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MANIOBRAS
POLITICAS EN 1849
El 6 de Marzo de 1845 Guayaquil se
levantó contra el régimen del General
Juan José Flores y designó un Gobierno
Provisional compuesto por el doctor José Joaquín
de Olmedo y los señores Vicente Ramón
Roca y Diego Noboa. La situación política
se presenta incierta porque el Presidente Flores tenía
suficientes hombres y recursos para defenderse de
los marcistas; los acontecimientos posteriores provocaron
un arreglo o convenio que la historia conoce con el
nombre de "Tratado de la Virginia" por haberse
suscrito en la hacienda de dicho nombre, cerca de
Babahoyo, actual Provincia de Los Ríos.
Merced a este pacto Flores abandonó el territorio
ecuatoriano y libre ya de este impedimento, el Gobierno
Provisorio de Guayaquil convocó la IV Convención
Nacional (unicameral) que inició sus sesiones
el 3 de Octubre en Cuenca, contando con ilustres personalidades
de la patria. Los doctores Pablo Merino y Ortega y
Vicente Rocafuerte fueron electos Presidentes de la
Convención; la Vicepresidencia fue cubierta
por el doctor José Miguel Carrión y
Valdivieso, que llegará a ser Obispo de Botrén
y Auxiliar de la Arquidiócesis de Quito; actuaron
en la Secretaría los doctores Manuel Bustamante
y Francisco J. Montalvo, hermano mayor de Juan Montalvo.
Hasta el 7 de febrero del año siguiente continuó
la Convención sesionando y desde el 23 de Octubre
dedicó sus actividades a la elección
presidencial, que a la postre y luego de muchas votaciones
recayó en la persona de Vicente Ramón
Roca. El otro candidato era Olmedo, auspiciado por
un núcleo de Convencionales de tinte liberal,
en contraposición con los partidarios de Roca,
conservadores. Vicepresidente resultó elegido
Manuel Ascázubi y Matheu.
Posteriormente a la administración de Roca
se la acusó de comprometer el crédito
externo con arreglos perjudiciales en la deuda inglesa
y de estar involucrada en el empréstito de
la Casa Comercial Pedro Comroy, de Lima. Roca era
un hombre sagaz y ducho en política, que había
actuado como Diputado gobiernista en las Convenciones
y Congresos anteriores; sabía desarrollar ideas,
planificaba y contaba con la ayuda incondicional de
los exportadores de la costa y los terratenientes
de la sierra, cansados de los abusos del régimen
extranjerizante y explotador de Flores y sus amigos
militares, y temerosos de las innovaciones que pudieran
practicar los más exaltados liberales.
En estas condiciones llegó el año de
1849 y aparecieron nuevos candidatos para ocupar la
primera magistratura nacional. Los nombres de Olmedo
y Rocafuerte ya no se mencionaban pues ambos habían
fallecido en Guayaquil y Lima; había que llenar
la vacante de Roca con una figura de primera magnitud.
Pedro Moncayo se presentó como antifloreano
decidido, de los que nunca pactaron con el dictador,
además tenía a su haber una hoja de
conducta intachable; en 1833 fue perseguido y luego
expulsado por liberal y como redactor de "El
Quiteño Libre" salvó de morir casi
de milagro, luego fue un "Chihuahua" de
los de Puna.
Benigno Malo fue presentado por los cuencanos. Elemento
liberal, moderado, antifloreano en la segunda administración,
de vida correcta y ajustada a la moral. Pero siendo
pocos los congresistas morlacos tuvo que contentarse
con plegar a otro candidato más fuerte, el
doctor Pablo Merino, abogado guayaquileño de
origen riobambeño, y le propuso la candidatura;
pero viendo que éste no tenía mayor
apoyo y se retiraba voluntariamente de la palestra,
quedaron los cuencanos sin candidato y a la expectativa
de lo que decidieran los grupos quiteños y
guayaquileños que, por su número, serían
los que inclinarían la balanza en las votaciones
finales.
Los quiteños esgrimían dos nombres:
José Modesto Larrea y Jijón y Manuel
de Ascázubi y Matheus, ambos de la primera
distinción española por pertenecer a
las Casas de los Marqueses de San José y de
Maenza respectivamente. Larrea el más rico,
pero tiene en su contra el floreanismo de que le acusan
sus enemigos y el haberse comprometido en forma indirecta
en la matanza de Hall, Conde, Echanique y otros más
en el aciago año de 1832, cuando desempeñaba
la Presidencia de la República interinamente
por ausencia del titular General Flores. El segundo
era menos popular porque como la independencia acarreó
a la familia Ascázubi muchos años de
persecuciones que arruinaron su patrimonio, tuvo Don
Manuel que encargarse de restaurarlo con su trabajo,
alejándose por largas temporadas de Quito.
En 1849 Ascázubi ejercía la Vicepresidencia
y en Guayaquil sonaban los nombres del General Antonio
Elizalde y Lamar y de Diego Noboa Arteta. El primero,
de los vencedores en Pichincha y Ayacucho, donde le
cupo la gloria de ser el portador de las banderas
españolas tomadas en la acción, que
el Congreso Peruano remitió al Libertador Bolívar.
Como político era moderado y liberal, en contraposición
a Noboa, tenido por conservador. Elizalde era áspero
de carácter por su ancestro vasco - navarro
y poco dúctil ante los demás. Noboa
era hombre de mucho prestigio por representar un extenso
núcleo económico, experto en materia
política y estaba lleno de ambición.
En esta situación se reunió el Congreso
Ordinario en Quito el 16 de Septiembre de 1849 y los
guayaquileños y quiteños midieron sus
fuerzas. En el Senado triunfó Quito con José
Modesto Larrea, electo Presidente de dicha Cámara.
El doctor Francisco Marcos y Crespo, antiguo floreano
volteado poco después del 6 de Marzo, abogado
y guayaquileño, ocupó la Vicepresidencia,
equilibrando las fuerzas; en cambio, en la Cámara
baja o de Diputados, donde los integrantes eran jóvenes
y liberales, el triunfo fue del General José
María Urbina, quiteño electo Presidente,
con el doctor Antonio Muñoz natural de Cuenca,
en la Vicepresidencia.
Al iniciarse los primeros tanteos pre-electorales
y estando aún vivo el recuerdo del militarismo
extranjero de Flores y todas sus fatídicas
consecuencias para el país, los Congresistas
quiteños se resistían a aceptar la candidatura
de otro militar, el General Antonio Elizalde Lamar,
liberal guayaquileño, y no pudiendo apoyar
a ninguno de los dos candidatos quiteños, porque
Larrea era tildado no sólo de floreano sino
de cómplice y Ascázubi tenía
en su contra todas las acusaciones que se le hacían
al régimen de Roca, a la postre apoyaron a
Noboa, con el secreto fin de prolongar la lucha presidencial
con Elizalde y facilitar la ascensión al Poder
del Vicepresidente Ascázubi.
La primera votación arrojó el siguiente
resultado: Elizalde 24, Noboa 18, Merino 2 y Malo
1. Se concretó entre los dos primeros y ninguno
obtuvo los 2/3 requeridos para el triunfo y como transcurrían
los días y se aproximaba el 15 de octubre de
1849, fecha en que vencía el plazo que señalaba
la Constitución para elegir el Presidente de
la República, El Vicepresidente Ascázubi,
que no había perdido las esperanzas de ocupar
el solio presidencial, conspiró con su yerno
el doctor José María Lasso para impedir
que un guayaquileño fuera electo, contando
con los Congresistas quiteños que habían
firmado un pacto secreto —al decir del doctor
Francisco X. Aguirre Abad— mediante el cual,
se comprometían a mantener las votaciones casi
empatadas, ya sea votando por Elizalde o por Noboa.
Así las cosas llegó la medianoche del
14 y en el escrutinio 105 Elizalde apenas aventajó
con tres votos a Noboa. El resultado fue 24 a 21.
Roca había dejado de ser Presidente y los legisladores
encargaron el Poder Ejecutivo al Vicepresidente de
la República, Manuel Ascázubi y Matheu,
quien de inmediato dio a conocer el nuevo gabinete;
en Hacienda, José Félix Valdivieso,
y para lo Interior el doctor Benigno Malo.
¡Qué distinto habría sido para
los intereses de Guayaquil y de la Patria si el señor
Noboa, al no obtener mayoría en el Congreso,
hubiera resignado su candidatura en homenaje a la
mayoría que apoyaba a Elizalde; pero no lo
hizo, prefiriendo que Ascázubi ascendiera en
perjuicio de su contendor!.
1850 fue un año de gran trascendencia. Ascázubi
oteaba en el horizonte político negros nubarrones,
sobre todo en Guayaquil, donde el General Urbina era
jefe militar. Ascázubi comprendía que
se preparaba una revolución en su contra. A
su despacho llegaban denuncias, así pues, tanteó
el panorama y se decidió a actuar; cambiaría
la guarnición militar de la plaza poniendo
gente de su confianza; mas, Urbina se le adelantó
el 20 de febrero dando el golpe de estado. Entonces
ofreció la Presidencia a Elizalde que la rechazó
airado con una de sus consabidas rabietas, y como
Urbina no se sentía fuerte como para afrontar
solo la situación se decidió por Noboa,
el otro candidato, quien aceptó inmediatamente
su ayuda militar y trató de llegar a un acuerdo
con Ascázubi, a la sazón en Quito.
Con fecha 4 de marzo Noboa le propuso la convocatoria
de una Asamblea Constituyente y la separación
del doctor Benigno Malo de la cartera del Interior,
cosas que Ascázubi rechazó de plano;
y viendo que no arribaba el gobierno a ningún
acuerdo, los congresistas quiteños le retiraron
su apoyo y entraron en conversaciones con los partidarios
de Noboa, pues ambos grupos eran de la misma tendencia,
llegando a un convenio a espaldas de Ascázubi,
mediante el cual se entregarían los Cuarteles
de Riobamba a Noboa y el 10 de junio le pronunciaron
Jefe Supremo en Quito. Los cuencanos, algo atrasados
de noticias, creyendo llegado el momento de la captación
del poder, se pronunciaron por Elizalde el 15 del
mismo mes. Ciertamente que Elizalde Lamar, por rama
materna, estaba emparentado con numerosos azuayos
y quizá tal vez este nexo de parentesco pudo
captarle el auspicio de ellos; pero no es menos cierto
que él debía ser el Presidente por simple
mayoría de votos y por la popularidad que tenía
en el país. Por ello fue que Manabí,
Imbabura y Carchi también le proclamaron, y
Ascázubi, ante la gravedad de los hechos, resignó
el mando que en forma provisional detentaba desde
octubre.
Quince días después, el 23 de julio,
se celebró el "Tratado de la Florida"
en el Recinto Petrillo, Cantón Daule, Provincia
del Guayas, por el cual ambos contendores podían
seguir dominando en las provincias que les había
proclamado hasta tanto la Convención Nacional
convocada para elegir Presidente, arrojase un resultado
definitivo.
El 8 de diciembre se realizó la primera sesión
y salieron nominados Presidente y Vicepresidente los
noboistas, doctor Ramón de la Barrera y Pedro
Carbo Noboa, sobrino de Don Diego. ¿Qué
había sucedido?. Pues que estando Quito y Guayaquil
con Noboa y únicamente Cuenca con Elizalde
ya que las otras provincias elizaldistas como Manabí
e Imbabura casi no contaban por su escasa población,
Noboa triunfaba ampliamente sobre su opositor con
22 votos contra 2 de Elizalde, que no se resignó
y se dirigió a Manabí donde esperaba
encontrar apoyo, mientras en Cuenca se proclamaba
la Jefatura Suprema de Jerónimo Carrión
y en Ibarra el General Fernando Ayarza se alzaba contra
Noboa. ¡Era la guerra civil! pero Ayarza fue
derrotado en Tabacundo y Cuenca al saberlo, temiendo
contribuir a la destrucción de la Patria, aceptó
a Noboa, quedando Elizalde en Manabí sin esperanza
de ayuda y por eso salió a Lima. Así
finalizaba una etapa de malestar político en
el Ecuador y Urbina comenzó a preparar desde
Guayaquil su próxima ascensión al poder,
como lo pronosticara Rocafuerte en 1835, cuando dijo:
"Este mocillo tiene ambición y llegará
lejos".
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