China y ha pasado a ser el distintivo
de la Congregación que fundó en Riobamba,
dedicada al servicio de la niñez por medio
de la educación y bajo la advocación
de la primera santa ecuatoriana: Mariana de Jesús
Paredes y Flores.
Mercedes también practicaba ciertas costumbres
hoy en desuso y que los modernos estudios de psiquiatría
mencionan como estados primarios en las neurosis avanzadas.
El caso era que, cuando se encontraba en la soledad
de su cuarto, se infligía terribles tormentos,
pero dejemos que ella misma nos refiera este capítulo
de su vida: "Yo Mercedes del Corazón de
Jesús, sometiéndome a la obediencia
de mi Director P. García, practicaré
lo siguiente: Domingo, usaré dos cilicios en
los muslos; Lunes,
(1) Cuando arribó a Guayaquil el jesuita italiano
Domingo Bovo fue presentado al presidente García
Moreno; quien, al oír tamaño apellido,
le hizo caer en cuenta que le iría muy mal
si lo seguía usando, dado el significado que
tenía. El padre entendió a medias el
consejo y queriendo agradar a Su Excelencia, metió
la pata manifestándole que de allí en
adelante se apellidaría Bovo-García,
pues nadie osaría reírse de ello, dado
el respeto que todos tenían a su Excelencia.
Dos cilicios en las piernas; Martes, dos cilicios
en los brazos. Miércoles, dos en las piernas;
Jueves, dos cilicios en la cintura; Viernes dos en
los pies, dos en los brazos; Sábado, dos silicios
en los brazos. Estos cilicios diarios los usaré
desde que me levante hasta que me acueste. En las
horas de oración en la casa, aumentaré
los siguientes: Domingo, en las rodillas; Lunes, una
corona en la cabeza; Martes, en las corvas; Miércoles,
en las caderas; Jueves, en los muslos; Viernes, una
cruz de cuido en la espalda, una corona en la cabeza,
y la oración de la tarde la haré media
hora crucificada. Primero disciplina, en todo el cuerpo,
además de la corona y cruz usaré un
silicio en las caderas que llegue hasta los muslos;
en las manos, unos clavos y guantes que abracen por
dentro y fuera. Para ir a comulgar añadiré
los silicios siguientes: Domingo, en la cintura; Lunes,
una chaquetilla con tachuelas. Martes, en las piernas;
Miércoles, en los brazos; Jueves, unas pulseras;
Viernes, las chaquetillas, silicios en los brazos
y en los pies; los primeros Viernes, una túnica
de jerga con tachuelas; Sábado, el de las cadenas.
Dormiré: Los Viernes, en filos de tabla; los
Lunes, con la túnica de jerga con tachuelas,
los demás días, en el duro suelo. Tendré
disciplina de sangre todos los días".
También sufría de tentaciones y súbitos
accesos de locura que ella atribuía al cerco
con que la mantenía en constante agitación
el demonio. El Padre Fajardo, autor de una muy completa
biografía de Mercedes, explica estas situaciones
con ejemplos históricos de otras almas que
sufrieron iguales tentaciones para terminar afirmando
que Mercedes también fue una Santa; pero, esos
arrebatos de tontería o confusión en
nada menguaban la bondad de su alma y su fervoroso
deseo de servicio; pues, por aquellos días
de juventud, era ejemplarizador el denuedo con que
atendía a las huérfanas de la ciudad.
Mas, el feroz dictador , mirándole seriamente,
le dijo que conque se llamara García a secas
era suficiente, lo cual fue aceptado por el sumiso
jesuita, que desde ese día pas6 a ser conocido
en toda la ciudad con el nombre de Domingo García,
pero el caso se supo enseguida y se presto a risas.
El cura de San Alejo, queriendo hacerle una gentileza
le invito a cantar la primera misa en su parroquia
y demás está decir que ese día
se llenó el templo de beatas y curiosos, entre
los que se mezclaron algunos mozalbetes malcriados
y divertidos. I cuando el padre García salió
de la Sacristía al altar, paróse delante
de la concurrencia y cantó con entonación
gregoriana "Dominus Vobiscum", siendo respondido
a gritos con un "Que el culo te peñizco",
también con la misma entonación. Entonces
no faltaron los buenos que se exasperaron con dicha
falta de respeto y hasta amenazaron con sus bastones
a los malcriados, que callaron. El sacerdote como
que algo notó de raro y muy amoscado siguió
cantando su misa hasta llegar a la parte final donde
volvió a gritar: "Amen" , siendo
coreado con un estrepitoso: "Nos cagamos en Ud.
también" con igual cantito pero a gritos.
Allí se armé Troya y comenzaron a llover
golpes y mojicones, así como algunos sombrillazos
de las beatas presentes, pues jamás se había
presenciado un acto de tal malacrianza, que hasta
rayaba en sacrilegio, según apunto un Canonista
dias después. A consecuencia de ello el padre
García se recluyó a aprender el español
rápidamente y solo dio misa en el templo de
San José, que por ser propio de los jesuita,
creyó mas tranquilo y seguro.
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