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LA BATALLA
DE GUASPUD
En la noche del 3 de Diciembre de
1863 los colombianos ocupaban la hacienda Cascajal
y Flores se retiró a Guachupal. Al día
siguiente los ecuatorianos avanzaron a Chautalá
a sólo siete kilómetros de Cumbal donde
estaba ese día Mosquera. Habían transcurrido
15 días desde que comenzó la invasión
y nuestro ejército nada hacía para ganar
la guerra.
Pasaron en aquellos sitios todo ese día y sin
movimiento alguno y el 4 inspeccionaron el terreno
contiguo donde estaba la loma de Guáspud. Ambos
campamentos se distinguían mutuamente de día;
mas, cuando oscurecía, sólo se divisaba
el ecuatoriano por las fogatas que lo alumbraban.
Esa noche Mosquera avanzó hasta ocupar la loma
de Guáspud y al amanecer del 6 Flores se despertó
con la sorpresa de no ver al enemigo y mandó
espías. Con los batallones Vengadores y Babahoyo
ascendió el collado, encontrándose con
el enemigo en mitad del camino, donde se trabó
desigual combate.
Al principio los colombianos cedieron, pero, prontamente,
reforzados con los batallones Amalia, Bombona, Carioco,
Voltígero y la Tercera División formada
por hombres de confianza, atacaron, haciendo huir
a los nuestros en desorden. Allí murieron los
Comandantes Espinosa y Ramírez, el doctor Patiño,
un joven Sucre y el Mayor Carlos Veintemilla, que
lo hizo heroicamente. Flores desesperaba sin perder
su serenidad y mandó que los 1.000 jinetes
atacaran a los colombianos y la orden se cumplió;
pero, para atacar, la caballería ecuatoriana
tenía que atravesar el riachuelo llamado Blanco,
cruzado por un pequeño puente que era aprovechado
en aquel instante por la infantería; así
pues los valientes e intrépidos soldados de
caballería se lanzaron al igual que la brigada
ligera inglesa, en singular carrera, tratando de vadear
el riachuelo y consiguiendo únicamente meterse
en un pantano lodoso que les impidió cualquier
movimiento.
Flores veía este desastre desde Guáspud
y no pudiendo contenerse inició la retirada
con algunos oficiales que lo acompañaban, desmoralizando
a los suyos que también huyeron. La batalla
estaba perdida.
SORPRESIVO FINAL EN
PINSAQUI
El Padre Berthe dice en su obra sobre
García Moreno que Flores "TUVO" que
retirarse derrotado y herido y culpó de esto
a la traición de los espías ecuatorianos
que eran los mismos de Mosquera y porque un batallón
-dizque comprometido secretamente con el General José
María Urbina- se desbandó en pleno fragor
del combate. Esto es pura fantasía y así
lo aseguran los historiadores que han estudiado la
batalla. El doctor Luis Robalino Dávila lo
dice, y no es posible pensar que todo un batallón
se comprometa en secreto para desertar en plena batalla.
Lo que sí quedó en pie fue la traición
de los espías, eran los mismos y todos servían
a Mosquera. Esta aseveración cobró fuerza
entonces.
A poco, en la hacienda Pinsaquí, situada en
la Provincia de Imbabura, ambos militares firmaron
un tratado de Paz que no impuso condiciones, quedando
las cosas como estaban antes de la guerra.
Con esta oportunidad el político quiteño
Manuel Gómez de la Torre exclamó: "Jamás
hemos recibido del cielo un favor tan distinguido"
y el inverecundo Don Pablo Herrera, a la sazón
Ministro de Relaciones Exteriores, escribió;
"Dios sabía en sus arcanos lo que convenía
a Ecuador —la derrota— pero la liberó
al mismo tiempo, tal vez, de mayores calamidades (¡qué
cosas tenía Don Pablito!) y salvó sobre
todo, las instituciones católicas.
LA CULPA FUE DE LOS
CABALLOS
Pero no todos pensaban igual que el
doctor Herrera, porque hubo espíritus altivos
que reclamaron acremente contra Flores y García
Moreno. En Quito circuló una hoja anónima
que después se supo había sido escrita
por el doctor Rafael Villagómez Borja. Copio
una parte: "¡Ah caballos de Guáspud!
Cuanto habríais hecho por la Patria si en los
momentos del combate la mano del Jinete no hubiese
reprimido vuestro noble ardor. ¡Qué triunfo
tan espléndido si hubieseis podido comunicar
vuestro fuego a ciertos corazones helados por el miedo
y vuestro vigor a ciertos brazos enervados por la
cobardía!....
Flores fue el más acusado, pero no creemos
que con razón porque en su larga vida jamás
demostró ni miedo ni cobardía. Algo
hubo de por medio con Mosquera que tal vez jamás
se sabrá.
Mas, García Moreno, se desquitó a su
manera, haciendo desvestir a dos regimientos de los
que combatieron en Guáspud, en plena plazoleta
de San Francisco en Quito y licenciándoles
en forma vergonzosa. ¡Valiente desquite! Meses
después, en 1864, el glorioso General Maldonado,
único héroe en la campaña de
Guáspud, subía al cadalso por el crimen
de querer un Ecuador fuerte, unido y liberal. A él
también le cayó la saeta del dicterio
puesto que fue acusado "sotto roce" de ser
el causante de la derrota, cuando fue el único
que sacó la cara por el honor nacional en aquella
tragicómica invasión a Colombia; por
lo que opino, sin temor a equivocarme, que como en
Guáspud no hubo culpables, la culpa únicamente
fue de los caballos, al decir del doctor Rafael Villagómez
Borja. Si no. ¿quién la tuvo?. Y me
olvidaba, como caso curioso y digno de anotar que
refieren del Coronel José de Veintemilla, que
estaba pacíficamente ocupando el puerto de
Tumaco a nombre del Ecuador, y que al ser avisado
de la derrota en Guáspud le faltaron botas
para correr de regreso a Guayaquil, donde llegó
a los pocos días, trayendo la noticia y disculpándose
a su manera. ¿Qué más podía
hacer el pobre?.
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