TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


..............................................................................................................................................................................................................

LOS LOAYZA Y LA MERCED DE PIÑAS
La población de Piñas, capital del Cantón de su nombre en la Provincia de El Oro, data de principios del siglo XVII y sus orígenes y fundación se pierden en el sitio "Moromoro" cuya más antigua propietaria conocida es Mónica de Castro, bisabuela de Dionisio de Loayza y tatarabuela del Presbítero doctor Juan José Loayza, que obtuvo la posesión de esa zona mediante sentencia ejecutoriada del Juez Segundo Municipal de Zaruma, el 31 de Agosto de 1801, inscrita en el Registro de la Propiedad el 1o. de Septiembre siguiente.

Se ignora quién haya sido el marido de la propietaria pues no se le menciona en ningún documento; sin embargo, “La Merced de Piñas” creció como caserío a través de los años y pasó a la categoría pueblo en la primera mitad del siglo pasado. En 1870 se trasladó a un terreno menos accidentado donde los vecinos no estuvieren expuestos al peligro de los deslaves.

HISTORICO TRASLADO EN 1871
En 1871 los vecinos de Piñas edificaban la población en su actual posición geográfica, comenzando por la iglesia parroquial.

El 26 de Diciembre de 1872 el doctor Francisco Hidalgo y Juan Loayza, Cura de la parroquia de la Merced de Piñas y Síndico de dicha Iglesia, respectivamente, entablaron juicio en Zaruma contra los ciudadanos Agustín Cabrera y Miguel Agustín Fenisanai, vecinos de Loja y Cuenca; pues, habiendo contratado la construcción de la nueva iglesia, la habían dejado sucesivamente abandonada a pesar de que cobraron la totalidad de sus honorarios.

De esa época son algunas casas que todavía se conservan en pie, aunque aún quedan otras de las antiguas, en sus primitivos asientos, a pocas cuadras del centro de la nueva población.

Una de esas fue la que el Concejo Cantonal ordenó demoler para dar cabida al edificio del nuevo hospital de Piñas. La histórica mansión -típica por su arquitectura zonal- era de una planta, con paredes de ladrillos cocidos de 30 x 60 y 10 centímetros con tejas de hasta 80 centímetros y pilares de maderas preciosas y existía la siguiente inscripción:

Año de 1778-9
F 26 de Octubre
Señalando la fecha de su inauguración. Este dato se ha conservado gracias a Servio Moscoso Molina que el catorce de febrero de 1969 levantó en el Juzgado Cantonal de Piñas una Información Sumaria de testigos por la que se sabe que los últimos propietarios del edificio fueron los herederos de César Virgilio Loayza, que la adquirió años atrás a José Ma. Zambrano Romero y éste, a su vez, a su padre, Juan Ignacio Zambrano, perdiéndose la memoria de sus dueños anteriores.

Por declaración fechada el 3 de Marzo de 1969 en Piñas, del más viejo vecino de la zona, José Ma. Zambrano Sánchez, de 94 años de edad, se sabe que el actual cementerio fue en otros tiempos la plaza central de la antigua población; la actual casa de Lizardo Zambrano es el sitio donde estuvo la Capilla anterior y el vecino que vendió los lotes a bajo precio fue Juan Vicente Añazco; el primero en cambiarse fue el Cura Párroco, doctor Francisco Hidalgo.

RECUERDOS INTIMOS DE ESOS TIEMPOS
En 1870 el carpintero Santiago Sánchez construyó los nuevos edificios. José María Zambrano donó la campana de la iglesia, que pesaba 40 arrobas. Habían dos en Piñas Antiguo, de cobre y sin mezcla de oro o plata y sus sonidos eran por demás broncos. La primera escuela funcionó en la Casa Municipal bajo la dirección de Manuel Ignacio Romero, profesor de primeras letras, muy competente en su oficio; los padres de familia construyeron con sus aportes el actual colegio, donando la totalidad de los materiales Flavio Feijoó, de los que tenía guardados para su casa particular.

Hacia fines del pasado siglo las autoridades zarumeñas ordenaron la captura de Nazario Loayza, Anastacio Gallardo, José Zambrano. a) El Ojón; Manuel Ignacio Romero y Manuel Moscoso, por pedir la cantonización de Piñas. Unos cayeron en la celda y otros salvaron por no bajar al pueblo el día señalado.

Piñas se levantó en armas y con Luis Escandón envió un ultimátum a Zaruma, indicando que si no libertaban a los detenidos, declaraban la guerra. Joaquín Mosquera tenía un cañón que usaba para las fiestas, le llenó la boca de pólvora y consiguió hacer un estruendo grande. A esta joya colonial llamaban "bocón" y lo colocaron en un recodo del camino a Zaruma disparando una buena cantidad de tal elemento.

Los presos fueron liberados y la paz se reinició entre ambas localidades porque los vecinos de Zaruma, al oír el estruendo, corrieron en pos de refugio, al monte, creyendo que el ataque de Piñas era una realidad y nadie en la confusión miró si efectivamente ingresaba la avanzada del ejército vecino por las empedradas calles del poblado.

¡Bellos tiempos aquellos en que se luchaba por el adelanto y progreso y no por banderías políticas de menor cuantía!.

......................................................................................................................................................................................................