TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


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EL TRATADO DE MAPASINGUE
En septiembre de 1859 el Presidente de la República General Francisco Robles abandonó el país amargado por la conducta de algunos de sus compatriotas. El 18 de ese mismo mes Loja se declaró Estado Federal bajo la Presidencia de Manuel Carrión y Pinzano, Cuenca desconoció a este régimen y plegó a Guayaquil, aceptando como Jefe Supremo al General Guillermo Franco. En Quito García Moreno presidía un Triunvirato revolucionario y el resto de la república estaba dividida entre los gobiernos de Quito y Guayaquil.

La labor de Carrión en Loja fue admirable, impulsó la educación, creó la Corte Superior de Justicia, fundó escuelas y organizó la administración pública junto a su Secretario Querubín de Samaniego.

SITUACION CON PERU
El 29 de septiembre zarpó del Callao el Mariscal Castilla con destino a Paita y Guayaquil.- Venía con una caja militar de 8 millones de pesos oro, 6 barcos, gran cantidad de armamento, municiones y un selecto estado mayor compuesto de militares, civiles y diplomáticos. En Paita lo esperaban García Moreno e Ignacio Noboa Baquerizo en representación del Triunvirato de Quito y el Gobierno de Guayaquil respectivamente, para convencerlo que pactara con sus respectivos grupos políticos. García Moreno se adelantó a Noboa, obtuvo una cita y fue el primero en hablar, diciéndole que la alianza de siete meses que ambos tenían no debía romperse y le pidió la expulsión de Noboa. El Mariscal se negó a cometer este abuso y dio a entender a García Moreno que seguiría viaje a Guayaquil a pactar con Franco. El triunviro se acaloró y gritó:

— "Usted ha faltado a sus promesas y declaro rota la alianza....”

Castilla le respondió: " ¡En hora buena! usted no comprende los deberes de un mandatario, que obligado por las exigencias del puesto tiene que prestar audiencia a todos los que la solicitan ... . "

Desde este momento García Moreno empezó a descorazonarse pero aún así, aceptó acompañar al Mariscal Castilla a Guayaquil y a bordo de una nave capitana se atrevió a lanzar una proclama diciendo que los peruanos venían como amigos al Ecuador; sin embargo se resentía por el mal pago que según él, le había dado el mismo gobernante peruano que meses antes le prometía la presidencia de Ecuador en bandeja de plata.

CASTILLA EN NUESTRA CIUDAD
El 4 de Octubre de 1859 el Mariscal arribó a Guayaquil a bordo del vapor Túmbez y pidió una entrevista a Franco, conferenciando en la nave durante algunas horas. Castilla era mestizo rústico pero inteligente que a toda costa deseaba demostrar su poder a América. En fatuidad nadie la ganaba, gustaba usar ropa de estruendosos colorines, su aparatosa vestimenta era digna de un Mariscal de Napoleón; sin embargo, tenía el sentido común de toda inteligencia despierta y se guiaba más que por ideas, por simples corazonadas. En su conversación con Franco no hubo elevación intelectual pero sí mucho tesón. El guayaquileño, sólo y sin fuerzas, logró rehusar las exigencias del conquistador sureño y al final, luego de algunos minutos de charla, Franco regresó al puerto y Castilla a Paita, a ver a sus tropas, que necesitaba para asustarnos, más de lo que ya estabamos.

El 8 de noviembre la ciudad se despertó con la sorpresa de que Castilla hacía su triunfal entrada en la ría con 15 barcos y 5.000 soldados, dirigiéndose a la boca del Daule, en la zona de Mapasingue donde acampó con el aparato de una corte europea en campaña. Castilla había escogido exactamente el sitio que García Moreno le recomendara meses atrás, cuando eran aliados, como el mejor para situar un ejército contra Guayaquil.

GARCIA MORENO POR EL INTERIOR
Mientras estos luctuosos acontecimientos ensombrecían el panorama nacional. García Moreno llegaba a Riobamba donde la guarnición se sublevó contra el Triunvirato de Quito. Primero le pidieron que renunciara el cargo y como se opuso, lo guardaron en prisión. Esa noche v aprovechando la embriaguez de la tropa, logró liberarse, asumió el mando, hirió al Alférez Santiago Palacios, después juzgó a los revoltosos en juicio verbal, hizo ejecutar a Palacios, perdonó la vida al Teniente Pazos, otro de los implicados y como la Constitución vigente de 1851, prohibía la pena de muerte para delitos políticos como el de Palacios, al conocerse su fusilamiento, fue duramente criticado en el país.

El 11 de Noviembre subió a Mocha con algunos leales y destrozó en el sitio "El Molino" a una columna de 300 hombres que apoyaba a Franco, a los que sorprendió dormidos. Durante la masacre hubo casos como el de Pedro Lizarzaburo, caballero riobambeño, que deseando hacer méritos arrojó lanzadas a destajo y mató a muchos. García Moreno se entusiasmó y le apodó "Pedro el Cruel" en homenaje a esa locura, solazándose con que el aborrecido monarca castellano tuviera en el Ecuador un fiel seguidor a pesar de tantos siglos de distancia. Luego regresó a Quito y allí descansó algunos días.

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