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COMIENZAN
LOS INUTILES FORCEJEOS
Como consecuencia de la dimisión
de Espantoso, el General Wright se vio forzado a entregar
la Comandancia General de la plaza de Guayaquil y
suscribió un convenio de paz con el General
Antonio Elizalde, ratificado por la Junta sin objeciones.
Días después el doctor Pablo Merino
reemplazó a Espantoso en la Gobernación
y el secretario Cucalón tomó su puesto
en la Junta.
A todo esto el gobierno había movilizado sus
fuerzas que se desplazaron a la población de
Bodegas, hoy Babahoyo, tomando posiciones en la hacienda
"La Elvira” de propiedad de Flores. El
doctor Benigno Malo y Valdivieso fue enviado a Lima
con credenciales de Ministro Plenipotenciario, pero
no pudo actuar porque la Junta se había adelantado
designando a Vicente Rocafuerte, que por ser más
experimentado consiguió el reconocimiento del
país vecino y dejó con un palmo de narices
al ilustre abogado cuencano.
Mientras tanto el General Elizalde reunía a
la juventud guayaquileña y en el vapor "Guayos",
inaugurado por Rocafuerte el 9 de Octubre de 1841,
viajaron a Babahoyo a enfrentarse a Otamendi, llegando
con retraso porque el venezolano hacía días
que ya se hallaba atrincherado.
URBINA CONQUISTA A
SU SOBRINA
El 3 de mayo se produjo el primer
encuentro entre las fuerzas marcistas y las del gobierno.
Elizalde atacó de frente, el ala derecha lo
apoyó al mando del Coronel venezolano Ramón
Valdéz y la izquierda con su jefe el intrépido
Coronel guayaquileño Francisco Jado y Urbina.
La lucha fue recia y los muestres llevaron la peor
parte porque combatieron al descubierto, tratando
de forzar las defensas de Otamendi. Jado fue herido
y tomado prisionero se lo abandonó a su propia
suerte hasta que, vista su gravedad, lo operaron en
el cuartel floreano y luego lo canjearon.
El pobre joven partió gravísimo y el
12 falleció en Guayaquil. Su tío el
General José María Urbina, Gobernador
de Manabí, que acababa de plegar a la revolución,
acudió presuroso al lecho del moribundo y encontró
a la mujer de sus sueños, su sobrina Teresita.
Y en premio a su buen comportamiento con la revolución,
Urbina obtuvo una sonrisa de su amada y la formal
promesa que pronto le concedería el honor de
ser su esposa, lo que efectivamente ocurrió
el 14 de enero de 1849, cuando él frisaba los
41 años y ella los 30 y estaba más hermosa
que nunca. Cosas de la guerra, dirán los lectores,
pero yo les aseguro que siempre quiso Teresa Jado
a su tío José María Urbina, sino
que supo disimular porque estaban peleadas las familias.
EL RESTO DE LA REPUBLICA
SECUNDO A GUAYAQUIL
De Guayaquil salió el General
Guillermo Bodero y Franco intentando develar Cuenca
contra el gobierno. Algunos amigos tenía en
el Azuay pero no los suficientes como para convencer
al Comandante General del Distrito, Coronel Raimundo
Ríos, que era muy leal a Flores; sin embargo,
como los antifloreanos eran mayoría en Cuenca,
algunos notables concurrieron a tratar con la señora
de Ríos y consiguieron el apoyo deseado. Bien
dicen que las mujeres todo lo pueden en este mundo.
Entretando el Coronel Guerrero, en unión de
algunos emigrados políticos atacó a
Quito por el norte y empujó a Flores a Babahoyo,
donde lo esperaba Otamendi, que poco después
cayó herido de un disparo.
Flores se enardeció y grito: "Moriré,
sí, pero como las ballenas, peleando y chorreando
sangre" frase que por desabrida y mentirosa no
merecía haberla pronunciado. Y Rocafuerte que
estaba en Lima, consiguiendo armas para los revolucionarios,
al enterarse de esta baladronada, exclamó:
"Flores cree tener derechos imprescriptibles
sobre el Ecuador... Es el Borbón de Bodegas",
aludiendo a los discutidos derechos del reelecto presidente,
que a toda costa seguía gobernando la nación,
pese a no tener más apoyo que unos cuantos
batallones mercenarios pero bien parapetados.
EL CONVENIO DE LA VIRGINIA
Tres meses habían transcurrido
desde la revolución del 6 de Marzo cuando entre
el 16 y el 17 de junio ambos ejércitos designaron
sus Comisionados para discutir una fórmula
de paz. Por la revolución concurrieron a la
casa de hacienda de La Virginia de propiedad del doctor
José Joaquín de Olmedo, los siguientes:
doctor Pablo Merino y Ortega, Pedro Carbo Noboa y
Juan Francisco Millan y por el gobierno los Generales
Juan Hipólito Soullín y Carlos Vicendon
y el Coronel Francisco Gabiño, y de común
acuerdo suscribieron dos convenios (principal y adicional)
ratificados por ambas partes; de un lado la Junta
compuesta de Olmedo, Roca y Noboa, y por la otra Juan
José Flores.
El 24 de Junio el depuesto presidente se embarcó
en el bergantín "Seis de Marzo" —qué
cosas tan irónicas tiene la vida— con
destino a Panamá. Durante las horas que estuvo
en Guayaquil fue visitado por sus partidarios que
le dieron la despedida y algunas lágrimas se
le escaparon al hombre que tiranizó al Ecuador
desde 1822 a 1830 como Intendente del departamento
Sur de la Gran Colombia y desde 1830 a 1835 y 1839
a 1845 como Presidente Constitucional de la República.
En total 19 años de despotismo, matizados con
anécdotas de toda especie, desde el lanceamiento
de los cuadros al óleo de los presidentes de
la Audiencia en Quito en 1830, hasta la soberana pateadura
propinada al estudiante García Moreno, por
haber tenido el atrevimiento de fijar sus ojos en
Juanita Jijón, cuñada de Flores.
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