TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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CARRERAS A PIE Y A CABALLO
Todos los años los mayordomos de muchas haciendas se citaban en el Malecón de Guayaquil durante la semana del 9 de Octubre para realizar carreras de “caballos" en briosos corceles que preparaban con cuidado y esmero. Apostaban una caja de vino, un almuerzo para seis personas, un billete de a cinco sucres o un cóndor de oro. Hacia 1860 casi siempre ganaba el Mayordomo de "Cachan", hacienda de Agustín Barreiro, cercana a Babahoyo, y cuentan que llegó a tener hasta 20 caballos corredores de muy buena sangre.

Del Presidente Plácido Caamaño ose refiere que siendo joven por 1862, durante el verano y en noche de luna, desafió a un conocido profesor primario de apellido Antepara, a correr "de a pie" desde la casa de Gregorio Pareja hasta la de Luisa Sono viuda de Reina, por el Malecón. La apuesta pactada fue una caja de vino francés importado, que no era poca cosa en esos días, designándose un juez de partida y otro de llegada, cuatro cuadras adelante.

El público numeroso también jugó suertes y entre los presentes se cruzaron apuestas y no faltaban las señoritas que aplaudían desde las ventanas. Se dio la partida con un tiro de revólver y ambos corrieron iguales las dos primeras cuadras, tomando ventaja el profesor en la tercera, siendo igualado a pocos mtrs de la llegada por su contrincante, que faltando escasos dos mtrs y de un enorme salto ganó la prueba, poniendo sus pies en la señal marcada, al mismo tiempo que exclamaba: “Ganó Caamaño".. trampa, trampa.. gritó el contrincante, medio asfixiado del esfuerzo y las cosas hubieran pasado a mayores y quizá hasta se habrían lamentado incidentes si el juez de llegada no hubiera favorecido al pedagogo, por haber arribado igual que el joven Plácido.. a pesar de ser jorobado de doble jiba.

DANZAS Y CONTRADANZAS
Hacia 1850 en Guayaquil se almorzaba a las nueve de la mañana y merendaba a las cinco de la tarde. Los bailes eran pocos y casi siempre en casas particulares y plazas públicas y como no existían salones o restaurantes eran las fondas de chinos situadas en los bajos de la Municipalidad y con frente a la Plaza del Mercado, las que hacían más ventas. En la actual calle Elizalde había otras dos de propiedad de guayaquileños, donde se hospedaban los viajeros en tránsito. Por el Conchero y en el Barrio Villamil también funcionaban algunas de peor gusto y fama, atendidas por los balseros de la ría, casi siempre contrabandistas o enemistados con la ley por algún crimen.

"El café de la Democracia" fundado en los bajos de la casa de José Gabriel Peña era famoso por el café que vendía, servido por un chino de nombre Antonio, que dicen que tenía una fórmula mágica para prepararlo. El "Café de la Santa Rosa" y la "Balsa de Olivo" fueron sitios típicos de expendio de bebidas alcohólicas o alimenticias ( 1 ).En éste último, ubicado en la ría y frente a la vieja Tahona, fue célebre un español medio loco llamado Buenaventura Rambaud, cuya especialidad estribaba en recitar el mismo verso luego de beberse una tacita de café:
De la imprenta los sellos
de las tiendas las cambray,
de los clérigos los cuellos . . .
es difícil dar con ellos
pero, que los hay, los hay
"¿Qué los hay, señor Rambaud?"
"Tontos, que me obsequien una taza de café".

Y se retiraba sonreído por tan feliz ocurrencia. El populacho, siempre imaginativo, creyó ver en su demencia una desilusión amorosa, por cuanto una rica señorita heredera de valiosas huertas de cacao le había negado su mano, años atrás.

CONCURSO DE VIRTUD Y LUEGO DE BELLEZA
Antaño se hacían Concursos de Virtud entre las señoritas porteñas más distinguidas por sus prendas personales y alta moralidad. El primero que recuerda nuestra historia local ocurrió en 1825 con ocasión de la llegada del Libertador Simón Bolívar después de la campaña de Perú. En esa fecha se seleccionaron tres hermosas guayacas que vistieron de amarillo, azul y rojo respectivamente en honor del tricolor colombiano: María Plaza del Campo, María de los Angeles Rico y Rocafuerte, después señora del Prócer de la Independencia General Thomas Charles Wright, y

(1) Y era usual que cuando se retiraban los balseros gritaban a su propietario:
En el fondo de la mar
suspiraba una guatusa
y en sus suspiros decía
Olivo café de tusa.

Y el buen hombre, oyendo tamaña mentira, salía al borde de la balsa gritando a su vez lo siguiente:
En el fondo de la mar
suspiraba un peje bagre
y en sus suspiros decía
Anda grítale a tu madre ...

Carmen Calderón y Garaycoa. La primera murió centenaria y soltera en 1904; la segunda falleció con numerosa prole aunque joven y la última, sin haber tomado estado civil, en Lima, de mediana edad. Mala suerte de las tres.

Se sabe que Mariquita Plaza le espetó a Bolívar los siguientes versos posiblemente de Olmedo luego de coronarlo con flores:

Cuando de Guayaquil, señor, marchaste
Este pueblo de luto se vistió
de pesares, señor, nos inundaste;
las flores con tu ausencia, marchitaste
y el astro de luz se oscureció.
Has vuelto. ¡Qué feliz es este día!
Renace el pueblo, vuelve la alegría .. .

Bolívar contestó: "una diosa de Colombia me acaba de coronar y de sus manos recibo la enseña que fue el culto de mi vida". A María de los Angeles Rico le dijo: "Me estremezco al ver que un ángel corone a un hombre" y a Carmita Calderón: "De todas las glorias que me ha concedido 1a fortuna, la que más me abruma y enorgullece es la de haber sido coronado por tres ángeles del Guayas".

En 1907 el Concejo Cantonal eligió "Reina del Pueblo" a María Esther Lara, por su virtud, pobreza y honestidad, premiándola con honores y dinero. En 1919 fue electa Reina de Guayaquil Susana Arosemena, hoy viuda de Santistevan, con motivo del centenario del 9 de Octubre. En 1920 fue electa María Mercedes Ycaza Pareja. En 1930 El Telégrafo organizó el I Concurso Nacional de Belleza participando señoritas de casi todas las provincias del país. De finalistas quedaron las cuatro Miss Guayas: Blanche Yoder, Adalgisa Descalzi, mi mamá María Pimentel y Sara Chacón, que ganó el título y viajó a disputar el cetro mundial de la belleza en Long Island y desde ese año han sido tantos los concursos, que enumerarlos, sería crónica de muchos días.

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