TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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REVOLUCION EN QUITO
Ajenos a esos acontecimientos García Moreno y Moncayo, que habían viajado a Lima, se encontraron ahí y como ambos estaban exilados y habían sido Senadores oposicionistas a Robles, tenían mucho en común. García Moreno salió a los pocos días a Quito, donde el Comandante de Policía Rafael Salvador, había depuesto al Vice-Presidente Jerónimo Carrión y una Junta de Notables eligió un Triunvirato revolucionario formado por García Moreno, José María Avilés y Manuel Gómez de la Torre y como suplentes: Rafael Carvajal y Pacífico Chiriboga. Carrion huyó a Cuenca donde se hizo fuerte entre sus amigos y familiares. Urbina salió de Guayaquil y luego de algunos combates en Guaranda derrotó a García Moreno en Tumbuco, siguiendo a Quito y luego a Ibarra, dando alcance a los triunviros prófugos que se entregaron para salvar sus vidas.

Urbina fue magnánimo y los perdonó con la condición de que rehicieran los malos pasos y enmendaran el error. García Moreno fugó a Manabí y salió al Perú. Mientras tanto, en el resto de la nación, la situación era grave. En Cuenca el Comandante Daniel Salvador sublevó un batallón y proclamó Presidente a Carrión que tuvo la debilidad de deponer a Robles, asumir el mando y designar al doctor Antonio Borrero para Secretario suyo. Robles se enteró de esta comedia cuencana y el 11 de Mayo felicitó al Gobernador y al Comandante General del Azuay, José Miguel Valdivieso y General Raimundo Ríos, porque al día siguiente de la proclama los habían batido por las armas, destituyendo al flamante Presidente Carrión de las altas funciones con que arbitrariamente se invistió y no temo caer en equivocaciones, si manifiesto que esta Presidencia ha sido la más corta que registra nuestra historia, porque duró menos de 24 años.

EL BLOQUEO Y SUS PRINCIPALES DETALLES
Guayaquil venía manteniéndose a duras penas desde el 58, fecha en que se inició el boqueo del Golfo. El Almirante peruano Mariátegui apretaba el cerco impidiendo la entrada de provisiones. Guayaquil estaba abandonada; los pocos vecinos que aún la habitaban pasaban hambre y sed. La harina para preparar el pan de la tropa tenía que llegar por detrás, en canoas que cruzaban el estero Salado y se la peleaban en los cuarteles. No había leche para los niños. El 20 de julio de 1859 y sólo merced a una concesión que Mariátegui hizo al Cónsul español Heriberto García de Quevedo, se logró obtener algunas vituallas y los exportadores mandaron cacao al exterior para que no se continuara pudriendo en las bodegas. García Moreno entrevistó en Lima al Mariscal Castilla, acompañado por Moncayo; en esa ocasión abiertamente le planteó al mandatario peruano la necesidad de una alianza con el Triunvirato de Quito, Castilla aceptó y una vez fuera, Moncayo increpó a García Moreno.

—Siento que Ud. haya dado este giro a la cuestión actual. Nosotros no necesitamos de la alianza con Castilla y aunque la necesitáramos, no debemos solicitarla del enemigo de la Patria ..... No cuente Ud. conmigo

— ¡Usted tiene miedo!— responde García Moreno.

—Si, miedo de manchar mi obscuro nombre con una traición, fue la respuesta de Moncayo.
Desde el incidente de esa noche en la antigua y colonial calle de los Desamparados, ambos amigos se apartaron para siempre. García Moreno dominará su Patria por largos años pasando a la historia por sus abusos y errores y por qué no decirlo, por las obras públicas de sus gobiernos y Moncayo, calificado como "El Hombre de una sola idea" siguiendo la senda del idealista, respetado por todos los que conociendo sus virtudes apreciaban su valor, -fue el hombre solitario en su indeclinable lucha por los principios republicanos.

ANDANZAS DE ROBLES POR LA SIERRA
Durante los meses de junio, julio y agosto permaneció Robles pacificando las zonas central y norte de la Sierra levantadas por los triunviros de Quito que con dinero y promesas mantenían un ejército de mercenarios pastusos, hasta que el 4 de septiembre y a raíz del asesinato del Coronel Felipe Viteri, logró establecer la paz.

En Guayaquil había quedado de Jefe el General Guillermo Franco, que solicitó la intervención de los Cónsules de Francia y España acreditados en el puerto, Srs. Emilio Trinite y Heriberto García de Quevedo, ante el Almirante Mariátegui, jefe de Ja Flota peruana, con quien suscribió un armisticio el 21 de Agosto de 1859, que Robles lo desaprobó y en respuesta Franco se proclamó Jefe Supremo el día 17 de Septiembre de 1859, designando Secretario General al doctor Francisco Marcos y Crespo y Ministro de Relaciones Exteriores al doctor Nicolás Estrada y Cirio.

Esto ya colmó la paciencia de Robles, que estimaba a su compadre en alto grado y cansado de tanta ingratitud pidió un salvoconducto en Guayaquil y se embarcó al Perú. Otro tanto hizo Urbina. Franco quedó de único jefe en la Costa y el Triunvirato en la Sierra.

Y como era costumbre en estos casos, Franco convocó a una Junta de notables a la que asistieron numerosos ciudadanos que lo aclamaron por unanimidad. Unos por enemistad con Urbina, a este grupo pertenecían los Carbo, Piedrahita, Noboa y Vernaza. Otros por buscar una salida económica para mejorar el comercio y la exportación, por entonces muy decaída. Tampoco faltaron los políticos sinceros como Villamil y Sánchez Rubio y los jóvenes que ambicionaban ingresara la política por méritos propios en ese nuevo ambiente.

Franco, en cambio, no supo responder a sus partidarios, pues siendo hombre de cuartel y muy valiente por cierto, estaba lejos de tener la sagacidad y tacto político, imprescindibles en todo gobernante. Uno de sus primeros actos de mando fue proponer el Ministerio General a Pedro Carbo Noboa que acababa de llegar de Europa y como éste rechazó la oferta, le persiguió obstinadamente hasta que lo obligó a buscar refugio en un consulado. Sin embargo Franco era un patriota de verdad y creía que podría sortear los peligros y dificultades del momento. ¡Cuan equivocado estaba!...

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