..............................................................................................................................................................................................................
|
LAS
BROMAS DE LAS CARCELEN
- Hijo, no te cases con tu prima Mariquita, que no
te conviene.
- Pero mamá, usted bien sabe que soy mayorcito
y que Mariquita me gusta mucho; además, desde
que me quedé viudo de la Lola, he puesto los
ojos en ella para que sea mi segunda esposa.
Así respondía Modesto Larrea Jijón
a su madre doña Rosa, Marquesa de San José,
que no veía con buenos ojos que su único
hijo pensara contraer segundas nupcias con su prima
María Carcelén y Larrea, hija del Marques
de Solanda.
- ¿Y por qué no puedo casarme con mi
prima Mariquita?
- Por que no te conviene. ¿No ves que todas
las Carcelén son maleducadas y amigas de gastar
bromas pesadas? Además esa Mariquita tiene
que ser igual que Mariana.
Y así era efectivamente porque mientras el
novio había recibido la más esmerada
educación que se solía dar en esos años
a los jóvenes nobles en España, hasta
donde había viajado para matricularse en el
Colegio Mayor de Sevilla, las primitas Carcelén
jamás habían salido de sus haciendas
en el Valle de los Chillos, donde daban frecuentes
fiestas que terminaban en groseras chanzas y bromas.
«En una de esas fiestas -cuenta Cristóbal
Gangotena Jijón, nieto del Modesto Larrea de
esta Crónica- fusilaron a mi abuelo».
FUSILADO POR ABSTEMIO
Al pobre Larrea le fue mal, tal como
se lo pronosticara su madre, en el matrimonio que
contrajo con Mariquita Carcelén. El era abstemio,
pero ella no, y un día, en un paseo campestre
en el Valle de los Chillos, sus parientes políticos
lo sujetaron en una silla mecedora obligándole
a ingerir grandes dosis de vino tinto que le introdujeron
a la fuerza por la garganta con un tubo traído
exprofeso de Quito. El pobre Larrea quedó hecho
una desdicha; no podía sujetarse y mucho menos
andar, trastabillando fue a remojarse en un río
cercano y al llegar, perdiendo un poco el equilibrio
que le quedaba, fue a dar de bruces. De allí
lo sacaron casi agónico y desde ese día
no volvió a darle la cara a su prima Mariquita.
Años después, cuando fue designado por
el gobierno ecuatoriano Ministro Plenipotenciario
ante la Santa Sede, pidió y obtuvo del Papa
la nulidad del matrimonio contraído en Quito
con su prima; casando a corto plazo y por tercera
vez, con María Donoso Zambrano, con lo que
se repitió aquel viejo adagio que dice:
«A gato viejo, ratona tierna».
MUCHO ARDOR PARA
UNA SIMPLE PAPAYA
En el libro que sobre Sucre escribiera
en Quito el historiador venezolano Angel Grisanti,
se lee que en cierta ocasión Cristóbal
Gangotena le contó lo siguiente:
- Mi abuelo -se refiere al mismo Don Modesto- era
hombre ardiente, fogoso y apasionado. Cuando en los
supremos instantes de intimidad APECHUGABA con verdadera
fiebre amorosa a Mariquita; ésta, como una
PAZGUATA, no correspondía a aquellas ardientes
efusiones. ¡Mariquita era una PAPAYA, por lo
insípida!. Ella solía contar a sus amigas
o parientes con una ingenuidad de colegiala o de idiota,
escenas lo más íntimas y regocijantes,
ocurridas entre ella y su ardoroso marido. Y concluía
casi siempre así: “¡Ay Dios mío!
La noche menos pensada José Modesto me va a
matar con sus apretujones y arañazos y yo voy
a morir como una palomita en las garras de un gavilán”.
Pero como no todo en este mundo es orégano,
oigamos qué dicen los apologistas de Mariquita
Carcelén que le «zampan» toda la
culpa del divorcio a Modesto Larrea, informando que
éste, además de ser un Don Juan de cuerpo
entero, era la mar de celoso. ¡Qué intrígulis!
Que no dejaba tranquila a su esposa y que le entró
la idea de divorciarse de ella cuando la hijita que
tuvieron nació muerta. ¡Tómese
en cuenta que este fue, sino el primero, el más
sonado divorcio, hace más de cien años,
en el territorio nacional
LA MAS CELEBRE DE TODAS:
MARIANA
Mariana, la mayor de las Carcelén
Larrea y la más célebre de todas por
sus matrimonios. Primero casó con el Gran Mariscal
de Ayacucho, por poder, mientras éste se encontraba
en Bolivia y como circunstancia curiosa menciono que
dos días antes que se celebrara la ceremonia
en Quito, Sucre fue alevosamente herido en Chuquisaca
durante el motín de «Los granaderos».
Por esta razón diría años después
Don Antonio Flores Jijón en una comentadísima
Necrología denominada «Isidorito»,
que si la bala de Chuquisaca se hubiera desviado un
poco, en lugar de romperle el brazo derecho lo mataba,
con lo que la joven y bella Marquesa se habría
desposado con un muerto... sin saberlo y por poder.
Pero al fin el trágico destino de Sucre se
cumplió, cayendo asesinado en las selvas de
Berruecos y antes del año su viuda contraía
nuevas nupcias con el General y también Prócer
Isidoro Barriga de Castro, conocido por su afición
desmedida a las mujeres, al vino, a los naipes y a
las muelas de Santa Apolonio, vulgarmente llamadas
dados.
A este segundo marido lo quiso mucho, por lo que acostumbraba
decir Doña Mariana: «Con Sucre me casaron,
con Barriga me casé», y cuando alguna
persona le inquiría si era la viuda del Gran
Mariscal de Ayacucho, con mucha sorna contestaba:
«Yo soy de mi cucho, yo soy de mi cucho»,
que en habla femenina quiteña significaba «soy
de mi sucucho» o de mi rincón, indicando
que no tenía dueño ni recuerdos y que
había matado el pasado.
|
| ...................................................................................................................................................................................................... |
| |
|
|
|