TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


..............................................................................................................................................................................................................

¿Quizá sufriría de amebas? ¿O posiblemente de tenia o solitaria? Estas y otras preguntas se han hecho los médicos frente al cuadro clínico de un enfermo que no se alimentaba, sufría diarreas sanguinolentas, que casi no podía más con su flacura y esquelética contextura, como el mismo anunciara jocosamente al decir: "Algún día, el Ecuador no sabrá qué hacer con mis huesos, porque son tantos y tan exentos de carnes, que sólo servirán de estorbo al país".

Lo cierto es que en el primer día de Abril de 1865, cuando Fray Vicente atravezaba los 73 años de edad, comenzó su vida a apagarse, vida que había comenzado en Cuenca el 16 de Octubre de 1791, bautizado en El Sagrario por el doctor Tomás Landívar y Centeno, Cura Rector, con el nombre de DOMINGO, siendo sus padres legítimos Tomás Solano y Gutiérrez del Tejo y María Vargas-Machuca y Cardoso.

Fray Vicente se moría a ojos vista como todo mortal que día a día pierde fuerzas, él lo sabía; pero no tenía miedo pues conocía que había llegado su hora y estaba en paz con Dios. Le dieron la extremaución y numerosos sacerdotes rodearon su lecho ayudándole a bien morir.

El ilustre Cabildo de la ciudad decidió invitar al pueblo al sepelio, costeando todos los gastos y designando al orador oficial para que llevara la palabra a nombre de la Corporación en las exequias que el 3 de Abril de 1864 se oficiaron en la Iglesia Catedral. El doctor Miguel León Garrido resultó electo y su discurso fúnebre tiene por título: "Donde está el espíritu del Señor allí está la Libertad". (San Pablo).

También se le quiso levantar un Mausoleo digno de sus muchos méritos y el propio Cabildo comisionó a varios vecinos de Cuenca para que recogieran óbolos de "entre el pueblo, los caballeros, las damas y los religiosos de la ciudad".

Al día siguiente de la muerte, o sea, el 2 de Abril, varios admiradores del polemista manifestaron que debía ser embalsamado su cadáver para que lo contemplaran las nuevas generaciones de la Patria. Llevado, pues, el franciscano, a la recámara que previamente el farmaceuta cuencano Mariano Abad Estrella había preparado cerca del lecho mortuorio, lo sumergieron desnudo y sin vísceras en un gran barril lleno de agua y cal batida. Las vísceras habían sido sacadas con cuchillos y punzones, en una verdadera carnicería criolla.

Una multitud de curiosos repletaba la recámara cuando -horas más tarde- se extrajo la "momia de Solano" del barril de cal y gritos de angustia se escucharon por doquier. Otros gemían y algunos hasta se horrorizaron porque en lugar de sacar a un Fray Vicente hermosamente momificado, como pensaban los cándidos de la recámara, sacaron un cuerpo totalmente hinchado y deforme con las facciones quemadas por acción de la lejía, administrada sin cálculo preciso y en forma por demás generosa. El pobre farmaceuta se "mató” explicando que eso era asimismo, que luego la lejía dejaría de ejercer sus propiedades cáusticas y alcalinas y convertiría las facciones del franciscano en lo que antes eran, pero nadie le creyó.

Pocos días después, cuando el 6 de Abril, por fin, tras muchos discursos, exposiciones al público, lectura de acuerdos y gimoteos de los ex-enemigos reconciliados después de su muerte, porque el hombre es animal nocturno, dice el poeta, que sólo ve méritos en la obscuridad del sepulcro; se le volvió a colocar y esta vez en el sepulcro, todos notaron con satisfacción que se había secado su piel, el cadáver tenía sus antiguas facciones y que parecía -dice un gacetillero local- "un viejo patriarca cuencano plácidamente dormido en sus laureles de victoria y santidad" y quedó reposando en una bóveda del cementerio, expuesto a la vista de todos y separado únicamente del mundo exterior por un doble vidrio que le protegía en su tumba.

¿Hasta cuándo duró este espectáculo fúnebre?. Nadie lo sabe. Únicamente se afirma que Tomás Rendón, no pudiendo tolerar por más tiempo que el cadáver de su tío reposara en público, dentro del cementerio, expuesto a cualquier malacrianza de muchacho de los que nunca faltan en todo pueblo, visitó en cierta ocasión al doctor Benigno Palacios Correa, Administrador Apostólico de Cuenca, rogándole que diera cristiana sepultura a los restos de Fray Vicente en uno cualquiera de los nichos vacíos que se encontraban construyendo en el interior de la Catedral. Así se hizo una noche y nadie lo notó.

Y pasaron los años. Estamos en 1915 y Monseñor Manuel María Pólit Lazo decidió investigar dónde se hallaba la momia de Solano. El doctor Palacios había fallecido en 1912 y sólo quedaba vivo el doctor Tomás Rendón; se le visitó y encontró casi ciego, no pudo indicar el sitio exacto de la tumba en la Catedral, pero dijo que en el pueblo de "El Valle" vivía uno de los dos hombres que ayudaron a enterrarlo en aquella noche misteriosa en que se le sacó del cementerio para llevarlo a los subterráneos de la Catedral. Corrió presuroso Monseñor Pólit y lo localizó; se llamaba Manuel María Vintimilla.y había ayudado a la traslación de los restos junto con su hermano Miguel y un muchacho de nombre Manuel González.

Entonces todos fueron a la Catedral. El ambiente era de misterio pues se iba a descubrir una momia como en el antiguo Egipto. Vintimilla hizo retirar una gran piedra que cerraba la entrada de una Cripta llamada de San Pedro y hoy conocida como "Del Santísimo" porque en ella se le rinde adoración. Penetró primero con una lámpara que alumbró las tinieblas y gritó. Todos se asustaron y también entraron presurosos, sin encontrar nada. Alguien había robado el cofre, algún enemigo de ultratumba. "El Diablo", se aventuró a decir uno de ellos, porque Fray Vicente insultaba mucho en vida. ¡Se lo llevó el Patica, el Corcovado!.

A poco, la ciudad entera hervía de curiosidad. Nadie sabía cómo, pero la noticia se había regado como pólvora. ¡Se han robado la momia de Fray Vicente Solano! anunció un Diario al día siguiente y cada quien daba una explicación distintas y más antojadiza que la de su vecino.

Reunióse el Cabildo Eclesiástico de Cuenca el 25 de Noviembre. Monseñor Pólit arengó a sus miembros con un Auto de Visita Pastoral, el tercero de su gobierno, y sólo consiguió que el Cabildo "deplore la pérdida del cofre mortuorio conteniendo la momia del esclarecido sacerdote franciscano y gran patriota..." indicando que posiblemente el hecho ocurrió por filtración de agua. Pero, ¿es posible que simplemente unas filtraciones desagan un cofre de madera conteniendo huesos humanos? La respuesta no se dejó esperar. Eso era imposible en solo medio siglo que llevaba de muerto y menos aún, de enterrado en la cripta.

Y pasaron los años. Muchos pensaban que Solano se hallaba momificado en algún otro sitio de la Catedral. En 1965 subió a la Sede el Arzobispo Manuel de Jesús Serrano y ordenó que se le buscara en toda la Catedral. Se abrieron muchas bóvedas sin encontrarle y pronto recibieron una misteriosa carta, enviada por el doctor Miguel Cordero Crespo quien dijo: " hace aproximadamente treinta y dos años se le presento a mi tío el doctor Luís Cordero Dávila un hombre llamado Ramón, de baja clase social, que díjole conocer el sitio dónde reposaba la momia de Solano. Ante el interés demostrado, le confesó que luego de enterrar al franciscano en la Cripta, le sacaron por razones desconocidas y le pusieron en otro sitio de la Catedral, bajo tierra. Juntos fueron a dicha Iglesia y Ramón... señaló un sitio junto, a la pared occidental del templo, a sólo seis metros de la Cripta original". Esto había referido el difunto doctor Cordero Dávila a su sobrino el doctor Cordero Crespo y fue lo que éste contó a Monseñor Serrano Abad.

Nuevas búsquedas y nuevo hallazgo. Se encontró un cráneo y muchos huesos. ¿Será el cráneo de Fray Vicente? se preguntan algunos ¿Aquel cráneo gótico y molondrón por el que tanto se le satirizó en vida? Puede ser; y para corroborar lo dicho, el Arzobispo ordenó que por cumplirse el centenario del nacimiento del ilustre decesado se colocaran los huesos en un elegante cofre, se expusieran al público y guardaran de nuevo en la Catedral. Poco antes, el Cabildo Cuencano había dispuesto un Monumento en la Avenida de su nombre, la mejor de la ciudad y con eso se cerró -por ahora o para siempre- el misterio que rodeaba a la momia de Fray Vicente Solano.

......................................................................................................................................................................................................
<< 1 2 Anterior