TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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DON IGNACIO DE LA CUCHILLA
El 7 de Mayo de 1829 se bautizó en la Capilla Mayor del Sagrario de Quito un niño de pocos días de nacido, hijo del matrimonio del doctor Ignacio de Veintemilla Arteta y de Josefa Ascázubi y Villacís. El joven Ignacio, llamado así en honor a su papá, llegará a ocupar la presidencia de la República y será recordado por sus excesos. Por lo pronto creció en un cómodo hogar donde campeaba el buen gusto y la ilustración, lo que no se opuso a que Ignacio fuere el estudiante más ocioso de clase y a tal punto llegó su adverción al estudio, que el padre al fin lo retiró del colegio, casi sin saber leer ni escribir, dirían después sus enemigos. De inmediato entró en la carrera de las armas, 1846, en tiempos del Presidente Roca y fue en los cuarteles donde se halló a gusto. Allí podía jugar a los naipes, decir palabrotas y ejercitar el físico. Era alto, fornido y de gran simpatía personal, a todos conquistaba con su sonrisa cordial, pronto le llegaron los ascensos.

PRIMERAS AVENTURAS
En esta época pasaba por liberal y antifloreano y contrajo matrimonio con Joaquina Tinajero llona, teniendo tres hijos que murieron impúberes. Poco después quedó viudo y tomó partido con García Moreno, que se había levantado en armas contra el gobierno constitucional del General Francisco Robles; intervino en la batalla de Tumbuco y hasta le prestó su caballo para que huyera ante el avance de las fuerzas leales que comandaba Urbina. (1)

En 1860 y ya en el poder, García Moreno le premió con el nombramiento de Jefe de la Artillería de Quito. Rosa Ascázubi Matheu, mujer de García Moreno, era prima hermana de Josefa Ascázubi Villacís.

(1) Hay autores que opinan que solo fue una mula.
madre de Veintemilla, por lo que entre ambos existía confianza y cariño y cuando García Moreno estuvo de Diputado de oposición en 1857 y 58 se hizo cuidar de Veintemilla, por entonces fuera del ejército, que actuó como su guardaespaldas.

UNAS AMARRAS MUY SUAVES
En 1864 y durante la revolución del General Maldonado, García Moreno ordenó a Veintemilla que apenas escuchara un tiro, amarre con sogas a los numerosos presos políticos encerrados en el cuartel a su mando, para impedirles la fuga. Esa noche los detenidos vieron entrar en la prisión varias cestas cuidadosamente envueltas y a poco les visitó Veintemilla que dijo: "Habéis oído la orden del presidente . . . Voy a cumplirla"... Descubriendo las canasta que en lugar de contener cadenas de hierro estaban llenas de suculentas golosinas y finos licores europeos que todos consumieron a discreción. Veintemilla fue el héroe de la jornada cuando exclamó: "Así es como un caballero amarra a otros en prisión". . . Con tan jovial camaradería consiguió numerosos partidarios que le sirvieron en el futuro.

Cristóbal Gangotena refería que en 1877 y ya de Jefe Supremo de la República, Veintemilla dispuso la prisión de su tío Cristóbal Jijón —mozo de no más de 25 abriles— con orden terminante de destierro a Europa. Grande fue la conmoción familiar y numerosas las rogativas del viejo Manuel Jijón para salvar a su hijo; mas, el temido Jefe Supremo no cedía y la orden se cumplió viajando el muchacho a París. Sin embargo la tarde anterior su hermana Dolores fue al cuartel a visitarle y cual no sería su sorpresa al pillar infraganti al detenido, abrazado con el General Veintemilla, en franca risotadas por la azotea. La pobre dama no supo qué pensar, primero creyó que se habían reconciliado los enemigos y pronto se enteró por boca de ellos, que todo había sido un embuste para arrancarle unos cuantos miles de pesos al roñoso de Don Manuel, que no quería financiar el anhelado viaje de su hijo y como lo que no resulta por las buenas a veces ocurre por las malas, el buenazo de Veintemilla se prestó al juego para que su amigo Cristóbal Jijón saliera del país aunque fuere como desterrado, pero con la plata del papá en el bolsillo, para gastarla en París.

LA REACCION LIBERAL DE 1869
En 1867 y durante la presidencia de Jerónimo Carrión, logró Veintemilla el generalato y ocupó por algunos meses el Ministerio de Guerra y Marina. García Moreno destituyó a Carrión y lo reemplazó con el doctor Javier Espinosa al que también sacó del mando con el audaz golpe revolucionario de 1869.

Entonces el país se pronunció contra tan insaciable tirano que no permitía a ningún compatriota el desempeño de la presidencia de la República y en pocos meses ocurrieron tres revoluciones acaudilladas por José Veintemilla, Diego Pimentel y Manuel Ignacio Aguilar, en Guayaquil, Quito y Cuenca respectivamente, que fracasaron después de sangrientos sucesos, muriendo en la primera el General José Veintemilla, hermano de Ignacio y padre de la no menos famosa Marietta, después conocida por sus soldados oriundos del Carchi, cerca del río Mayasquer, con e1 nombre de "La Mayasquerita", por su audacia, valor y belleza sin par.

Este hecho colocó a Ignacio de Veintemilla en la lista de sospechosos que fueron deportados del país y desde 1869 hasta 1876 permaneció en la mayor pobreza en París, viviendo a pellizcos de lo que sus amigos le daban y de lo que buenamente obtenía de algunas damas.

NUEVAS CORRERIAS
El destierro le abrió las puertas de la opinión pública que lo acogió favorablemente a su regreso. En Francia había hecho amistad con Juan Montalvo, Clemente Ballen, Leonidas Yerovi, José Vélez y otros más. En Quito sus hermanas tenían buenas relaciones y fama de virtuosas y el recuerdo de la muerte del apreciado General José Veintemilla aún subsistía; por ello, el Presidente de la República le nombró Comandante General de la plaza de Guayaquil, sin prever que pocos meses después Veintemilla se declararía Jefe Supremo del Ecuador, iniciándose como liberal convencido al amparo de Pedro Carbo, a quien nombró Ministro General. Los quiteños, que sabían que Carbo era de temperamento beatífico y muy dado a las soluciones pacíficas y diplomáticas, que había sido Secretario de Rocafuerte en México y luego Diplomático en Colombia, le apodaron enseguida: "El hombre sin hiel", y en efecto, el gran estadista guayaquileño era de genio pacífico y tranquilo por lo que al morir, el doctor César Borja Lavayen dijo en el cementerio: "Rara virtud la de este cadáver, congregar a todo un pueblo en torno suyo", refiriéndose a las enormes simpatías que dejaba Carbo en su ciudad.

Otro colaborador de Veintemilla fue el General Urbina, que aunque anciano continuaba siendo el mismo activista de siempre, moviéndose por todos los rincones de la administración, poniendo orden y energía.

Poco después los liberales se retiraron del gobierno porque Veintemilla no respondió a los anhelos de reforma que ellos deseaban y cuando en 1882 se declaró presidente - dictador oyendo los consejos del doctor Pedro José Cevallos, el partido de las luces fue el primero que reaccionó encendiendo la chispa de la insurgencia en Esmeraldas Manuel Antonio Franco y Clemente Concha Torres; en Latacunga José María Sarasti, y en Tulcán Landázuri el empecinado; caudillos que terminaron por derrocarle en la magna gesta de la Restauración.

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