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LA MOMIA
DEL PADRE SOLANO
"Síc Tansi Gloria Mundi"
reza el viejo proverbio latino que nos enseñaron
en el Colegio para indicar cuan tornadizas son las
glorias de esta vida y cuan poco valen a la hora de
la muerte. Tal vez en esto pensaba Fray Vicente Solano
y Vargas-Machuca, conocido escritor perteneciente
al Convento franciscano de Cuenca en los albores del
siglo pasado, cuando, sintiendo cercana su hora, escribió
en latín el epitafio de su losa sepulcral,
que traducido, dice así:
"Aquí yace Fran Vicente Solano del orden
de los menores, que vivió, pensó y escribió
bastante; ojalá bien. Y convertido hoy en polvo
pide perdón y no alabanza".
Años antes el Coronel Francisco Eugenio Tamariz,
español avecindado en Cuenca, poeta también
y no de los malos, en una polémica terrible
que tuvo con Solano, le cantó el siguiente
epitafio cómico-satírico:
"No yace aquí el cazador
ni el Ministro, que leal
procuró que el Ecuador
saliera del hospital;
sino un fraile deslenguado
que, por ser vil y atrevido,
cayó aquí precipitado
cual lo tuvo merecido ".
Al propio tiempo otro enemigo político y periodista
por antonomasia, el cuencano doctor José Manuel
Rodríguez Parra, le lanzó otro epitafio,
como queriendo desearle una pronta muerte y es el
siguiente:
"Bajo de este montón de cieno y lodo,
aplastadito yace un vocinglero
llamado Fray Gargajo el Majadero
que a morir, por fin, llegó del todo".
"Fue erudito, pedante, chocarrero,
de hereje contumaz llevó el apodo
gran teologuillo de la mano al codo
copiador de Jansenio y de Lutero".
"Murió con escopeta Fray Gargajo
fue pájaro murciélago en el mundo
y por predestinante está aquí abajo
(1)
"Huye, pues, caminante vagabundo,
huye de este miserable escarabajo
que del abismo yace en lo profundo".
Así eran los primeros tiempos de la imprenta
en el Ecuador, plectóricos de polémicas
y sátiras de subido tono como la de apostrofar
con un apodo tan grosero, de "Fray Gargajo”,
nada menos que al entonces Superior de la Orden Franciscana;
pero, éste, ni corto ni perezoso, abandonando
las prédicas del "poverello de Asís",
tomó las armas de la inteligencia -pluma y
papel- y entró con renovado bríos al
combate, preparando aquella "tintilla" como
solía llamar a la que hacía él
mismo, con infusión de las bainas del guarango
que abunda en ácido agállico, y con
sulfato de hierro, que antaño era conocido
como "caparrosa".
(1) Se refiere a "La Predestinación",
libro de Solano que fue puesto en el Indice de los
libros prohibidos por la curia romana.
Pero ese Fray Vicente Solano, genio diabólico
del insulto, que toda su vida se debatió en
la más completa miseria, al extremo de alimentarse
únicamente con una agua de papas comúnmente
denominada "locro aguado"; que no tenía
dinero ni para enviar sus cartas a Quito y Guayaquil
por lo que rogaba que se las pasaran botando; que
a duras penas podía aconsejar a su sobrino
preferido Tomás Rendón y Solano, cuando
éste, además de palabras, requería
algo en metálico para salir de la dura situación
en que le había dejado un padre que abandonó
el hogar; este Fray Vicente, protector de la juventud
cuencana que declaraba sin eufemismos que era el padre
espiritual de las tres primeras imprentas que hubo
en el austro ecuatoriano porque por su interés
se adquirieron; y en fin, que, durante más
de treinta años fustigó a los tiranos
de su tierra con escritos llenos de sabiduría,
tuvo mal fin, porque casi veinte años sufrió
de incontenibles dolores provocados por algún
morbo patológico, hoy tal vez conocido por
la ciencia pero en aquellos tiempos ignorado.
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