TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


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SE CUMPLE LA PROFECIA
Y tal como lo había predicho el sabio doctor Camilo Ponce Ortiz, el nuevo Presidente demostró ser hombre de grandes recursos, superando las terribles circunstancias que se le presentaron a lo largo de la administración. Los cuatro años de su gobierno fueron amagados por la creciente revolución liberal de Alfaro y Vargas Torres que alborotaron las Provincias de Manabí y Esmeraldas; Alfaro se cubrió de gloria a bordo del vapor "Alajuela" bautizado con el nombre de "Pichincha" en aguas de Manabí y contando con la destreza del Mayor Sepúlveda y del Capitán Andrés Marín, -ambos muertos en la acción- abordó la nave de guerra "Huacho" haciendo un número de prisioneros que superaba tres veces el de soldados que comandaba Alfaro; posteriormente y viéndose envuelto por la flotilla de naves enviada desde Guayaquil para apresarlo, prefirió hundir al Pichincha y en acto de heroísmo se lanzó al agua y escapó de morir ahogado casi de milagro, perdiéndose en las selvas hasta salir a Colombia. Su fama creció en lo internacional!.

Esmeraldas y Manabí se lanzaron a la revolución. Nicolás Infante tomó Palengue y los Húsares de Chapulo se cubrieron de gloria en Vinces. Vargas Torres invadió Loja y fue fusilado en Cuenca. Crispín Cerezo murió heroicamente en Quinindé. Infante fue fusilado en Palenque por la tropa de Secundino Darquea. El General mexicano Ruiz Sandoval mantuvo la bandera de la insurgencia liberal desde las playas de Colonche hasta Santo Domingo. Amador Viteri murió ajusticiado frente al Batallón de Infantería de línea y antes de morir apostrofó a sus enemigos. La república estaba en plena vorágine.

SALVADO POR UN PELO
Y donde con mayor fuerza resultaron proféticas las palabras del doctor Ponce fue con ocasión de la visita que efectuara Su Excelencia a la tranquila urbe de Yaguachi el día 6 de Febrero de 1886, a inspeccionar los trabajos de colocación de las durmientes del ferrocarril Guayaquil—Quito, cuyo tramo inauguraría con toda la pompa requerida.

Ese día la estrella de se amaneció opaca; la recepción tributada por el pueblo de San Jacinto fue pobre. la comitiva sufrió una sonora abucheada y hubo que tomar precauciones. Como a eso de las diez de la noche, estando el Presidente en brazos de Morfeo, fue despertado por numerosos disparos de arma de fuego que se escuchaban en el exterior de la habitación.

Hombre ducho en sobresaltos, sacó la pistola que portaba en el bolsillo y se arrojó a la calle en ropa de cama, que fue el detalle que lo salvó como se verá más adelante; asombrándose de ver a la población en armas, atacando a la comitiva al grito de "Viva Alfaro".

A duras penas pudo Caamaño disparar dos o tres veces y acto seguido viendo que uno de sus edecanes caía herido y el otro muerto, echó a correr como alma que lleva el diablo perseguido por todo Yaguachi y viéndose sólo y frente al río, sin pensarlo dos veces "hizo una plancha olímpica" y salió nadando hasta refugiarse en la orilla opuesta, donde permaneció escondido toda la noche temblando de frío, miedo e indignación.

Marco Antonio Jaramillo se llamaba el Edecán asesinado y tenía 40 años; al día siguiente su cadáver fue recogido y enterrado; se comprobó que tenía dos orificios de bala que le atravesaban el pecho de lado a lado.

Aquí vale preguntar a los lectores: ¿Tenía o no razón el doctor Ponce cuando seleccionó a Caamaño y no a Pérez Pareja oriundo de la sierra, anciano, obeso, que no sabía nadar? La respuesta es evidente. Don Rafael Pérez Pareja hubiera sido asesinado en Yaguachi sin lugar a dudas.

SALVADO POR SEGUNDA VEZ
Al día siguiente y a medio vestir, Caamaño pudo salir de Yaguachi después de encontrar plomo donde sólo esperó hallar aplausos, pero sus trabajos no habían finalizado; esa mañana, despachando en el edificio de la gobernación del Guayas, después de haberse tranquilizado con algún licor fuerte para que le pasara el frío de la húmeda noche, fue sobresaltado por segunda ocasión con nuevos disparos y ante sus propios ojos contempló como un grupo de jóvenes de la más selecta sociedad de Guayaquil, atacaban a la guardia presidencial, siendo repelidos después de un largo tiroteo en que perdió la vida el brazo derecho del Presidente, el famoso Coronel Guedes, jefe de las fuerzas gobiernistas y héroe de la campaña en Manabí de 1884, en que derrotó a las fuerzas liberales del Comandante Juan Francisco Centeno.

Acto seguido el angustiado señor Presidente abandonó el puerto con destino a Quito, donde no se daban esos recibimientos a los mandatarios, terminando sus angustias, por el momento.

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