TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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LA BATALLA DEL PICHINCHA
La batalla del Pichincha no puede ser estudiada como un acontecimiento aislado en el trasunto independentista sino como el resultado de diversos factores que se iniciaron en Guayaquil el 9 de Octubre de 1820.

De allí en adelante los pueblos comenzaron a declarar su independencia y cuando en 1821 arribó el Cor. Juan de la Cruz Mourgeon, investido de plenos poderes como Virrey de Nueva Granada y Presidente interino de Quito, tuvo que hacerlo a hurtadillas, porque Guayaquil era libre y Bolívar acababa de triunfar en la Batalla de Carabobo; así es que Mourgeon salió de Panamá y en dos naves costeó hacia Atacames, pues cerca de Manta lo esperaba la flotilla de Lord Cochrane. De allí tuvo quo hacerlo a pié y en mula por el río Esmeraldas, subiendo y escalando montañas hasta que llegó a Quito, ingresando bajo palio y arcos triunfales y en medio de grandes aclamaciones.

Este inteligente Virrey había solicitado a! General Aymerich que hiciere pintar en las paredes de los edificios esquineros diversos artículos de la Constitución del año 12, alusivos a la libertad de expresión y demás derechos inmanentes. También castigó al corregidor de Ibarra, a quien acusaban de haber cometido abusos de autoridad. Igualmente y siempre para ganarse la opinión, reestructuró el Cabildo quiteño, integrándolo con elementos del bando independentista y no solo con españoles y realista como había sido la costumbre. También llamó a los esclavos jóvenes y solteros al ejército, liberó a los presos que fueron incorporados, tomó dinero prestado de los conventos y comunidades religiosas y mandó a enterrar a tres o cuatro cabezas disecadas que como trofeos de victoria se exhibían en jaulas de hierro en las principales plazas públicas de Quito, para escarnio de los patriotas.

Con estas medidas Mourgeon se granjeó el efecto de los pobladores y quizás otra habría sido la suerte de los realistas si no hubiera fallecido el 8 de Abril de 1822, a consecuencia de las heridas provocadas por una caída sufrida entre Esmeraldas y Quito, cuando se iba a posesionar de la presidencia de la Audiencia. Fue sucedido por el General Melchor de Aymerich, militar de poca instrucción, a quién correspondió capitular al día siguiente de la batalla del Pichincha.

Mientras estos acontecimientos se precipitaban en Quito, el Libertador seguía combatiendo en Pasto a numerosas partidas realistas. Sucre marchaba por Machala hacia Loja y el General Santa Cruz atravezaba el río Macará para unírsele y juntos enfrentar al Coronel Tolrá, Gobernador de Cuenca, que no les ofreció batalla, retrocediendo hacia el norte; pero en Alausí fue obligado a renunciar y lo reemplazó el Coronel López de Aparicio, que meses antes había defeccionado de los patriotas en Babahoyo.

Por estas mismas fechas pasaron a Guayaquil los Capitanes Juan Villegas y Juan Zoroa, que estaban al frente de las dos naves de Mourgeon en la rada de Atacamos, vendiéndolas en ochenta mil pesos oro; estas naves fueron utilizadas por Lord Cochrane y el Almirante Guisse para bloquear el Callao en 1825 y a Villegas y a Zoroa no se les volvió a ver la cara por estos contornos pues volaron a disfrutar del dinero en otros países, que no en España. Ya en Cuenca, el General Sucre ordenó a Diego Ibarra que se adelantara a Riobamba y en las cercanías de esa ciudad ocurrió el enfrentamiento con el enemigo, en mortal encuentro a arma blanca en que las pérdidas fueron cuantiosas para ambos bandos. Este triunfo le facilitó el camino a Quito y la destrucción del reducto realista de Guaranda, para lo cual comisionó al Coronel Masa, que se trasladó a esa villa y exterminó a las guerrillas que acaudillaba el célebre abogado Dr. Víctor Félix de San Miguel y Cacho.

Enseguida Sucre bordeó la quebrada de Jalupana desviándose al camino de Limpio-Pungo y trepó por las faldas del Cotopaxi y Sincholagua, hasta que el 16 de Mayo y a solamente 8 días de la célebre batalla, avistó el fértil valle de los Chillos y acampó el 19 frente a los realistas. Entonces el Coronel José María Córdova empezó con el grueso de las tropas a ocupar las alturas del volcán Pichincha, pero Aymerich, que lo observaba, se apresuró a imitarlo, llegando primero a la cumbre con López de Aparicio que tuvo que abandonar la caballería para maniobrar en las alturas. Córdova comenzó la lucha a las 9 1/2 de la mañana del 24 de Mayo.

Media hora después el parque de municiones de los patriotas estaba agotado y Córdova se retiró ordenadamente con sus dos Compañías del batallón colombiano «Magdalena», del batallón «Cazadores del Paya» y del «Trujillo» -formado con elementos del Perú, Cuenca y Loja- para retornar con otra provisión de municiones y cartuchos y con el resto de la infantería que dirigía el General Mires y el batallón «Yaguachi» al mando del Coronel Antonio Morales y Galavís, recién casado con la guayaquileña Carmen Vítores y Campe y donde figuraba como abanderado el joven Teniente Abdón Calderón. Nuevamente consumido el parque, se replegaron los patriotas por segunda ocasión.

Los españoles aprovecharon para atacar con mayor furia, pero ocurrió lo inaudito, Córdova paró en seco y dando media vuelta ordenó cargar a bayoneta calada, entablándose una terrible lucha cuerpo a cuerpo en donde los ayes de dolor se escuchaban por doquier. Tres compañías del batallón realista «Aragón» trataron de sorprender la izquierda de los patriotas pero se encontraron con el «Albión» formado por ingleses venidos de Venezuela a combatir por la independencia. Este hecho decidió la victoria por la Patria, pues los del «Albión»,que venían retrasados y estaban frescos, arrasaron al «Aragón», mientras Córdova daba buena cuenta del resto. La batalla había concluido a las doce del día y en Quito se comenzaron a escuchar tímidamente los primeros «Viva la Patria», mientras en las faldas del Pichincha la caballería patriota correteaba a los dispersos españoles que huían y se desbandaban desordenadamente hasta ser apresados.

Sucre comisionó a su Edecán O Leary para que intimidara la rendición a Aymerich que se hallaba en Quito. Esa noche la ciudad permaneció despierta mientras los heridos eran internados en diferentes casas particulares y en el Hospital de San Juan de Dios.

El 25 entró Sucre acompañado de Córdova, Mires y Santa Cruz y cuatro días después fue anexada la ciudad a Colombia, jurándose la Constitución de Cúcuta como ley suprema.

La batalla del Pichincha ha sido una de las más difíciles de la historia pues se desarrolló a 3.600 mts. de altura y en una zona por demás agreste y escarpada, llena de precipicios y de niebla, donde el menor descuido podía costar la muerte.