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UNA
MALHADADA EXCOMUNION
Dos meses antes de estos acontecimientos,
el 20 de Enero de 1877, el ilustre priodista liberal
Manuel Cornejo Caballos, imprimió en Quito
un folleto titulado "Carta a los Obispos"
recordándoles la obligación que tenían
de no entrometerse en la vida política del
país, dedicando sus energías a empresas
más elevadas como la salvación de las
almas, etc. y abundando en razones teológicas
y citas tomadas de la última Encíclica
de Su Santidad Pío IX (1) La excomunión
para todo aquel que leyera el folleto no se hizo esperar
y fue fulminada por Checa y Barba, en Quito, el 5
de Febrero, a escasos 15 días de su circulación.
Este incidente había limado las buenas relaciones
existentes entre el estado y la iglesia porque Veintemiila
se sintió afectado por la excomunión
lanzada contra los lectores de "La Carta a los
Obispos" y así se lo hizo saber al Arzobispo.
ACUSACIONES CONTRA
TODOS
El Subdiácono de la Catedral
doctor Manuel Andrade Coronel, a las pocas horas del
asesinato fue llamado a Palacio para ultimar los
(1) QUANTA CURA DE PASTORALIS VIGILANTIA. Nota del
autor.
preparativos del entierro en la Catedral y no en la
iglesia de la Compañía, como se había
pensado.
La razón la expuso el mismo Veintemilla diciendo
que había oído muchos comentarios que
sindicaban a los jesuitas de autores del crimen. Andrade
contestó negativamente porque la Catedral había
quedado "poluta" es decir, impura, por el
sacrilegio cometido y era necesaria la presencia de
un Obispo para que volviera a recobrar su calidad
de Santa. El entierro debía verificarse en
la Iglesia de la Compañía; además,
rogó a Veintemilla que no asistiera por temor
a las represalias del pueblo, que necesitaba una víctima
en quien desquitar sus ansias de venganza, y el jefe
de Estado no podía exponerse a las iras del
populacho en una ceremonia tan solemne. La razón
era de peso y fue aceptada con gusto.
Ese mismo día se inició el Sumario de
Ley con el levantamiento del Auto Cabeza de Proceso,
radicando la competencia al Juez Civil Doctor Camilo
de la Barrera, que renunció poco después
y fue subrogado por el Doctor Luis Quijano, y a éste,
por ser de fuero eclesiástico el asunto pesquisado,
le reemplazó el Doctor Francisco Pigatti, Vicario
General de la Diócesis de Ibarra.
EL MISTERIO SE VA ACLARANDO
La familia del difunto recurrió
al doctor Luis Felipe Borja Pérez, primo del
decesado, para que actuara en calidad de acusador
particular y con este motivo las pesquisas se multiplicaron
conduciendo a nuevas pistas que definitivamente acusaban
al Subdiácono doctor Manuel Andrade Coronel,
nada menos que acompañante del fallecido en
la malhadada Misa. El había estado durante
el oficio divino a la derecha de su víctima
observando en todos sus detalles cómo el ayudante
José Vicente Solís tomaba la vinajera
depositada sobre la mesa denominada "Credencia"
y en la que previamente – todo hacía
suponer- que Andrade Coronel había mezclado
una fuerte dosis de estricnina. Cuando Monseñor
Checa y Barba empezó a sentir los efectos del
tóxico, Andrade Coronel se escabulló,
pero notando quizá que la falta de su persona
podía sindicarle directamente en el asesinato,
armado de sangre fría regresó al Palacio
Arzobispal donde suponía que estaría
el cadáver y allí encontró al
nervioso Veintemilla, que hacía de portero,
sin dejar pasar a nadie.
Los testigos Antonio Cazaretto, Alejandro Schibbye,
Francisco Schimit, N. Clozet, Juan Pablo Sáenz
y Alfredo Jones, indicaron en el proceso que Andrade
Coronel estuvo con el Arzobispo en la Misa, que la
vinajera conteniendo el veneno fue tomada por Solís,
pasada al Seminarista Teófilo Rubianes, quien
la dio al Canónigo Andrade Coronel y éste
a su vez al Presbítero Arsenio Andrade, que
fue el que escanció el vino en el Cáliz.
Que meses antes Andrade Coronel compró en distintas
farmacias de Quito, de propiedad de los deponentes,
numerosas cantidades de venenos para ratas. A Modesto
León, incluso, le solicitó en compra
un veneno indígena denominado "Ilahuqui"
dizque para matar una tenia (vulgarmente conocida
con el nombre de solitaria) que tenía enquistada.
UN ATENTADO PREVIO
El testigo Antonio Cazaretto dijo
que poco tiempo atrás el Canónigo Andrade
Coronel le había propuesto que invitara al
señor Joaquín Pinto a tomar vino en
su tienda, con quien tenía una antigua desavenencia,
para darle a beber licor envenenado, con el propósito
de vengarse de Pinto. ¡Qué tío!
(2)
(2) Andrade Coronel tenía un hijo natural en
la Sra. Josefina Berrío, que acababa de comprometerse
en matrimonio con Joaquín Plinto. Dicho compromiso
tenía como antecedente el hecho de habear sido
llamado Pinto a decorar los techos de la Casa de Andrade.
Allí conoció a la Berrío, que
pasó a su taller en calidad de alumna y vino
el amor. El niño Andrade Berrío fue
criado por Pinto como hijo propio. Andrade coronel
era rico, le decían el colorado y el loco por
su genio arrebatado y era muy culto, pues poseía
una espléndida biblioteca.
SE LIBERA A LOS OTROS
SINDICADOS
Como las declaraciones acumuladas
contra el Canónigo Manuel Andrade Coronel contenían
indicios concordantes, concomitantes y más
de tres, dejaron de ser simples indicios en su contra
y se convirtieron en pruebas. El había estado
cerca de las vinajeras, comprado diferentes tóxicos
con anterioridad al crímen, tratando de ocasionar
daño al señor Joaquín Pinto con
un procedimiento igual al del asesinato de Checa y
Barba y para colmos, habiendo almorzado el día
anterior con la víctima, se dijo que en la
mesa el Arzobispo le había recriminado por
su conducta soberbia y anticristiana, al haber esperado
a Pinto en una esquina y cuchillo en mano, para matarlo.
Cosa que no pudo realizar merced a la intervención
de varios vecinos y a que Pinto salió corriendo.
Con el paso de los demás sindicados fueron
libertados: Ellos fueron el Presbítero Joaquín
Chiriboga, meses después, en 1878, actuó
como redactor de El Comercio en Guayaquil, siendo
separado de sus funciones por orden superior, debido
a sus constantes trabajos por el triunfo de los ideales
de la revolución francesa en el Ecuador.
También salieron libres José Vicente
Solís, inocente pasador de la vinajera; José
Gabriel Moncayo, miembro activo del Partido Liberal
y autor de la "Carta a los Obispos" y Manuel
Pareja y Arteta, liberal y masón de larga y
activa vida de agitador, que falleció años
después y en forma misteriosa, de una puñalada
en la espalda, mientras trabajaba en Lima, imprimiendo
periódicos clandestinos contra los regímenes
dictatoriales.
EL CANONIGO ESCAPA
MISTERIOSAMENTE
En este estado de la causa, el Acusador
Particular Doctor Luis Felipe Borja Pérez se
abstuvo de acusar a nombre del Dr. Manuel Checa y
Barba, hermano de la víctima: "No acuso
a nadie por no encontrar pruebas dentro del proceso,
contra ninguno de los sindicados". Y acaso, decimos
nosotros: ¿no son pruebas en contra de Andrade
Coronel el haber querido atentar contra la vida del
señor Joaquín Pinto, comprar diversos
tóxicos, huir del lugar del hecho, haber sido
reprendido un día antes en el Arzobispado,
etc.?
Y para colmos, enturbiando aún más el
misterio que rodea a la muerte sacrílega del
Arzobispo de Quito, la notable escritora ecuatoriana
Marietta de Veintemilla en su obra de defensa del
gobierno de su tío Ignacio, dice en la Pág.
33, que el señor José María Noboa
Baquerizo, Ministro del Interior en 1876, después
de recibir los santos sacramentos y en su lecho de
muerte el 27 de Junio de 1880, dispuso que un pliego
qué dejaba cerrado se publicara por la prensa
después de muerto, pliego en que se esclarecía
el misterio del crimen señalando al culpable.
¿Qué se hizo el pliego? Jamás
se publicó y hasta estamos dispuestos a creer
que el hecho relatado por Doña Marietta es
sólo una invención contada a la autora
por alguien interesado en enredar aún más
el asunto en provecho del culpable Andrade Coronel.
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