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EL VOTO
DEL CORONEL VALLEJO
A raíz de la revolución
del 6 de Marzo de 1845 en Guayaquil, el General Flores
abandona la presidencia de la República y emigró
a Europa en obligado destierro. Los principales talentos
del Ecuador se reunieron en Cuenca el día 3
de octubre de ese año bajo la presidencia del
doctor Pablo Merino y Ortega con el objeto de elegir
Presidente de la República y dictar la Cuarta
Constitución que tendríamos en sólo
quince años de vida como nación independiente
y soberana.
Pero pocas veces se había visto tanto odio
como el que despertó esa magna reunión
de “Padres de la Patria" porque cuando
llegó el momento de decidir quién debía
ocupar la silla presidencial los Convencionales no
aunaron criterios. La primera votación celebrada
en la tarde del día 4 de diciembre arrojó
el siguiente resultado: 24 votos para Vicente Ramón
Roca, que había experimentado un repunte como
miembro de la Junta de Gobierno marxista superando
sus antiguas actuaciones como ministro de gobierno
de Flores, 12 para el doctor José Joaquín
de Olmedo, 3 para Diego Noboa Arteta y 1 para José
Modesto Larrea y Jijón firmado por su primo
segundo el doctor José Miguel Carrión
y Valdivieso, ningún candidato había
obtenido los 28 votos necesarios para la elección,
por ser las dos terceras partes que prescribía
la Ley para resultar electo.
Los días siguientes 5, 6 y 7 de diciembre no
arrojaron mayores cambios porque los grupos permanecieron
compactados entre Roca y Olmedo, que sacaban sucesivamente
27 y 14 votos cada uno. Faltábale a Roca uno
solo para ser electo, pero ese voto no venía
y los ánimos se caldeaban.
El día 7 a eso de las 6 de la tarde se retiró
de la sesión el Obispo Carrión, que
se había sumado desde la segunda votación
al partido roquista, por un violento acceso de asma
que le sobrevino; el número de convencionales
bajó a 40, los dos tercios a 27, pero la votación
a favor de Roca disminuyó a 26. Las cosas seguían
iguales o quizá peores.
PROTESTO ROCAFUERTE
Como a las 9 de la noche José
María Caamaño y Arteta, Diputado por
Guayaquil, apoyado por el doctor Vicente Rocafuerte,
que concurría por Pichincha (en esa época
feliz los talentos eran reconocidos en cualquier sitio
de la República) ambos convencionales del grupo
minoritario que apoyaba a Olmedo, en gesto heroico
y para evitarle un seguro triunfo a Roca que ya todos
vislumbraban, pidió que se encargara definitivamente
el Poder al Dr. Pablo Merino y Ortega, Diputado por
Chimborazo y Presidente de la Convención. Dos
roquistas los Dres. Pío Bravo Vallejo y José
Joaquín Malo, solicitaron que se modificara
la moción en el sentido de que el Poder se
le encargaría provisionalmente al Dr. Merino,
hasta tanto la Convención eligiera un sucesor
de Flores, que lo reemplazase constitucionalmente.
El golpe era ganar tiempo mientras se realizaba un
nuevo tanteo en el grupo de diputados Olmedistas,
para ver si se conseguía el voto que faltaba,
lo que efectivamente ocurrió, puesto que a
la siguiente votación Roca alcanzó tos
dos tercios reglamentarios con 27 votos contra 13
de Olmedo. ¡La suerte estaba echada!.
Las barras prorrumpieron en grandes voces de júbilo
cuando se leyó el voto 27 y todo fue una algarabía
infernal, el Presidente de la Asamblea quebró
su martillo de tanto pedir silencio y cuando ya todo
se hubo acallado, se vio que una figura alta y delgada,
admonitiva podríamos decir, se alzaba de su
curul y con acento grave increpó “Protesto
por el triunfo del señor Roca, sigo pensando
que el Dr. Olmedo, gloria de la Patria y de América,
es el llamado al gobierno".
Este Rocafuerte, tan sereno y afrancesado, tan poco
popular entre las barras, que años antes había
pactado con el causante de todos los problemas (Flores)
con tal de escalar la presidencia del Ecuador, causó
una escasa impresión en el auditorio, pero
como el voto "virado" de Olmedo a Roca,
era el del Diputado por Guayaquil, Coronel José
María Vallejo, bravo entre los bravos y hombre
de mucho temple, puesto de pie y mirando fijamente
a Rocafuerte, que permanecía impávido,
díjole:
"Uso la libertad que gozo para expresarle mi
opinión con la sinceridad propia de mi carácter.
Nada temo ni nada espero. Nadie puede enrostrarme
nada (alusión a Rocafuerte y su pacto con Flores);
solo atiendo al grito de mi país que clama
por el bien. No he realizado sacrificios para sostener
caprichos ni anarquizar mi patria. Mas de 80 veces
hemos votado sin conseguir ningún resultado.
No puedo seguir coadyuvando al desorden. Por último,
quien supo en los campos del honor y la guerra libertar
a la República (se refería a sus actuaciones
como militar y prócer de la Independencia ecuatoriana)
sabe ahora defender su honor contra cualquiera. Aquí
está, pues, mi vida, lo único que me
queda sacrificar por la libertad" (1).
El tono con que afirmó las últimas frases
y la forma como empezó a avanzar resueltamente
contra Rocafuerte, hizo que éste, ya achacoso
y enfermo (falleció en 1847, dos años
después, en Lima), se quedará mudo y
pálido, sin saber qué responder ante
la altiva posición de Vallejo a quien, sin
embargo, acusaría luego, de vendido,
Roca resultó electo y todos se fueron a sus
casas el 7 de febrero de 1846, no sin antes haber
aprobado la IV Constitución de la República,
al siguiente día de la elección presidencial,
es decir, el 8 de Diciembre de 1845.
(1) Frase profética ya que en 1865 moría
fusilado por García Moreno en aguas del Golfo
de Guayaquil.
LOS AMARGADOS SE LANZARON
CONTRA ROCA
Entre los Olmedistas que podríamos
calificar de intelectuales y liberales, en contraposición
a los Roquistas, que eran más bien comerciantes,
frailes y conservadores, hubo muchos amargados que
no cesaron en su empeño de desprestigiar a
Vicente Ramón Roca.
Pedro Moncayo, Diputado de Imbabura, dijo que Roca
había conseguido numerosos votos con ofertas
de ministerios, lo que no es verdad porque el único
convencional que llegó a Ministro fue Manuel
Bustamante en la cartera de Hacienda. Los Ministros
del Interior y Guerra y Marina, Dr. José Fernández
- Salvador y Manuel Gómez de la Torre, simplemente
eran amigos de Roca y no concurrieron a la Convención.
Otro antirroquista furibundo fue el joven y pizpireto
Gabriel García Moreno, por esa época
pasante en el estudio profesional del Dr. Ramón
Borja Escorza (profesional de modesta condición
social pero encumbrado por su saber y virtud, liberal
de convicciones y Diputado por Pichincha del grupo
de Olmedo) que inspiró en el joven García
una fuerte emoción cívica por el Cantor
de Junín, cristalizada en Abril de 1846 en
su pasquín "El Zurriago", de minúsculo
formato y pésima impresión, que se repartió
gratuitamente y en total salió cinco veces,
no dejando títere con cabeza ni honra sin mengua,
al punto que del Obispo de Botrén, Monseñor
Carrión dijo: "El juramento en su boca
es como la protesta de una coqueta"; del Presbítero
Andrés Villamagán y Benavides, también
roquista: "Clérigo sabio para los idiotas
e idiota para los sabios, grasicnto, andrajoso y gangoso";
del Presbítero José María Riofrío,
luego Arzobispo de Quito: "Para él la
Patria es un empleo, la felicidad una bolsa llena
y la libertad una renta".
Con tal oposición, el Presidente Roca se vio
precisado a sofocar revueltas sin fin. Un total de
cuarenta y dos durante los cuatro años de su
Presidencia Constitucional. Con el país pobre,
peligrando en lo internacional, con intentos de invasión
y sin embargo ¡cuánto bien hizo!. ¡Cómo
dejó a Ecuador en 1849 cuando pobre, más
pobre que nunca y vilipendiado por todos, bajó
del solio presidencial y regresó a su casa
a seguir trabajando como un comerciante cualquiera!.
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