TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


..............................................................................................................................................................................................................

MUELLES Y PLAYAS DE ANTAÑO
Puerto Liza fue utilizado hace siglos por los pescadores de Guayaquil como centro de actividad, de allí su nombre. En la urbe existieron otros muelles y playas para uso mercantil. El de la Merced en Víctor Manuel Rendón y Malecón; el del Pescado en Illingworth y Malecón; el de la Plaza del Sur que aún existe y el de la Capitanía del Puerto, que funcionaba en los bajos del edificio de la familia Garaycoa, al lado de la Aguardientería hasta 1857, año en que el Presidente de la República General Francisco Robles ordenó el traslado de la Capitanía y del Resguardo de Aduanas al nuevo edificio frente a la Gobernación.

El panameño Antonio Pérez solicitó al Cabildo el permiso para utilizar la playa vacía obteniendo privilegio de uso por 50 años. Allí construyó la empresa Antonio Pérez y Cía. un muelle privado, cuyo peaje, a la muerte del citado caballero, pasó a recaudarse a favor de los pobres del puerto.

EL CONCHERO Y LA VIEJA TAHONA
Fueron sitios típicos de antaño. La Tahona, calificada de Vieja porque tenía más de 200 años de construcción, era un edificio grande y espacioso donde moraron familias muy ilustres. Hacia 1800 sus propietarios, los Rocafuerte, la refaccionaron porque amenazaba ruina. En la esquina opuesta había la mejor y más antigua casa del barrio, construida por Severino Franco y Navarrete y heredada por su nieto el General Guillermo Franco Herrera, Jefe Supremo de Guayaquil en 1859-60.

En el río habían numerosas balsas donde vivían maleantes y mujeres de vida airada que celebraban la botadura de una nueva embarcación con velorios de barcos y jaranas sin fin. Son los carpinteros de ribera, de antigua tradición marinera en el puerto y nadie los puede sacar. Otras balsas servían de sitio de reunión y hasta de restaurantes de turismo y no era raro ver caballeros que toman tacitas de café puro con bolón de verde con cuajada o de chicharrón. Las balsas se transformaron en las famosas carretillas del malecón, donde hemos comido los sabrosos secos de gallina y chivo, el chocolate con sal y dulce, las "suelas" o sanduches calientes de mortadela y los aguados de pato y gallina los que ya tenemos más de treinta años, hasta que en 1967 se las desalojó por orden municipal, creo que de mi amigo querido Asaad Bucaram.

EL FORTIN DE SAN CARLOS
El Estero de San Carlos fue rellenado con basura hacia 1880 originando a la actual Avenida Olmedo. Llegaba hasta las cinco esquinas y viraba hacia el noroeste. Cercano a él estuvo el de Carrión, así llamado por uno de sus antiguos vecinos; sin embargo ninguno tan famoso como el de San Carlos porque a su vera existió el Fortín de su nombre, célebre por los combates que en diferentes ocasiones se suscitaron allí. Los almirantes Brown y Guisse fueron derrotados, el primero cayó prisionero y el segundo se retiró herido hasta cerca de la isla Puna donde falleció. Hoy el Fortín de San Carlos ha desaparecido por efecto de nuestra incuria, porque hace aproximadamente 15 años fue reconstruido durante la alcaldía del Dr. Carlos Guevara Moreno, pero después se desmoronó. (3)

IGLESIA Y ANTIGUO CEMENTERIO
Las principales iglesias son: Santo Domingo, la más antigua; La Concepción, quemada en 1896 durante el Incendio Grande, La Merced en el bajo cerca de Ciudad Vieja; San Francisco y San Agustín en Ciudad Nueva, ambas quemadas y esa última reconstruida en su actual sitio hacia 1902 con el nombre de Capilla de la Soledad, San Alejo estuvo siempre en el Barrio del Astillero y San José data de la segunda venida de los jesuitas, en tiempo de García Moreno. La Victoria fue una rústica capillita de caña y recibió su nombre por la Virgen de la Victoria, venerada desde muy antigua data en Guayaquil.

La Matriz tuvo a sus espaldas el cementerio antiguo cuya ubicación corresponde al sector comprendido entre las calles Boyacá y García Aviles y Aguirre y Clemente Bailen, En este sitio descansan las osamentas de muchos de nuestros antepasados mezcladas con pilotes de concreto de los nuevos edificios de la zona. El progreso no respetó su reposo y la historia ha olvidado sus nombres.

VELORIOS Y SEPELIOS
Hasta 1870 era usual enterrar en Iglesias y el Nuevo Cementerio tenía pocos .ocupantes. Los sepelios se realizaban hasta las 7 de la noche, la caja era cargada por individuos contratados que portaban faroles para alumbrar el camino. No se usaban fajas y el duelo era presidido por alguna autoridad amiga o el deudo más cercano o importante, dividiéndose la concurrencia en pelotones de acuerdo a la edad, condición o amistad.

Desde 1890 la caja se llevaba en carrozas tiradas por mulas de propiedad de la empresa de Pompas Fúnebres. A los animales se los adornaba con penachos de luto, compuestos de plumas negras o moradas. El féretro se tomaba con gruesas cintas de rúan, la concurrencia iba en carro y sólo se aceptaban entierros con permiso de la policía.

El deceso de un menor era motivo para que la parentela bebiera en exceso. El niño ha ido al cielo portado por angelitos y esto debía celebrarse. El juego del Golfín, costumbre venida de España, es de ley en esta clase de reuniones y nadie se escandalizaba de su práctica.

(3) Esta crónica fue escrita en 1969.

......................................................................................................................................................................................................
<< 1 2 Anterior