TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


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CARTAS A MONSIEUR TRINTE
El 7 de Diciembre escribió al Cónsul de Francia en Guayaquil pidiéndole mucha reserva y que se comunicara en forma confidencial, solicitando el protectorado para Ecuador. Dícele que no lo pide a España por estar esa nación en gran decadencia debido a las guerras Carlistas y que lo hacía a Francia para detener el avance arrollador de los pueblos anglosajones sobre América Latina.

El 14 le escribió nuevamente indicando que viajarían a Guayaquil los Triunviros José María Avilés y Manuel Gómez de la Torre, con la secreta consigna, el segundo de ellos, de comunicarse con Trinité personalmente y que iba instruido para el caso; además, comentaba, que el objeto aparente del viaje era una entrevista con el General Franco.

Esta segunda carta fue en extremo reveladora porque García Moreno aparecía de cuerpo entero. Avilés era el cándido que nada sabía y Gómez de la Torre el cómplice en la opereta del viaje a Guayaquil.

Mas, el día 21, fecha de su onomástico, no contento con las dos primeras misivas en español, envío otra en francés, porque temía no haber sido comprendido perfectamente en sus propósitos e insistía en el Protectorado de Francia. En Guayaquil el Cónsul no le dio importancia, se guardó de comunicar al Ministerio de Asuntos Exteriores y el plan del protectorado no prosperó por esos días.

EFECTOS DEL BLOQUEO
Llegando al puerto Aviles y Gómez de la Torre, éste último debió de cumplir su metido. Sobre la entrevista de Gómez de la Torre con Trinité nada se conoce porque el Cónsul murió a los pocos meses, el 19 de Abril de 1860, en Quito, misteriosamente. Por supuesto que Gómez de la Torre se cuidó de guardar el secreto y nada ha dejado escrito, ¿qué conversarían? ¿quizás Trinité se negó a formar parte de las maquinaciones garcianas para envolver a Napoleón III en los asuntos nacionales o bien pudo haberle dado algunas esperanzas?. En fin, dudo que algún día se conozca todo el trasfondo del problema y solo lo sabremos si en París se encuentran nuevos documentos, ya que la parte conocida ha llegado hasta nosotros solamente por la publicación efectuada en Lima por el Conde Lapierre, Secretario de Trinité en Guayaquil.

Mientras tanto Cuenca había autorizado a Franco a pactar un Tratado con Castilla y envió varios delegados entre los que figuraba José Antonio Rodríguez Parra y Nicolás Gómez, que junto a los Generales Guillermo Bodero y José de Villamil, el 2 de diciembre, firmaron una Tregua con el Presidente peruano, como paso previo a la suscripción del Tratado de Paz.

Durante los meses de Diciembre y Enero se reunieron los mediadores en cinco entrevistas y fruto de ellas fue el acuerdo cuyos protocolos suscribieron en Guayaquil el 25 de Enero de 1860, figurando como Jefes de las Delegaciones el doctor Nicolás Estrada Cirio y Manuel Morales, por Guayaquil y Perú, respectivamente y como Secretarios José Antonio Rodríguez Parra y Manuel Nicolás Corpancho en su orden.

EL TRATADO DE MAPASINGUE
La primera crítica que se ha formulado a este acuerdo internacional es que lleva nombre cambiado, porque debe ser de Guayaquil, ciudad en la que se lo firmó como producto de la expedición armada de Mariscal Castilla y el bloqueo Naval del Almirante Mariátegui, en consecuencia fue un tratado viciado por la fuerza y por la circunstancia de estar dividido el Ecuador en varios gobiernos regionales (Quito, Guayaquil y Loja); en Mapasingue no se establecieron derechos territoriales en favor de ninguna de las naciones firmantes, ya que los mediadores guayaquileños, con mucho sentido de previsión, en el Art. VI indicaron, que los límites entre Ecuador y Perú vigentes en 1859 se rectificaran dentro del término de dos años, contados desde la ratificación y canje del Tratado, nombrándose una Comisión Mixta que señalaría los nuevos límites con arreglo a las observaciones que se hicieran a los comprobantes que presentarían las partes. En consecuencia, no cabe que la historia condene el Tratado de Mapasingue como entrega territorial nuestra porque no lo es.

Las personas y los hechos deben ser medidos a través de las circunstancias de sus vidas y en Mapasingue nuestros mediadores trataban de salvar a Guayaquil de una inmediata anexión al Perú, de la que Franco no hubiera sido en ningún caso responsable. Muchos compatriotas habían participado en la aventura militar de Castilla. Se ha comentado la actuación de García Moreno; pero habían otros más, Piedrahita por ejemplo, llegó al puerto en la flota de Castilla y como Franco no aceptó su ofrecimiento de tener al General Flores como aliado suyo, se disgustó y salió con dirección a Quito, donde al fin consiguió su cometido y obtuvo de García Moreno el necesario permiso para que Flores comandara su ejército en calidad de General en Jefe.

Y así como Piedrahita hubo otros comprometidos en este loca y poco escrupulosa aventura de coquetear con el enemigo. Por algo se sentía Castilla con derecho a solicitar a Franco la anexión de Guayaquil al Perú e incluso se refiere que prometía maravillas a nuestro puerto.

—Yo proveeré de agua potable a Guayaquil, haré desecar los pantanos inmundos que la rodean, levantaré fortalezas, tenderé rieles para unirla con Manabí (hasta allá llegaban sus miras de conquistador).

Franco le respondió en esa ocasión: Somos pobres, pero no queremos cambiar nuestra pobreza por la riqueza .... Y le volvió las espaldas.

NUEVA CRITICA HISTORICA SOBRE MAPASINGUE
En Mapasingue la debilidad de nuestra posición de ciudad bloqueada indujo al doctor Estrada a aceptar en principio la validez de la Real Cédula del 15 de Julio de 1802, por la que se segregaba la Gobernación de Mainas en lo militar y eclesiástico al Virreynato de Lima; cédula que nunca fue aplicada en la Audiencia de Quito por aquello de que se la acató pero no cumplió, cosa natural en esos años, en que por las distancias tan grandes se hacía imposible el buen gobierno de estas comarcas desde la metrópoli española.

La nueva investigación, tomando en consideración el lamentable estado político de la época y el inminente peligro de segregación de Guayaquil y consecuente anexión al Perú, juzga los Protocolos de Mapasingue con ojos más benignos que antaño y no fustiga a sus firmantes con la saña empleada por García Moreno, principal culpable de tanta catástrofe.

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