TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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LAS SOBERBIAS FERRUZOLAS
"Las soberbias Ferruzolas
que aunque arrastran grandes colas
murmuran de todo el mundo"
"La Ensaladilla" - Siglo XIX

Hace 120 años vivía en Guayaquil un apreciado caballero colombiano llamado Rafael Gómez (a) Maravilla, por ser propietario de almaclin de ropa confeccionada de un hombre, gran pie para el baile y hombre alegre, dicharachero y gracioso como acostumbran ser los "paisas" del norte, pero muy dado a los resentimientos y a las venganzas por ser en extremo susceptible. Y sucedió que en esos días el Gobernador de la Provincia ofrecía un aniversario de la Independencia octubrina y la persona encargada de elaborar las listas de invitados, por involuntario descuido olvidó poner el nombre del resentido Gómez, que no fue invitado. La noche de la fiesta Gómez se ocultó en las penumbras del portal de entrada del edificio y apuntó a los invitados en una libretita componiendo a continuación unos saladísimos versos que llamó "La Ensaladilla" y que circularon en seguida en gran profusión de copias causando asombro, indignación, risas y hasta lágrimas. Por todo ello el autor huyó del puerto sin esperar la benevolente crítica de sus víctimas, embarcándose con rumbo incierto para jamás regresar. Eran los tiempos en que las ofensas se lavaban en sangre y que por cualquier mal entendido los caballeros se desafiaban a primera herida o a muerte, usando sables, espadas o pistolas, bajo las inflexibles reglas de algún Código anterior al del Marqués de Cabriñana.

Muchos de los afectados lo recordaron de por vida pues los remoquetes y chistes agrios que recibieron por su culpa del improvisado poeta duraron hasta el fin de sus días. Por ejemplo, a las bellas y nobles señoras Ferruzola Paredes, el pillo de Gómez Maravilla las llamó chismosas, soberbias y algo más; y las acusó de pretensiosas, muy creídas de su prosapia y linaje, y así efectivamente eran porque descendían de Rosa Paredes Iturralde y Juan Barnot y Ferruzola, español de la Villa de Olot, en Cataluña, que vino a la Real Audiencia de Quito desde Luisiana, en 1797 como secretario del ilustrado Don Luis Francisco Héctor de Chislain y Bosoist, V Barón de Carón De Let, el más inteligente gobernante que tuvo la colonia, a decir de muchos autores.

Pero Barnot y Ferruzola no fue famoso en la historia por haber ocupado tan alta posición política y social sino también por su magistral actuación durante la invasión del Almirante Guillermo Brown contra Guayaquil.

PIRATA A LA FUERZA AUNQUE ERA PATRIOTA
Brown fue hijo de inmigrantes irlandeses a Estados Unidos y desde joven amó el mar. Huérfano a temprana edad, embarcó en una goleta mercante y surcó las aguas de los siete mares del mundo. En 1805, de veintiocho años de edad, fue apresado y conducido a Francia, escapó y viajó a Buenos Aires; allí adquirió la goleta ''Industria", hizo fortuna en sucesivas travesías a Montevideo. En 1811 la Junta Revolucionaria le confirió el grado de Teniente Coronel utilizando sus servicios y experiencias. Brown dispersó a la armada española cerca de la isla de Martín García, rescató Montevideo del bloqueo naval, regresó a Buenos Aires, fue ascendido a Coronel y designado Comandante General de la Marina, recibiendo la orden de extender el ideal de la independencia a través de las costas del Pacífico.

El Virrey de Lima supo de la presencia de Brown, notificó a los puertos del peligro que corrían y lo calificó de pirata para despertar odiosidades en su contra. De esto nada sabíamos en Guayaquil, pero el 9 de febrero de 1816 en circunstancias en que José de Villamil comandaba la goleta "Alcance" en la desembocadura del Guayas, divisó a lo lejos dos corbetas, un bergantín y una goleta que componían la escuadra invasora y regresó al puerto a referir la alarmante nueva.
Brown comprendió que debía perseguir a Villamil pero no logró capturarlo porque la goleta "Alcance" era velera, de muy buen andar y le llevaba distancia.

PRIMEROS FUEGOS EN PUNTA DE PIEDRA
Villamil llegó al Fortín de Punta de Piedra que estaba al mando del Sargento Canales y le ordenó que cruzara fuego con Brown para demorarlo mientras mandaba una posta avisando del peligro al Gobernador Juan Vasco y Pascual; luego continuo su marcha al puerto. Brown, a poco, tomó el fortín y nuevamente emprendió la persecución, aunque había perdido un tiempo precioso que fue aprovechado por los nuestros para situar algunos cañones en el Malecón y formar al Batallón Real de Lima con cuarenta hombres armados.

Los paisanos también se armaron con el coronel Jacinto Bejarano y Lavayen y el Teniente Coronel José Carbo Unzueta a la cabeza, bajo el nombre de "Milicias Disciplinadas de Guayaquil”.

Al día siguiente 10 de febrero de 1816, a las 10 a.m., Brown se presentó con un bergantín y una goleta y le recibieron con cerradas descargas desde la orilla. Los primeros que le hicieron fuego fueron los oficiales del Fortín de las Cruces situado en los actuales terrenos de la Empresa Eléctrica, cuyo jefe Juan Barnot y Ferruzola primeramente deja pasar el Bergantín y cuando la Goleta intenta hacer lo propio, con una puntería finísima la destrozó de un solo tiro de cañón, impidiendo que el bergantín de Brown retrocediera, porque lo hubiera cañoneado con idénticos resultados.

Ferruzola fue el héroe de la defensa de Guayaquil de 1816, porque desde ese instante podía considerarse perdido el invasor. Brown era valiente hasta la temeridad y solo, sin la ayuda de sus otras naves continuó avanzando hasta situarse frente a la antigua aguardientería, conocida con el nombre de la Vieja Tahona, en Malecón y Avenida Olmedo, donde ordenó al práctico que maniobre para acercar el bergantín a tierra, a pesar de que por la fuerte ventolina esta operación náutica encerraba el peligro de encallar, pues la marea estaba cambiando de llenante a vaciante.

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