TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


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LAS BALLENAS MUEREN PELEANDO
El 15 de enero de 1843 se instaló en Quito la Asamblea Constituyente convocada por el General Juan José Flores, Presidente Constitucional de la República por segunda ocasión. De Los 34 diputados 21 eran militares al servicio del régimen y de éstos 18 extranjeros y sólo 3 nacionales. La mayoría en la Asamblea era gobiernista y sus miembros pertenecían a la burocracia nacional.

Poco después expidió una nueva Constitución bautizada por la opinión pública como "Carta de Esclavitud" reeligiendo por 8 años al General Flores en detrimento del principio de alternabilidad que estaba en vigencia. El país protestó airadamente contra este abuso. Rocafuerte abandonó la Asamblea y desde Lima lanzó feroces manifiestos y refiriéndose a los regimientos que apoyaban la dictadura dijo: " ¡Ah, menos insolentes eran los opresores blancos de la península que los vándalos negros que los han reemplazado!” Pedro Moncayo también se dejó escuchar desde "La linterna mágica”, y un joven estudiante propuso el asesinato del tirano como único medio de conseguir que nuevamente brillara la luz de la libertad. Lamentablemente García Moreno no pudo cumplir sus propósitos porque la noche escogida para el asesinato, Flores cambió su recorrido, salvándose.

El 16 de junio y tras cinco meses de sesiones, los diputados de la Asamblea regresaron a sus hogares tras haber elegido Vicepresidente de la República al Dr. Francisco Marcos y Crespo, candidato personal de Flores, que obtuvo su nominación contrariando las aspiraciones de Vicente Ramón Roca, que pasó resentido a engrosar la oposición.

EL DESCONTENTO CRECE
El año 1844 fue difícil para el país; de todos los confines surgían protestas armadas contra Flores por los abusos de los militares que lo apoyaban y sobre todo por varias medidas desacertadas. Una de ellas fue la "Gabela" o impuesto personal que gravaba con 3 pesos y 4 reales al año a todo humano viviente en la República, tenga o no renta. Varias parcialidades indígenas del centro y norte del país se alzaron en armas y el General Otamendi se vio forzado a reprimirlas.

Los únicos diputados de la Asamblea que no votaron por la reelección de Flores fueron perseguidos: en Guayaquil José María de Santistevan Rocafuerte y en Quito José Fernández Salvador. En Otavalo fue asesinado el Coronel francés Adolfo Klinger, por no profesar ideas políticas afines a las del régimen. De Quito salieron desterrados al Perú Roberto Ascázubi, Manuel Bustamante y Marco Montalvo y por expresa solicitud de Flores, el gobierno peruano internó de Piura a Lima a dos compatriotas nuestros: Pedro Moncayo y el doctor Alejandro Cárdenas.

Y como eran los liberales afrancesados e intelectuales los que más atacaban al gobierno. Flores pretendió congraciarse con estos opositores declarando la libertad de cultos, medida que no solo lo hizo más impopular sino que también le granjeó nuevas enemistades entre los políticos clericales. Estaba visto que el fuerte de Flores no era la filosofía.

EL GENERAL AYARZA APOYO LA REVOLUCION
Vicente Ramón Roca desde Guayaquil combatía a su anterior aliado con ahínco y consiguió que por intermedio de un amigo llegara a Flores una misiva anónima, en la que lo informaban que el General Fernando Ayarza, Jefe del Cuartel de Artillería de Guayaquil, lo traicionaba. Flores cayó en las redes sutiles del ingenioso Roca y separó a Ayarza del mando, provocando su justa reacción que fue canalizada por el propio Roca y por algunos militares sin colocación en el escalafón, que el 6 de Marzo de 1845 proclamaron la revolución en nuestro puerto y dieron el mando al General Antonio Elizalde Lamar. Entretanto el nuevo Jefe del Cuartel de Artillería General Thomas Charles Wright, armado hasta los dientes, esperó a los revoltosos y ese mismo día se produjo el encuentro, que fue reñido y arrojó resultados indecisos. Ambas partes se atribuían la victoria y Wright se replegó a Ciudavieja en busca del Batallón número 1 al mando del Coronel venezolano Juan Bautista Pereira, que estaba atrincherado en las faldas del Cerro Santa Ana, y hasta allí fueron los comisionados de paz de Elizalde, regresando sin haber obtenido ningún resultado.

A REFUGIARSE TODOS QUE LA BALA ZUMBA
Era de noche y en casa de José Joaquín de Olmedo se hallaban refugiados el Vicepresidente de la República doctor Marcos, el Gobernador de Guayas Manuel Espantoso y Avellán y Vicente Ramón Roca, cuya situación era de lo más rara, ya que habiendo sido el directo responsable de los sucesos, no podía dar cara al público por temor a ser linchado como floreano y antiguo colaborador del gobierno.

A eso de las 10 y en vista de que la situación no mejoraba, Wright recapacitó en la petición de Elizalde y por intermedio del Coronel Guedes informó al ejército marcista que estaba listo a obedecer las órdenes del doctor Marcos, que como vicepresidente de la República tenía mando sobre su persona.

Roca fue el primero que se enteró del nuevo giro de los acontecimientos y consiguió de Marcos y Espantoso la orden para que se reuniera una Junta de Padres de Familia con el objeto de decidir sobre el futuro de Guayaquil. Al día siguiente Espantoso declinó la gobernación ante una concurrencia que abarrotaba el salón de sesiones del Cabildo, retirándose tranquilamente a su domicilio. La Junta designó presidentes de la Sesión a los doctores José Joaquín de Olmedo y Pablo Merino Ortega, se suscribió un Acta que consta de 16 considerandos y 6 artículos, y eligieron por unanimidad como miembros principales, por Quito al doctor José Joaquín de Olmedo, por Guayaquil a Vicente Ramón Roca y por Cuenca a Diego Noboa Arteta; y suplentes en su orden al doctor Pablo Merino y Ortega, Francisco Pareja y Mariscal y José María Caamaño y Arteta. Para la secretaría a José María Cucalón y Chorrosco.

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