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“EL
DICTADOR QUERIA MORIR”
El García Moreno asesinado
en la Plaza principal de Quito en la tarde del fatídico
6 de Agosto de 1875, con sólo 53 años
de edad, no era el intrépido político
que había asumido las riendas del poder quince
años antes. Los días de su presidencia
lo habían tornado sombrío y enfermo,
tosía con demasiada frecuencia, sufría
de calenturas, temía a las gripes y se abrigaba
con todo lo que podía antes de salir a las
calles. Su cabello blanco y escaso, en todo su ser
se notaba cansancio, le faltaba vitalidad, estaba
pesimista y rodeado de políticos que deseaban
su muerte para poder gobernar.
Varias veces habían tratado de asesinarlo y
el que dirigía tales maniobras era un cortés
y pulido caballero de la aristocracia quiteña,
el doctor Manuel Polanco y Carrión. Dos meses
atrás, el día 30 de Mayo, quiso atentar
contra su vida cuando concurría a la Universidad
Central a realizar los solemnes festivales poéticos
programados en honor de la Virgen. El 25 de Julio
se repitió la asechanza en la verbena de distribución
anual de premios que organizaron los Jesuitas en el
Colegio San Gabriel. Días antes, el 2 de Junio
y con motivo de su viaje a Santo Domingo, a inspeccionar
las obras del camino, recibió algunos disparos
que pasaron muy cerca de su cuerpo y por último,
en las postrimerías de Julio, se le quiso arrebatar
la vida cuando salía de la casa de su amiga
la señora Ana Gortaire de Carvajal, en plena
luz del día y justo en el centro de la ciudad.
Por eso la abulia le consumía, el hastío
le devoraba y hasta temía la muerte por el
recuerdo -fresco aún- del sepelio de su hijita,
realizado a principios de aquel sombrío año
de 1875.
AVISOS Y PREMONICIONES
García Moreno conoció
todas esas tentativas y por eso manifestó a
Pío IX en carta de 17 de Julio, que era una
fortuna para él ser aborrecido y calumniado
por causa del Divino Redentor y que sería una
inmensa felicidad si la bendición del Papa
le alcanzara del cielo derramar su sangre por Cristo.
En Quito rumoraban su próximo fin; pero, el
Presidente, nada hacía para detener las conspiraciones
que se armaban a sus espaldas.
Amigos como el doctor Vicente Piedrahita Carbo, Ministro
Plenipotenciario de Ecuador en Lima, desde el Perú
le advertían que en la capital del Rimac circulan
rumores sobre su próximo fin y le amonestaban
para que tomara precauciones, pero todo era en vano;
García Moreno parecía que deseaba morir,
obsesionado por imitar a Cristo -si no en vida por
lo menos en muerte- y por eso nada hizo. El 17 de
Marzo había escrito una carta a los hermanos
Aguirre en la que menciona sólo de paso que
había llegado a su conocimiento que un judío
llamado Mejet, que ha afrancesado su apellido transformándolo
en Meyer, por consejos del General José María
Urbina trataba de conseguir armas en Europa para utilizarlas
en contra del régimen. El citado agente parecía
que era un hombre de peligro porque conocía
el terreno de los acontecimientos, había vivido
en Lima y en Guayaquil y hablaba correctamente el
español.
Igualmente en carta del 3 de julio mencionaba al Gobernador
de Los Ríos que sus enemigos se preparaban
para algo y pronto.
Pero no solo él presentía las conspiraciones
que se estaban armando en Quito sino que esta idea
llegaba al público en forma por demás
curiosa. Lígdano de Larrea y Vela se llamaba
un caballero muy enfermo que pertenecía a la
aristocracia de la época. Era epiléptico
y anormal, en la capital pasaba como idiota. En varias
ocasiones frecuentaba la talabartería de propiedad
de Faustino Leirus Rayo, situada a pocas cuadras del
palacio presidencial. Allí se reunían
los conspiradores contra García Moreno a planear
el crimen y como Larrea era tomado por demente no
se cuidaban de él y argumentaban sobre el tema
en su presencia. Pero el epiléptico no era
lo que parecía a primera vista y una mañana,
en pleno ataque de locura, subió al techo de
una de las más céntricas moradas capitalinas
y entre aullidos lastimeros, imprecaciones y gritos
dijo lo siguiente: "Díganle al Presidente
que lo asesinarán". Poco después
le bajaban y fue internado en casa de su suegro el
guayaquileño José María Pareja
y Arteta, ciego que andaba del brazo de un lazarillo
cuando salía a la calle.
Y ni la esposa de García Moreno, la joven y
hermosa Mariana de Alcázar Ascázubi,
escapaba de la tragedia; por varias ocasiones había
recibido avisos anónimos que la prevenían
e incitaban a actuar en defensa de la vida de su marido.
LAS TRES CONSPIRACIONES
La primera proviene de Faustino Lemus
Rayo, colombiano de origen, de los muchos que vivían
en Ecuador después de las guerras de la independencia,
aunque Rayo había sido contratado como mercenario
en 1860 por Rafael Carvajal. Era compadre de García
Moreno y parece que su buen amigo. Algunos historiadores
han mencionado que Rayo por esos días estaba
profundamente resentido con el Presidente por haberlo
destituido de un cargo administrativo conferido en
las regiones del Napo. Una escritora capitalina asegura
que el odio de Rayo contra García Moreno se
había iniciado cuando comprobó que lo
traicionaba con su mujer aprovechando su ausencia
en el Oriente. En fin, todavía no existe igualdad
de opiniones al respecto, sabiéndose únicamente
que Rayo odiaba a su antiguo amigo con todo el furor
de su vengativo corazón. Como dato curioso
anotamos que el mismo día del crimen, por la
mañana, García Moreno se había
encontrado en mitad de una calle con Rayo y éste
le había llevado a sus habitaciones privadas
para enseñarle una silla de montar de cuero
repujado, muy fina, que acababa de comprar. Rayo era
talabartero de profesión y se especializaba
en fabricar las conocidas con el nombre de "Galápagos"
por la forma que se les daba. ¿Por qué
no lo ultimó allí mismo, aprovechando
la ocasión que se presentaba tan propicia?
Posiblemente porque esperaba que el Batallón
Primero de Artillería, situado a pocas cuadras
de la Plaza principal de Quito, se insurrecionara
al conocer el crimen, que debía realizarse
conforme estaba planeado, por la tarde y a la luz
pública.
La segunda conspiración venía de un
grupo de jóvenes que querían matarlo
inducidos por los escritos de la esbelta pluma de
Juan Montalvo. Estos eran: el doctor Manuel Polanco
Carrión, Abelardo Moncayo, Manuel Cornejo y
Astorgas, Manuel María Bueno y Roberto Andrade.
Demás está decir que los nóveles
conspiradores contaban para la realización
de su "acto patriótico" con la presencia
del más decidido de todos, el único
capaz de ejecutar un crímen: Faustino Lemus
Rayo.
Pero hubo una tercera conspiración, la del
silencio, la peor de todas por ser la más fuerte
y la menos conocida, la que coordinó a los
actores del drama que culminó con el asesinato
de García Moreno. Fue planeada minuciosamente
en todos sus detalles con íntima conciencia
de que acarrearía beneficios materiales a los
complotados. El eje de ella era el Ministro de Guerra
y Marina de García Moreno y su amigo de confianza,
General Francisco Xavier Salazar y contábase
con la actuación por omisión del Ministro
del Interior, doctor Francisco Xavier León,
aunque no se sabe si ambos o uno solo de ellos utilizaba
a Francisco Sánchez, personaje misterioso que
reunió a Rayo y a los jóvenes liberales
y los indujo al crímen. El pretexto fue que
el Batallón Primero de Artillería plegaría
al movimiento convirtiendo a los asesinos en héroes
y a los complotados en próceres.
DETALLES DEL CRIMEN
El acto final del drama se realizó
en las primeras horas de la tarde del viernes 6 de
Agosto de 1875. Gabriel García Moreno fue ultimado
sin misericordia alguna a machetazos y tiros de revólver
y su cuerpo fue aventado hacia el pavimento de la
plaza desde una altura mayor a los dos metros, donde
le siguió macheteando la diestra del colombiano
Rayo. Así, traicionado por todos, solo y sin
ayuda alguna, murió en su ley, a sangre y fuego,
como había vivido los últimos quince
años.
De testimonios recogidos con posterioridad al hecho
se llega al conocimiento de que el Coronel Fidel López
Arteta, Jefe del Batallón Primero de Artillería,
comprometido para respaldar la acción, nada
hizo por auxiliar al Presidente caído que estaba
siendo asesinado; por el contrario, permaneció
en las puertas de dicho Cuartel, imperturbable, los
cinco largos minutos que duró la carnicería,
oyendo y viendo el ataque, los disparos, machetazos,
imprecaciones, juramentos, carreras y sacudidas que
se sucedían a tan corta distancia.
Por último y no pudiendo esperar más
por el "qué dirá de la gente",
mandó a seis soldados para que "salgan
a ver que pasaba",' luego tomó a un moreno
de oficio Corneta del Batallón, llamado Manuel
López, al que dio un fusil y ordenó
que lo cargara y siguiera "a los de adelante"
refiriéndose a los seis primeros.
Así terminó sus días el Séptimo
Presidente Constitucional de la República del
Ecuador, doctor Gabriel García Moreno, cuando
se disponía a asumir el poder por tercera vez,
prácticamente en calidad de Presidente vitalicio.
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