TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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MAS COSTUMBRES DEL AYER
A las cuatro de la mañana las campanas alzaban el vuelo en los templos del Guayaquil de antaño llamando a "Misa de Madrugada". Media hora después las iglesias se llenaban de lavanderas, cocineras, personas pobres que solo tenían ropa ordinaria, señoras de rango con compromisos ilegítimos y, en fin, todo cristiano que no deseaba ser visto, concurría a esta temprana hora. Con el tiempo y ya por 1860 se generalizó la costumbre y era de postín madrugar, dando a los ladrones la oportunidad de saquear los domicilios porque el alba despunta a las seis.

Después de misa era de ver a las señoras cómo se repartían en diversos domicilios de parientes o amigas para desayunar los sabrosos "Chiricanos" de maíz y azúcar; las tortillas" de sal y algunas tazas de café "Piscano" en leche, con la consabida palanqueta, mollete, rosquete o tostada con mantequilla del "Morro" traída a lomo de burro y en balandras, desde la Península de Santa Elena.

LAS FAMOSAS GRANJERIAS
A golpe de siete de la mañana ya no quedaba una señora en la calle, porque habían regresado a sus casas a preparar exóticas pero útiles "granjerías". Esta cosía ropa para los niños, la otra surcía con singular maestría, la de acá bordaba en seda varios motivos europeos llegados de París. No faltaba la que cocinaba pan "de la vida" o "Guatemala" que hay que dejarlo laudar siquiera tres días para que crezca a punto; otra preparaba "Gollerías", como se conocía al maíz de guinea, pastelillos, empanadas, hayacas, champús, limones claveteados, dulces secos y de almíbar, chicha de jora, dulces azucarados de figuritas, caramelos, colaciones de nuez o de almendra, mazamorras, natillas, arroz con leche, biscochos nevados, huevitos de faldriquea, roscas, roscones nevados y galletas de diversos sabores.
Otra granjería de fama era la confección de flores de papel y tela para adorno de interiores, de vestidos y tocados del cabello. Las muñecas de trapo también constituían quehaceres de toda noble matrona. A nadie se le ocurría visitar entre las horas de la mañana, eso era mal visto y constituía una interrupción.

OCUPACIONES SOCIALES DE ANTAÑO
La visita de etiqueta se recibía en la sala y si era de confianza en "la cuadra", como se conocía el cuarto de estar o en el de entrada. Comenzaban las visitas a las siete de la noche y no duraban más de hora y media; a las nueve todo el mundo se recogía a dormir. La damas salían con sus hijas mayores y una criada. Los caballeros solos o con las señoras. En "la cuadra" y el cuarto de estar siempre había una hamaca grande y central para dos señoras, la de casa y la que visitaba y a los lados tres o cuatro hamacas pequeñas, de pared, para el resto de la concurrencia. En la entrada los muebles eran de mimbre o esterilla y el corredor de acceso les prestaba mayor confianza. A la salida muchos saludos de despedida de parte y parte y una charla final al pie de la hamaca, que se prolongaba en la entrada y terminaba en la puerta, era la costumbre. Despedirse sin estas tres últimas conversaciones era muy mal visto por todos. Si el que abandonaba la casa era un caballero, la "niña" menor de la familia visitada corría al interior y salía con un frasco de cristal lleno de olor de tacón, esencia de bergamota, flores de lima, aromas del campo, jazmín de arabia y agua mil flores fabricado por Monsieur Montpelas en París, con el que rociaba el pañuelo o la solapa del saco del visitante. Sin este formulismo nadie bajaba de una casa que se preciaba de decente y honesta.

Años después vendrían al puerto mejores colonias, unas de Pinaud, otras de Burjois y la no menos famosa de la casa de Carón, popularizándose entre los ricos el "Soir de París" y "Avión" y entre los pobres "Noche silenciosa" y "Tabú", que cobró mala fama porque fue la preferida de las señoritas de calle adentro; pues su penetrante olor llamaba la atención en un radio de dos metros a la redonda, cuando menos.

JERARQUIAS SOCIALES EN LAS IGLESIAS
Antaño fueron escasos los templos de bancas; los feligreses se aguantaban de pie hasta el final. Desde 1650 fue usual que las damas pudientes hicieran cargar a la servidumbre de sus casas unas alfombras serranas, pesadas y feas que dentro de la iglesia extendían a sus pies para mayor comodidad. Esta costumbre fue suplantada en 1840 por otra que nos vino de la democrática Francia del Rey Luis Felipe I de Orleans. Se cambiaron las antiguas alfombras por unas nuevas, bellas, de colores, con flecos y muy livianas, que el caballero acompañante llevaba sobre el brazo izquierdo, bien doblada y con delicadeza. La cristiana señora tomaba el brazo derecho de él y se resguardaba del sol bajo la sombrilla que éste mantenía abierta. En fin, las parejas no podían ser más románticas. ¡Era la época!.

Hacia 1890 los reclinatorios se popularizaron y salieron novedosos modelos que se doblaban en dos y cuatro partes, formando unas cajitas mínimas. Los había de paja, esterilla, madera y bronce; sin embargo, ya eran muchas las señoras que tomaban asiento en las bancas junto a los hombres, cosa que escandalizó al principio pero que después, con el paso de los años, se volvió costumbre general bien aceptada.

FESTEJOS CLASICOS EN LA CIUDAD
El gusto por las corridas de toros solo disminuyó a mediados del pasado siglo porque en la colonia fueron pan de toda boda y no había motivo de alegría que escapara de esa celebración. Casi siempre se lidiaban los toros en la plaza de la Iglesia Matriz, hoy Catedral, donde se levantaban "Barreras" y un "templador" para favorecer a los nóveles toreros y a las "Mojigas" perseguidas. Se conocía con este nombre a los disfrazados con ropas chocantes y de colores que saltaban al ruedo a distraer al animal con arriesgadas piruetas y maromas.

Esos peligros eran cosa natural y sabida en las corridas de toros celebradas antaño y se las anunciaba con "el encierro" por las principales calles de Guayaquil con numeroso saldo de heridos y contusos.

La más famosa "Mojiga" de antaño se celebró en Cuenca en presencia de uno de los Académicos franceses venidos en la Misión Geodésica para medir un arco del cuadrante del meridiano terrestre. El 29 de agosto de 1737 se efectuó la primera corrida de varias programadas para cinco días y el Cirujano Juan Seniergues asistió a un palco con su amante Manuelita Quesada, cuencana que también mantenía amores con el noble Diego León y Román. Iniciados los festejos, el padre de la Quesada corrió al ruedo fingiendo trenzarse en duelo a espada con otro enmascarado, en medio de las chanzas de los presentes que sabían que todo era ficcción y burla; sin embargo, Seniergues, creyendo que en verdad se trataba de un combate, saltó la barrera, auxilió a su casi suegro y sacó en fuga al adversario.

Un hombre del pueblo llamado Manuel Velasco, mejor conocido como "Alcurruco" o "Perro – Viejo” le dio una pedrada en la mano y otros lo hirieron sin misericordia al grito de: "Viva el Rey", "Abajo el mal gobierno" y "Mueran los gabachos" en protesta contra la actitud de Seniergues, así como por la privanza que le dispensaba Matías Dávila y Orduña, Corregidor de Cuenca.

El pobre científico fue trasladado a la casa de su compañero Charles de La Condamine y luego de recibir los últimos sacramentos expiró tres días después en medio de atroces sufrimientos.

En otras ocasiones se aumentaba la distracción colocando muñecos de trapo de gran tamaño llamados "porfiados", para que los embistieran los toros. La banda de música de algún batallón también colaboraba con un "despeje" ejecutado por personas que corrían formando letreros con mixturas de papel picado o flores.

Por la noche eran las "vacas" y los "toros embobados" donde los quemados abundaban y los enamorados abusaban de la oscuridad con besitos y abrazos de subidos tonos.

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