TOMO II
 
 
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TOMO IV
     


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UNA VELADA INFORMAL
Un terrible constipado
me ha impedido salir hoy.
¡A fe que aburrido estoy!
en esta casa encerrado.

Jorge y Luis en la cama (1)
olvidan su travesura
Rosa por el té se apura (2)
y a Micaela grita y llama

Un "ángel" tengo en mi diestra (3)
¿Qué fortuna!
Escapado de una tuna (4)
Moscoso está a mi siniestra.

Silenciosa en una hamaca
allá se mece Ignacita; (5)
con los cariños de Anita
Rosarito se embelesa.

(1) Jorge y Luis Alfredo Noboa Baquerizo.
(2) Rosa Pareja Arteta.
(3) La dueña de la Casa: Angela Baquerizo Vera de Noboa
(4) Chuchaque.
(5) Ignacio Baquerizo de Pareja
Mi amigo el Sr. Pareja
del estómago se queja
y está siempre adolorido
y agua de canela toma
con gotitas de anisado (6)
que Cajiao ha recetado (7)
y saca de una redoma.

Luego el poeta agrega que Pareja se queja de las continuas revoluciones que azotan al país para concluir con los versos siguientes:

Yo entonces, tartamudeando
le invoca las circunstancias,
hago un recuerdo de Francia
y trato de irlo calmando.

Ramoncito y Missutil
desafiados a callar, (8)
que en voces no han de gastar
ni acaso el uno por mil.

Cordovez habla de potros (9)
mas, en su charla cansada,
su lengua trastabillando
lacera sobre nosotros . . .

Así eran las reuniones familiares: unos callaban, otros hablaban en sus respectivas hamacas, tocando puntos baladíes de conversación familiar y sencilla.

(6 ) Alcohol puro de caña con anís.
(7) Cajiao era un conocido boticario en Riobamba.
(8) Un par de visitantes poco hablantines.
(9) Domingo Cordovez Ricaurte.

Yo alcancé a conocer a la familia patriarcal y gocé de sus costumbres. Si alguno de mis lectores aguza el recuerdo podrá ver un clásico santo familiar con su colorido sabor; la dueña de casa no salía de la cocina, estaba cocinando barquillos en paila de bronce y con fierritos mandados a fabricar exprofeso. El gran "queso de leche" o mejor aún si era de naranjilla o piña cubría la mitad de la mesa y tenía un alto realmente imponente. Aveces 200 huevos se usaban en su confección.

En otras ocasiones eran las yemitas o "huevos mollos" (9) los que llamaban nuestra atención y casi siempre para finalizar tan opíparo banquete se brindaba vino, mistelas, una "Princesa de Angulema" o un "Pío Quinto" donde la vista se perdía ante la enorme cantidad de ingredientes que llevaban y los helados hacían bajar los postres con su sabor dulzón y reconfortante.

En los almuerzos no faltaba el verde asada que hoy casi no conocemos porque a nadie se le ocurre brindar. Un cafecito de Piscano (10), el vaso infaltable de "colada" y los panes de yuca quitaban el hambre a cualquier cristiano a la criolla y sin tanto aspaviento como actualmente se hace con insípidas sopitas y bocados en lata.

¡No volverá el tiempo en que las amas de casa a golpe de dos de la tarde zurcían medias con foco o iban a la cocina a preparar el dulce para que estuviera frío a la hora de servirlo.

Y Aún recuerdo lo bien que olía el café tostado y pasado en casa a la antigua; "un tío" conocido mío, tenía la maña de tostar café en grano en una sartén tapada, luego lo sacaba apuradamente y metía en un tarro más de un mes, pegando la tapa con esparadrapo para que no escapara el "bouquet".

(9) También conocidos como "Huevos de Faltriquera".
(10) Entre los productos clásicos de la cuenca del Guayas está el tabaco de vega que se siembra en la región del Daule y el Café de la zona de Piscano en la provincia Los Ríos.
Su gusto consistía en oler de a poquito el aroma cada vez que se le antojaba una taza sin probarlo y así salvar el organismo de los perniciosos efectos que causa su bebida. ¡Qué inteligente!.

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