TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


..............................................................................................................................................................................................................

PRINCIPALES EDIFICIOS PUBLICOS
El Panteón o Cementerio y la capilla adjunta ocupaban la misma ubicación de hoy en las faldas del cerro del Carmen, siendo más pequeño que el actual. A su lado estaba el Panteón de los extranjeros o de los protestantes fundado por iniciativa del cónsul norteamericano Mateo Palmers Game, que solicitó el correspondiente permiso a Robles en 1856.

Hasta ellos se llegaba por un camino empedrado de una legua de largo que originó la actual calle Juan Pablo Arenas y que durante esos largos inviernos servía de muro de contención de las aguas del Estero Salado en sus altas mareas, por ser el sitio más alejado de la urbe hacia el oeste.

El estero Salado, a la altura del actual Puente 5 de Junio, tenía un cobertizo de maderos y techos de hojas de bijao, al que se llegaba a tomar baños de mar por medio de una trocha abierta entre los manglares a punta de machete. En la ciudad se vendía a 10 centavos el barril de agua de estero para tomar baños calientes en casa como remedio contra la reuma.
La Municipalidad ocupaba el sitio de hoy, solo que el edificio de 1858 es el mismo que vio clarear el alba libertaria de 1820; tenía portales, corredores y toldas. En sus bajos estaban las Notarías y algunos despachos judiciales atendidos por Alcaldes de 1er. y 2do. Voto. Hacia un costado funcionaba el mercado de frutas; granos y legumbres, desembarcadas diariamente del muelle situado al frente y casi siempre repleto de canoas llegadas de Bodegas, hoy Babahoyo.

Al frente de la Municipalidad, por la hoy calle Pichincha, estaban los edificios de la Cárcel y de las Aduanas; éstos últimos habían sido construidos por orden del Presidente Robles en 1855, eran cómodos, espaciosos contaban con un trencito que sobre rieles repartía carga en un radio de 2 manzanas, hasta 1884.

El Cuartel de Artillería estaba en la manzana comprendida entre las calles Escobedo, Boyacá, Fco. P. Ycaza y Ave. 9 de Octubre, llamada entonces de San Francisco. El Militar estuvo con frente a la Calle Real, hoy Panamá y cuando había revolución en la ciudad, cada bando se tomaba un cuartel, atrincherándose en su interior. Eso hizo que los pilluelos del vecindario se dividieran en ciudanuevos y viejos, dando que decir con sus enconados combates a piedra, por emular los verdaderos, sostenidos entre los diversos bandos políticos de esos días.

La pólvora se guardaba en un edificio situado arriba del cerro Santa Ana con vista al río.

Con frente donde después estuvo el Hotel Humboltd existía un fortín llamado de Saraguro o San Carlos, con varias bocas de cañón.

En la hoy bomba de gasolina de la Avenida Olmedo existía una fábrica donde se fundía hierro para diversas piezas de repuestos de máquinas y objetos de utilidad doméstica. La Caja de rastro o carnicería estuvo en lo que hoy es el Anfiteatro Anatómico sobre la actual calle Julián Coronel, entonces llamada del Cerro, que saliendo del río bordeaba el Santa Ana hasta llegar a los cementerios y luego, por el norte, torcía hacia la antigua población de indios asentados en la Sabana Grande de San Pedro desde 1785. La calle entonces se convertía en camino de herradura, terminando en Santa Elena, a varios días de viaje sobre mulas, pasando por Chongón, Bajada, San José de Amén (hoy Progreso) y Baños de San Vicente.

La calle Pichincha era una de las más importantes de la urbe y entonces se llamaba del Comercio. Allí existían numerosos establecimientos de compra y venta al por mayor y menudeo. De California se traía la harina de trigo para la fabricación del pan, caro y escaso, consumiéndose con mayor fruición el de yuca y los clásicos bolones de verde asado o cocido. Las telas venían de Europa, así como los adornos domésticos en general. Inglaterra nos mandaba las famosas bacenillas de porcelana con flores; de Asia los mantones de Manila y seda fría que usaban las señoras en la calle y de España los vinos, el aceite, sardinas y aceitunas.

Frente a la Iglesia de La Concepción en Ciudavieja, existía el mercado general de víveres, que proveía a buena parte de la población.

En el centro estaban ubicadas las oficinas de la Gobernación, Tesorería Fiscal, Correos, Comandancia del Ejército y de Armas, Corte de Apelaciones, Colecturía de Sales y Escribanía de Hacienda que estaban en el piso alto, mientras en los bajos funcionaba la Aduana.

La Municipalidad tenía una torre con reloj, sonoro y vistoso, que el Cabildo cuidaba como a la niña de los ojos, considerando su costo y beneficio; es el que guiaba las actividades comerciales del puerto con los estridentes sones de sus campanas.

En la confluencia de las calle Nueva y del Cerro, hoy Rocafuerte y Julián Coronel, estaba la boca de dos pozos de agua dulce, muy apreciada del vecindario desde tiempos inmemoriales, creyéndose que una veta de aguas subterráneas desembocaba precisamente en ese lugar. Y de no haber sido por los continuos y desbastadores incendios sufridos por Guayaquil, la ciudad se hubiera extendido más de lo mencionado hasta ahora, por lo que aquí termina nuestro retrospectivo paseo, recordando al poeta que dijo:

Hasta aquí, caro lector
llega nuestra conversa;
si algo más quieres saber
espera la próxima muestra.....

......................................................................................................................................................................................................
<< 1 2 Anterior