TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


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LOS TRES DESEOS
Al declarse en 1859 el bloqueo peruano de Guayaquil, por parte de la armada del almirante Mariátegui, nuestros bisabuelos pusieron pies en polvorosa. Unos se fueron a Daule, otros a Baba, los que pudieron a Yaguachi, no pocos a Santa Elena y solo quedaron las autoridades, los pobres de solemnidad y aquellos que por viejos no podían moverse. Se temía para cualquier momento el bombardeo y consiguiente incendio general de la urbe, toda ella de casas de madera y caña con techos combustibles, como yesca en espera de una llama.

Era Gobernador de la Provincia, José María Carbo Noboa, recién casado en segundas nupcias con su cuñada Estébana Amador y Sotomayor y Luna, con quien vivía en una cómoda mansión de Las Peñas, junto a sus hijas del primer matrimonio Angela y Manuela, ya señoritas, de Carmen, niña de siete años y de sus hijos José María y Esteban.

El Gobernador era hombre previsivo y decidió mandar a las mujeres a donde su madre, para evitarles cualquier desagradable incidente que pudiera ocurrirles si continuaban a su lado, quedándose únicamente con los varones. Nadie podía predecir qué pasaría en Guayaquil, indefensa y a manos de los peruanos.

Así pues, las chicas y su madrastra y tía se cambiaron a donde la abuelita Josefa Noboa Arteta viuda del Cor. José Carbo Unzueta, ya entradita en años, pero muy alegre y activa, que tocaba el clavicordio y gustaba de las tertulias con baile y soconusco, chocolate que se brindaba en las noches guayaquileñas de antaño, batido con canela, vainilla y granos de café.

Doña Josefa habitaba su casa propia de la esquina del Malecón y Roca con sus hijos solteros Pedro y Pancho, su hija Juana, viuda del coronel José María de Piedrahita y sus nietos Vicente y Enriqueta Piedrahita Carbo. Los demás hijos de Doña Josefa, o "Mama Noboa" como cariñosamente le decían sus nietos, estaban fuera de la ciudad o tenía domicilio aparte y eran:

El gobernador José María Carbo Noboa, como ya se vio, estaba en las Peñas. Tomasa vivía en Malecón y Sucre, casada con su tío el ex - presidente Diego Noboa. Mariana con su marido y primo hermano el Dr. Ignacio Noboa, en una hacienda en Daule. Manuel casado con Mariana Plaza del Campo era propietario en Ciuda-nueva. Ignacio viajaba por Europa y Vicente en Quito, casado con Isabel de Gangotena, administraba un negocio propio de lozas, porcelanas, cristales y conservas. Tal era, en 1859, la extensa familia Carbo Noboa, hijos de la "Mama Noboa" de nuestro cuento.

Así pues, una noche de luna y reunidos hijas y nietos de la Mama en alegre tertulia familiar con un cielo estrellado que invitaba al romance, bailaron lánguidos compases tropicales, hablaron mal del general Urbina, al que no perdonaban la prisión al Presidente y tío Diego Noboa de 1852, trataron sobre el bloqueo peruano y sus peligros, alguna de ellas cantó una habanera, otra se sentó al piano y al clavicordio y a eso de las ocho, cuando ya desmayaban los candiles, los primos Vicente Piedrahita Carbo y Cornelio E. Vernaza Carbo, jóvenes y espigados poetas románticos, se fijaron en sus primas hermanas Etelvina, Isabel, Mercedes y Ana Carbo Plaza, a cual más bonita, siendo Etetvina la más inteligente y para colmos poetisa.

Entonces una voz femenina y coqueta pidió a los presentes que compusieran versos, expresando su más grande deseo. Piedrahita aprovechó el momento y sentado en el corredor de toldas al lado de Etelvina, la, tomó de la mano y dijo: "Quisiera ser una flor nacida / entre las flores de un jardín ameno / Verme por tí, del tallo desprendida / y marchitarme sobre tu albo seno".

Se produjo un silencio comprometedor ante tal declaración de amor, pero nadie imaginó la reacción de Vernaza, que sentándose ante su prima y también tomándole la mano dijo: "Si fuera un pensamiento audaz, profundo / que conmoviera el orbe en un instante / desdeñaría de ocupar el mundo / Por ocupar tu corazón amante".

Mas Etelvina, virginal belleza, fijándoles sus claros ojos, respondió / "Un rayo para Urbina / Que acabe con su historia / De nuestra cara Patria / La espléndida victoria / y acaso si pudieren/Acuérdense de mí".

La "Mama Noboa" murió de vejez en el garcianismo y su espléndida mansión, que hasta tenía jardín y patio, fue heredada por su hijo Manuel y luego por sus nietos los Carbo Plaza. De éstos fue Mercedes la última en morir y la dejó por testamento a la Junta de Beneficencia de Señoras, qué la vendió a un señor Granja para construir con ese dinero el Colegio de la Sagrada Familia al sur de la ciudad, donde aún funciona. En cambio, ahora se levanta sobre el histórico solar de la "Mama", en la esquina de Malecón y Roca, un gran edificio de cemento armado y nada, ni siquiera una simple placa de bronce, recuerda que en ese sitio vivió don Pedro Carbo, que allí se realizaron históricas tertulias, bailes familiares y recitaron sus requiebros y deseos numerosos poetas (1).

Etelvina murió soltera, con fama de poetisa y publicando poemas Sus primos Piedrahita y Vernaza aspiraron a la presidencia de la República por varias ocasiones, pero la mala estrella lo impidió. Ambos la amaron, conmovidos por su hermosura y por su estro poético, tan heroico y triste, tan del gusto romántico de entonces. ¿Por qué Etelvina no se decidió por ninguno? ¿Por qué los dejó pasar tan a la ligera? Misterios de su corazón femenino, misterios de la época.

(1) Cuando arribó a Guayaquil en 1843 el poeta español Bretón de los Herreros, fue agasajado en esa casa por Piedrahita, que le preparó una velada informal de la que aún se guarda el recuerdo.